Candelaria Echeverría nunca imaginó que un embarazo que no logra explicar, una familia que le da la espalda y un hombre al que apenas comprende terminarían convirtiendo su vida en un escándalo.
León Salvatierra sabe lo que es estar en la cima y perderlo todo. Lo que no esperaba era terminar casado con una mujer que preferiría verlo arder antes que compartir su apellido.
Ella quiere el divorcio. Él asegura que nunca tuvo una verdadera oportunidad de ser su marido.
Pero el juez tiene otros planes: un año más de matrimonio bajo condiciones que no admiten escapatoria. Una sola habitación, una sola cama y una convivencia real antes de decidir su futuro.
Doce meses para descubrir si están condenados a odiarse o si su matrimonio esconde algo que ninguno se atreve a admitir.
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COMPRAS AGOTADORAS
...CANDELARIA ECHEVERRÍA...
He intentado recordar las dos noches que no puedo explicar. Siempre llego al mismo punto, en el que todo se queda en blanco.
La noche en la que perdí la virginidad, sé que bebí demasiado, teniendo en cuenta que no acostumbraba hacerlo.
Lo único que recuerdo es haber recibido un beso en la oscuridad de lo que supongo que fue la habitación donde todo ocurrió, por parte de unos labios con sabor a una bebida fuerte. Nada más. Eso lo soñé, tal vez porque es un pequeño fragmento que mi mente se negó a borrar, aunque no estoy completamente segura.
Tal vez debí mirar a la persona que dormía conmigo, pero entré en pánico y es algo que lamento profundamente. En aquella situación no estaba pensando correctamente.
La segunda noche es la que no puedo recordar. Simplemente, no hay nada, ni una mínima cosa. Bebí menos, bailé y después solo desperté vestida en una habitación, con la peor resaca que podría haber tenido, una que duró más de un día. No sé cómo es posible.
Después de eso no hay nada. Continué con mi rutina en cuanto me recuperé de la resaca y, más tarde, acabé embarazada.
Mientras más avanza el tiempo, más intento encontrar una explicación que no aparece. Había demasiada gente en la fiesta que cambió mi vida y sería humillante preguntarle a cada persona que estuvo allí si se acostó conmigo.
Volví a estudiar, intenté concentrarme en los libros y en las clases virtuales y, aunque lo hacía, no dejaba de pensar en la nueva situación que me estaba tocando vivir.
Pero llegó el momento de hacer lo inimaginable con León: ir a comprar las cosas del bebé.
Él no sabía qué comprar y yo tampoco tenía muchas ideas, así que acabamos perdidos en una tienda enorme que ofrecía demasiadas opciones.
Una vendedora de más de cuarenta años nos aconsejó y la cesta que llevaba León en las manos acabó llena en pocos minutos. Después buscó otra que corrió con la misma suerte.
Al salir de allí, yo me sentía exhausta y él todavía repasaba mentalmente lo que podría haber faltado.
--Tenemos planes para toda la semana, Candelaria-- lo miré sin entender
--¿Cuáles?
--Nos falta la cuna, el cochecito, tus cosas...--- dejé caer la cabeza contra el asiento, abrumada
--No tenemos ni los pañales, Candelaria
--Pero tenemos tiempo-- dije, consternada
--Tenemos todo este mes para resolverlo-- me dijo
--Queda más tiempo-- señalé lo que me pareció obvio
--¿Y si es sietemesino? Deberías considerar las peores posibilidades y no esperar hasta el último momento
--No lo había pensado. ¿Cuándo fue que aprendiste sobre embarazos?
--Leí la revista que trajo Valeria.-- carraspeó nervioso-- Tenía muchas cosas interesantes
--La había olvidado. Voy a leerla-- le aseguré
León no dijo nada. Solamente pareció un poco incómodo. Quizás se debía al dinero que había gastado.
--Cuando esté trabajando, voy a devolverte lo que gastaste-- le dije para aliviar su preocupación económica
--No espero que hagas eso. Soy tu esposo y seré el padre del niño. No estoy haciendo nada que no sea mi responsabilidad
--Considero que no es justo para ti
--No pienses en eso ahora
Volvimos al apartamento y empecé a ordenar las cosas que habíamos elegido. No sabía qué tan costoso podía ser traer un hijo al mundo ni lo agotador que podía resultar.
Tal vez no me había dado cuenta de lo difícil que comenzaban a volverse las tareas más simples. Antes me agachaba sin problema y permanecía así durante varios minutos sin siquiera tener que preocuparme por levantarme, pero, después de haber pasado los seis meses de embarazo, debía ayudarme de un mueble para incorporarme.
León me observó en silencio sin que lo notara.
--Podría haberte ayudado. Solamente tenías que pedírmelo-- casi me caí del susto
--En algún momento acabarás provocándome un infarto o, al menos, un bajón de tensión
--Perdón por eso. Vine a avisarte que ya está lista la comida
Salió de la habitación sin decir nada más.
Después de la cena, recordé la revista de Valeria y se la pedí. El título ya me impactó porque mencionaba lo que ocasionaban las hormonas durante el embarazo. No se detenía en los cambios físicos mes a mes, sino que también hacía referencia a la sensibilidad y al aumento del deseo sexual.
--¿Leíste todo esto?-- le pregunté, señalando la revista completa
--Cada página. Soy un aficionado de la literatura
--No todo lo que dice es cierto-- me defendí, únicamente por vergüenza
--No dije que lo fuera ni hice preguntas al respecto-- aseguró
--No me sorprende que Valeria haya comprado algo como esto
--A mí muchísimo menos. Valeria es bastante abierta con muchos temas
--No hace falta que me lo digas. Soy su amiga y he escuchado muchas historias
--Como la de la primera vez. Me llamó para contármelo. Incluso le había dicho que no le convenía tomar esa decisión-- lo miré con sorpresa
Yo ya conocía esa historia. Valeria me la había repetido varias veces durante el mes en el que ocurrió. Primero me lo había contado con emoción y desconcierto, pero después habían llegado las dudas y, más tarde, el arrepentimiento.
--No puedo creer que te lo dijera
--Valeria siempre me contó sus cosas. Antes de la muerte de mis padres lo hacía y después, mucho más-- explicó
--Espero que no te haya dicho todo lo que le he contado-- lo miré a los ojos
--No. Se vio obligada a decirme lo de tu embarazo porque vi gastos médicos en la tarjeta que le entregué para emergencias y me preocupé de que pudiera estar enferma
Suspiré. Eso no lo sabía.
--Eso explica por qué te enteraste de mi estado. Mi deuda acaba de crecer-- me pasé las manos por el rostro
--No te estoy cobrando nada, Candelaria. Hicimos un acuerdo y yo estoy cumpliendo con lo que corresponde, acorde al papel que dije que tenía en tu vida. Nada más que eso
Cuando fui a dormir, tenía la cabeza repleta de preguntas y, aunque muchas cosas encajaban, no conseguía dejar de pensar en que había perdido mi independencia económica. Aunque él no mencionara todos los gastos que había asumido, yo tenía una deuda que debía considerar pagar, aunque fuera en cómodas cuotas, cuando estuviera trabajando.
y todavía tiene el descaro de culpar a León
espero que ahora que sabe por lo menos una disculpa a un León ya dejó claro que entiende su actitud de ella