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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

El aire en la caverna subterránea no solo vibraba; ardía con una presión tan brutal que sentí los alvéolos de mis pulmones quejarse a cada inhalación.

El ojo monumental de Vaelgoth no parpadeaba. Su pupila vertical, una hendidura de fuego líquido bordeada por escamas de obsidiana del tamaño de escudos de guerra, estaba fija en mí. Podía ver mi propio reflejo diminuto en aquel abismo dorado: una mujer de cabellos revueltos por el viento de azufre, vestida de cuero y pieles, con la mano izquierda chorreando una sangre espesa y purpúrea sobre el metal fundido de la primera cadena sagrada.

—¿Quién... despierta... mi descanso de trescientos inviernos?

La voz no entró por mis oídos. Retumbó directamente en el interior de mi cráneo con la fuerza demoledora de un ariete golpeando una puerta de bronce. El impacto mental fue tan violento que mis sienes latieron con un dolor punzante y un hilo fino de sangre tibia me resbaló desde la fosa nasal hasta la comisura de los labios.

Di un traspié hacia atrás, sintiendo que mis rodillas amenazaban con traicionarme sobre la piedra húmeda del borde de la fosa. Antes de que pudiera caer, un brazo firme y duro como una barra de hierro me rodeó la cintura por detrás, pegando mi espalda contra el pecho macizo de Aleixandre Bondhe. El contacto con su cuerpo fue como chocar contra una forja encendida. No intentó apartarme del precipicio; me sostuvo allí, erguida, obligándome a encarar la mirada del titán.

—No bajes los ojos, Eleanor —su voz sonó ronca y áspera junto a mi oreja—. Los dragones de obsidiana no obedecen a las súplicas de los corderos. Si muestras el menor atisbo de duda, Vaelgoth devorará tu consciencia. Háblale con la misma soberbia con la que escupiste la corona de Aedric.

Inspiré hondo, tragándome el sabor a cobre y ceniza. Apreté los dientes con tanta fuerza que el dolor físico me devolvió la claridad.

«No soy una súplica, bestia», respondí en el silencio de mi mente, proyectando mi voluntad con toda la furia acumulada de diez años de tortura y desprecio. «Soy Eleanor Fiargod. La última reina de las brujas de sangre que caminará sobre este continente. Y he venido a darte dos opciones: continuar pudriéndote bajo las cadenas de los sacerdotes que masacraron a tu especie, o levantarte a mi lado y quemar el imperio de la luz hasta que sus palacios no sean más que escombros negros».

Un silencio sepulcral se apoderó del vínculo mental. El ojo del dragón permaneció inmóvil, escrutando cada rincón de mi alma. Vaelgoth no buscaba nobleza; buscaba el abismo. Buscaba la misma podredumbre que lo había mantenido cautivo, y en mi memoria encontró exactamente lo que deseaba: el recuerdo de la cuerda en mi cuello y la risa de Aedric.

Un murmullo gutural, profundo como el quejido de la tierra abriéndose, vibró en las paredes de la gruta.

—Tu dolor... es antiguo, pequeña bruja. Tu odio no tiene fondo. Pero una sola gota de sangre no romperá los seis eslabones restantes. Las cadenas del sol fueron selladas con la fe de los hombres. Para reclamar mi vuelo, la sangre del dragón y la sangre de la bruja deben sellar su alianza sobre mi propia piel.

Vaelgoth exhaló una columna de vapor sobrecalentado. Aleixandre soltó mi cintura, pero no para retroceder. Avanzó medio paso, colocándose a mi lado. Desenvainó su daga y, sin apartar sus ojos carmesí de las pupilas de la bestia, colocó la hoja sobre su propia palma derecha.

Tiró del metal con un movimiento rápido. Su sangre brotó: un torrente escarlata brillante, denso y cargado de chispas azuladas que centelleaban con la magia del hielo boreal.

—El pacto de la tríada ancestral —dijo Aleixandre en voz alta—. La fuerza de los Bondhe para sostener el invierno. El fuego de las Fiargod para consumir a los falsos dioses. Y las fauces de Vaelgoth para devorar a los traidores.

Giró el rostro hacia mí. Sus ojos estaban encendidos por una mezcla electrizante de deseo y poder. Extendió su mano ensangrentada hacia la mía.

—Dame tu mano, Eleanor. Sellemos el juramento antes de que los inquisidores lleguen a reclamar tu cabeza.

No dudé. Levanté mi mano izquierda, donde mi propia sangre negra continuaba brotando, y la estampé contra la palma de Aleixandre. Nuestras carnes se unieron en un choque ardiente. Una ráfaga de fuego negro y relámpagos azulados envolvió nuestros brazos en un torbellino de energía primordial. Sentí la fuerza salvaje de Aleixandre inundar mis venas, un torrente indomable que equilibró el reflujo mágico que amenazaba con consumirme.

Aleixandre apretó sus dedos sobre los míos, acercándose tanto que pude ver las motas de oro danzando en sus pupilas dilatadas.

—¿Sientes eso? —susurró—. Es la caída de un imperio, Eleanor. Y nosotros sostendremos la antorcha.

Juntos, manteniendo nuestras manos selladas, extendimos los brazos hacia el vacío de la fosa y dejamos que el torrente combinado de nuestra magia goteara sobre el hocico de Vaelgoth. En cuanto las gotas tocaron sus escamas, una explosión de luz violeta cegó la estancia.

¡CRACK! ¡CRACK! ¡CRACK!

Tres de las seis cadenas restantes se quebraron simultáneamente. Los eslabones se desintegraron en una lluvia de esquirlas humeantes. El dragón alzó sus alas gigantescas, sacudiendo la montaña entera con un aleteo formidable. Aún permanecía atado por tres cadenas en sus patas traseras, pero su cabeza y torso estaban libres. Sus fauces se alzaron hacia nosotros, deteniéndose a escasos metros del borde.

—El pacto está forjado, señores de las cenizas —resonó el pensamiento de Vaelgoth—. Cuando la luna se tiña de sangre sobre las murallas del sur... romperán las últimas ataduras, y mis llamas consumirán a los hombres de la mentira.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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