Sinopsis: Un amor prohibido
Todo comenzó cuando empecé a ir a la casa de Juan Alcázar, mi mejor amigo. Al principio, todo era normal, hasta que comencé a mirar a su mamá con otros ojos. Ella era una mujer hermosa, madura y completamente diferente a todas las que había conocido. Sin darme cuenta, empecé a sentir algo que jamás imaginé sentir por la madre de mi mejor amigo. Intenté luchar contra aquellos sentimientos, pero el corazón no entiende de reglas ni de prohibiciones. Hasta que una mirada se convirtió en deseo y comenzamos a vivir un amor a escondidas, capaz de destruir nuestra amistad y cambiarlo todo.
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Capítulo 9: ¿Quién es ese man?
POV: Joaquín Zapata
Parce, yo no sé qué me pasó ese día, pero cuando vi ese estado de Gabriela, se me revolvió hasta el apellido.
Estaba saliendo de la universidad después de una clase de Administración de Empresas que me tenía mamado. Tenía unos trabajos pendientes, hambre y unas ganas berracas de llegar a mi apartamento a descansar. Iba caminando hacia la salida cuando saqué el celular para revisar WhatsApp.
Tenía un mensaje de Sebastián, varios del grupo de la universidad y, como siempre, estaba pendiente de mi muñeca.
Abrí los estados sin mucho interés, hasta que me apareció uno de Gabriela.
Al principio sonreí, pensando que sería una foto de ella en la empresa o de algún cafecito que se hubiera tomado. Pero apenas vi la imagen, se me borró la sonrisa.
Gabriela estaba con un man.
Y no era cualquier foto. El tipo estaba a su lado, bien cerquita, mientras ella sonreía para la cámara. Él también sonreía, como si tuviera toda la confianza del mundo con mi novia.
—¿Y este quién hijuemadres es? —solté en voz alta.
—¿Qué pasó, parce? —me preguntó Sebastián, que venía caminando a mi lado.
Le mostré el celular.
—Vea, ome. ¿Usted conoce a este man?
Sebastián miró la foto y después me miró a mí.
—No, ¿por qué? ¿Es alguien del trabajo de Gabriela?
—¡Yo qué voy a saber, hermano! Por eso le estoy preguntando.
—Joaquín, cálmese. De pronto es un compañero de la empresa.
—¿Y por qué está tan pegado a ella, pues?
Sebastián soltó una risita.
—Uy, parce, usted sí está tragado. Ya le dieron celos.
—¿Celos yo? No me haga reír, ome.
—Entonces, ¿por qué tiene esa cara de querer ir a buscar al man?
No le contesté, porque la verdad era que sí, me habían dado unos celos de la berraca.
Gabriela era mi novia. Llevábamos poco tiempo juntos, pero yo estaba demasiado enamorado de esa mujer. Me gustaba todo de ella: su manera de hablar, su carácter, la forma en que se preocupaba por los demás y hasta cuando me regañaba porque me decía que no me cuidaba lo suficiente.
Yo estaba pendiente de ella a cada rato, recordaba sus gustos y buscaba cualquier excusa para hacerla sonreír. Por eso, ver a otro tipo tan cerquita me cayó como una patada.
Abrí nuestro chat y le escribí de una.
Yo ❤️: Muñeca, ¿quién es ese man del estado?
Esperé.
Nada.
Volví a mirar la foto. Me estaba llenando de ideas que ni siquiera sabía si eran ciertas.
Yo ❤️: Gabriela, le estoy hablando. ¿Quién es ese tipo?
Pasaron unos minutos y ella apareció en línea, pero no me respondió inmediatamente.
—¡No, juepucha! —murmuré—. ¿Ahora tampoco me va a contestar?
—Parce, deje de hacerse películas —me dijo Sebastián—. Pregúntele tranquilo y ya.
—Es que no me gusta esa vaina, hermano. Si yo pongo una foto así con una vieja, ¿qué pensaría ella?
—Pues hable con ella. No se ponga a pelear antes de saber qué pasó.
Respiré hondo y traté de tranquilizarme. No quería ser ese novio que armaba problemas por cualquier cosa, pero tampoco podía fingir que no me había molestado.
Al fin llegó su respuesta.
Gabriela ❤️: Es alguien que conozco, amor. ¿Por qué?
¿Alguien que conocía? ¡Ah, bueno! Tremenda explicación, ome.
Yo ❤️: ¿Alguien que conoce? ¿Y quién es? ¿De dónde salió?
Gabriela ❤️: Joaquín, es una foto normal. No empiece a ponerse bravo sin saber.
Yo ❤️: No me estoy poniendo bravo, muñeca. Solamente le estoy preguntando quién es el man.
Gabriela ❤️: Pues por la forma en que me escribe, parece otra cosa.
Me pasé la mano por el cabello, frustrado.
—¡Ave María, pues! —exclamé.
Sebastián me quitó el celular de las manos por un segundo y me miró serio.
—Oiga, parcero, escúcheme. Usted quiere a esa mujer, ¿cierto?
—Claro que sí, hermano.
—Entonces no vaya a dañar lo que tienen por una foto. Si algo le incomoda, dígaselo, pero sin tratarla mal.
Tenía razón, aunque me costara admitirlo.
Recuperé el celular y escribí otro mensaje.
Yo ❤️: Bueno, mi vida, perdón por el tono. Es que me dieron celos, ¿sí? Quiero saber quién es porque usted me importa mucho.
Esta vez Gabriela respondió enseguida.
Gabriela ❤️: Amor, después hablamos con calma. Estoy ocupada.
Me quedé mirando la pantalla. Quería llamarla, escuchar su voz y preguntarle todo lo que me estaba dando vueltas en la cabeza, pero decidí darle espacio.
—¿Ya se calmó, Romeo? —se burló Sebastián.
—Cállese, ome, que usted no ayuda ni poquito.
Los dos nos reímos y seguimos caminando hacia la salida.
Sin embargo, por dentro todavía tenía una espinita clavada. No quería desconfiar de Gabriela, pero tampoco podía evitar preguntarme quién era ese hombre y qué lugar ocupaba en su vida.
Esa noche, cuando llegué a mi apartamento, le mandé un último mensaje.
Yo ❤️: Buenas noches, muñeca. Cuando pueda, llámeme. Quiero hablar con usted bien. La quiero mucho. ❤️
Dejé el celular sobre la mesa y me fui a preparar algo de comer.