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Entre Sombras.

Entre Sombras.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: K-la.escrit.

Alexia es una chica pobre y Milton es el famoso matón escolar. A cambio de pagar su matrícula escolar Milton le pide clases particulares. Qué podría terminar pasando entre ellos?

La novela ya está finalizada.

NovelToon tiene autorización de K-la.escrit. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Cuando Alexia llegó al aula en la primera hora de clases, el asiento a su lado —habitualmente vacío porque nadie se atrevía a sentarse junto a la becada— estaba ocupado por una bolsa de papel kraft con el logotipo de la pastelería más exclusiva de la ciudad. Junto a ella reposaba un termo de diseño y una botella de cristal con un jugo exótico.

Alexia parpadeó, desconcertada, mientras tomaba asiento. Antes de que pudiera preguntar nada, la puerta del salón se abrió y Milton hizo su aparición. Vestido con su habitual cazadora de cuero oscuro y una expresión de absoluta soberanía, caminó directamente hacia el fondo del aula. Ignoró las miradas de reojo de sus compañeros de clase, los susurros de las chicas populares y las advertencias silenciosas del profesor que entraba pisándole los talones.

Milton no se sentó en su pupitre habitual al otro lado de la habitación. Arrastró una silla y se instaló justo detrás de Alexia, como una sombra silenciosa, protectora e imponente que custodiaba su espalda.

—¿Qué estás haciendo? —le susurró Alexia por lo bajo, volviendo ligeramente el rostro hacia atrás, sintiendo el calor de su presencia abrumándola por completo.

—Desayunar —respondió Milton con naturalidad, abriendo la bolsa para dejar al descubierto una selección impecable de bollería francesa recién horneada que desprendía un aroma a mantequilla y almendras—. Come. Tienesjerarquía de ojerosa desde anoche. Y no pienso permitir que te desmayes en medio de la clase.

—Milton, todo el mundo nos está mirando —protestó ella, sintiendo que las mejillas se le teñían de rojo mientras percibía los cuchicheos a su alza en las filas delanteras.

—Que miren —replicó él, su voz baja y firme, con ese matiz dominante que no admitía réplicas—. Así sabrán de una vez por todas a quién pertenece este espacio.

Alexia se sentía abrumada. Por un lado, el miedo a las represalias sociales por parte del círculo de Milton la paralizaba; por el otro, la cálida sensación de que alguien, por primera vez en su vida, se plantaba frente al mundo para escudarla era una droga dulce y peligrosa. Durante toda la mañana, Milton no se apartó de su lado. En los cambios de clase, caminaba medio paso detrás de ella, su imponente estatura ahuyentando cualquier intento de acercamiento de las abusonas del baño, que ahora ni siquiera se atrevían a cruzar su mirada. Era una jaula de oro construida con la protección intransigente de un chico que parecía decidido a devorarla o a salvarla.

El verdadero desafío llegó el fin de semana.

El gimnasio privado de la mansión Vance era un espacio sobrio, equipado con sacos de boxeo de cuero negro, pesas profesionales y un suelo de caucho oscuro que amortiguaba cada pisada. La luz cenital filtrada por los ventanales altos bañaba el lugar con una claridad fría.

Alexia llevaba unos leggings negros y una camiseta de algodón ajustada que le permitía moverse con libertad, aunque se sentía terriblemente vulnerable bajo la mirada analítica de Milton. Él ya se había quitado la chaqueta, quedando con una camiseta negra sin mangas que dejaba al descubierto sus brazos musculosos y la tensión en sus hombros.

—Muy bien —dijo Milton, ajustándose un par de guantes de boxeo acolchados en las manos con un sonido sordo—. Hoy empezamos. Golpéame.

Alexia dio un paso atrás, negando con la cabeza de inmediato.

—Estás loco, Milton. No voy a golpearte.

—Hazlo —insistió él, dando un paso al frente para acortar la distancia. Su altura y su complexión hacían que ella pareciera aún más frágil frente a él—. Imagina que soy cualquiera de las personas que te ha pisoteado. Imagina al profesor que te humilló, a las chicas del baño, a mis propios padres. Golpéame con todo lo que tengas.

—No puedo —suplicó ella, con la voz quebrada—. No tengo esa clase de ira dentro de mí. Soy incapaz de hacer daño a nadie.

Milton frunció el ceño. La paciencia, evidente en su postura, comenzó a fracturarse, reemplazada por esa faceta intensa y oscura que Alexia ya conocía demasiado bien. Decidió que los métodos suaves no servirían con alguien que se había acostumbrado tanto a recibir golpes en silencio.

—¿Incapaz? —se burló él, dando un paso más, invadiendo su espacio con una actitud deliberadamente provocadora—. O tal vez es que eres débil. Sí, eso es. Eres una cobarde, Alexia. Una niña patética que prefiere agachar la cabeza y tragar veneno antes de ensuciarse las manos. ¿De verdad crees que con esa vocecita lastimera vas a sobrevivir ahí fuera? Vives en la miseria, arrastrándote por las esquinas con ropa prestada, y ni siquiera tienes el valor de defender lo poco que te queda de dignidad. Eres una causa perdida.

Las palabras cayeron sobre Alexia como cubos de agua helada, pero el frío duró apenas una fracción de segundo antes de transformarse en un calor abrasador. El pecho de la chica se contrajo violentamente. Una furia ciega, primaria y desconocida, comenzó a bullir desde lo más profundo de su estómago, ascendiendo por su garganta como lava volcánica.

—Cállate —susurró ella, los ojos verdes destellando con un brillo salvaje que Milton nunca antes había visto.

—Demuéstrame que estoy equivocado —retó él, inclinándose ligeramente hacia adelante con una sonrisa desafiante—. Golpéame, cobarde.

Fue la chispa que encendió el polvorín. Un grito ahogado brotó de la garganta de Alexia. Impulsada por una ira ciega que había acumulado durante años de silencios y humillaciones, lanzó el puño hacia adelante con todas las fuerzas que su cuerpo le permitía.

El golpe fue certero. Su nudillo impactó de lleno en el centro del pecho de Milton, un golpe seco que resonó en el gimnasio.

A pesar de su fuerza superior, el impulso de la furia de Alexia y la contundencia inesperada del impacto hicieron que Milton retrocediera medio paso, sorprendido por la energía que ella acababa de liberar.

Alexia se detuvo, jadeando, mirando su propia mano con incredulidad, temblando de pies a cabeza mientras el eco del golpe se disipaba en el silencio del local.

La reacción de Milton no fue la de alguien herido o enfadado. Al contrario. Una sonrisa lenta, luminosa y genuina —la primera sonrisa real que Alexia le veía desde que lo conocía— se dibujó en su rostro. Sus ojos negros brillaban con una alegría pura, casi infantil, mezclada con una profunda admiración.

Antes de que Alexia pudiera procesar lo que había hecho, Milton avanzó, la rodeó con sus brazos robustos y, con una facilidad pasmosa, la levantó en vilo del suelo, haciéndola girar en el aire mientras soltaba una carcajada triunfante.

—¡Lo hiciste! —exclamó él, con la voz resonando llena de orgullo, sosteniéndola firmemente contra su cuerpo—. ¡Te lo dije, Mendoza! ¡Tienes fuego dentro!

Alexia, suspendida en el aire y atrapada entre sus brazos, contuvo el aliento. El vértigo de la altura se mezcló con el vuelco repentino de su corazón. Apoyó las manos en los hombros anchos de Milton, sintiendo la firmeza de sus músculos y el calor abrasador que desprendía. Por un segundo, el mundo exterior, las mansiones, las clases y las sombras desaparecieron, dejando únicamente el sonido de sus respiraciones entrelazadas.

Horas más tarde, la tensión del entrenamiento y la intensidad del gimnasio quedaron atrás, reemplazadas por una extraña y pacífica complicidad.

Para sorpresa de Alexia, Milton no la llevó de regreso a un restaurante de lujo ni a ningún salón exclusivo donde las miradas indiscretas de la alta sociedad pudieran alcanzarlos. El deportivo negro se detuvo en una calle secundaria, frente a un modesto puesto callejero de tacos que desprendía un aroma ahumado y delicioso a cilantro, cebolla y carne asada.

Alexia miró a Milton con los ojos abiertos de par en par, incapaz de imaginar al millonario heredero de la dinastía Vance sentado en los taburetes de plástico desgastados de un puesto humilde en la acera.

—¿Aquí? —preguntó ella, señalando el local con incredulidad.

—¿Qué pasa? —respondió él, apagando el motor y dedicándole una media sonrisa socarrona pero extrañamente cálida—. Los millonarios también tenemos hambre, Mendoza. Y tengo entendido que tú eres la experta en este tipo de lugares. Ilumíname.

Se sentaron en los taburetes metálicos, codo con codo, bajo la luz parpadeante de una bombilla colgante que competía contra la penumbra de la noche. El contraste era evidente: el chico de la alta sociedad, con su ropa impecable y su presencia imponente, encajaba de forma extraña pero perfecta en el entorno sencillo. Pedieron un par de órdenes y, entre bocado y bocado, las barreras que ambos solían levantar comenzaron a desmoronarse.

No hablaron de exámenes, ni de la escuela, ni de las amenazas de los padres de Milton. Hablaron de cosas triviales, de pequeños detalles, de miedos infantiles y de secretos que ninguno de los dos se había atrevido a confesar a nadie más.

Alexia lo miraba reírse de una broma absurda del vendedor, con la luz ámbar recortando las facciones duras de su rostro, y una certeza silenciosa se instaló en su pecho. Sin necesidad de admitirlo en voz alta, sentados en aquel rincón humilde de la ciudad, ambos sabían que se encontraban en su primera cita real. Una cita nacida entre sombras, forjada a golpes de orgullo y resistencia, donde la distancia entre sus mundos opuestos comenzaba a disolverse para siempre.

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Sayuris Paola Venecia Barcelo
viejo verde, dale su merecido......
Sayuris Paola Venecia Barcelo
me encanta 🥰
Mary Cabrera
estubo muy bonita, pero me faltó que paso con la mamá de ella? y él amigo patric nunca salió que era su mejor amigo 🤔 pero estubo bonita
Mary Cabrera
que lindo 😍 se casaron y van a estar juntos creando una bella familia sin la sombras del pasado
Mary Cabrera
viejo desgraciado, y la mamá otra porquería donde está?
Mary Cabrera
estos son el nos bestias desalmados🤨 como latigazos? ni por qué fueran la época antigua , y ahora ella va pensar que se fue y se burlo de ella por qué no aparece 😏
Mary Cabrera
hay está el error no hablar, 😏 siempre es lo mismo
Mary Cabrera
El la está ayudando que le de ropa que bien , no tiene si no ropa vieja y desgastada, esto va a ser y ya es para bien le pago sus estudios hasta que termine y ella solo va a ayudarlo a él es un buen trato
Lucía Lombardi
Al final todo salió bien 🥰
KureRoseta
Que lindo un final feliz ☺️
KureRoseta
Que hombre más cínico 😒
KureRoseta
Parece cachorrito el prota 😭
KureRoseta
Ya empezaron los malentendidos a penas se ven 😒 pobres
KureRoseta
Los castigos familiares a veces son muy fuerte. Yo no aguanto ni el primero 😭
KureRoseta
Me encanta esto 🤭 huele a peligro 😮
KureRoseta
Que lindo los pensamientos del protagonista 🤭🥰
Aria Samé Nieves
Me pareció perfecto. No es muy extenso así que no cansa en la lectura..
Aria Samé Nieves
Me encantó la historia 🥰
Aria Samé Nieves
Así me gusta que sea un protector y machote 🤭
Aria Samé Nieves
Me está gustando este chico 🥰
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