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Entre Sombras Y Piel

Entre Sombras Y Piel

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Suspenso / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Elara es una arquitecta brillante, reservada, que ha vivido siempre bajo reglas y control. Todo cambia cuando acepta restaurar la antigua mansión de la familia Varela y conoce a Dante Varela: un hombre misterioso, intenso, que despierta en ella un fuego que creyó no tener. Entre paredes que guardan secretos, noches de pasión arrolladora y un pasado que amenaza con separarlos, descubrirán que el deseo no se puede controlar… y que a veces, amar es el único riesgo que vale la pena correr.

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Capítulo 18 — Regreso a la mansión

Pasaron semanas antes de que Dante estuviera listo para volver. Cada día, las noticias traían nuevos detalles del caso: los socios de su padre confesaron, los registros bancarios confirmaron el fraude, y Julián Montero fue encarcelado tras ser acusado de corrupción, lavado de dinero y homicidio culposo. El nombre de su padre fue limpiado oficialmente, y el caso de Valeria pasó de ser un misterio sin resolver a una historia de justicia tardía pero cumplida. Sin embargo, la nota de su madre seguía pesando sobre él, una sombra que no lograba apartar. ¿Sabía ella más de lo que decía? ¿Había sido parte de lo que ocurrió aquella noche? Las respuestas no llegaban, y cada día que pasaba, la necesidad de volver al lugar donde todo comenzó se hacía más fuerte.

—Necesito verla —le dijo a Elara una tarde, mientras miraba por la ventana del apartamento donde se habían alojado en la ciudad—. Necesito entrar en la mansión, caminar por los pasillos, estar allí donde todo pasó. Quizás… quizás encuentre algo más. O quizás solo necesito dejar de huir de ella.

—Entonces volvemos —respondió ella, tomándole la mano sin dudarlo—. No tienes que hacerlo solo.

El viaje de regreso fue silencioso. El paisaje, que antes les parecía hostil y lleno de peligros, ahora se veía tranquilo bajo la luz del sol de otoño. Al llegar a la entrada de la mansión, Dante detuvo el coche y se quedó mirando la casa, imponente y gris, con las ventanas cerradas como ojos cerrados, esperando.

—Parece distinta —dijo él, en voz baja—. Como si hubiera estado esperando a que volviéramos para volver a ser ella misma.

—Es la misma casa —respondió Elara—. Pero ya no somos los mismos que nos fuimos. Y eso lo cambia todo.

Entraron sin llamar. Las puertas estaban abiertas, como si alguien hubiera dejado la entrada lista para su regreso. El pasillo principal estaba en penumbra, pero al fondo, en la cocina, vieron luz y escucharon movimiento: la señora Clara estaba allí, de pie junto a la mesa, preparando té, como si supiera que vendrían ese día. Al verlos, no se sorprendió. Solo asintió, con una expresión entre la tristeza y el alivio.

—Señor Dante —dijo suavemente—. Arquitecta. Los estaba esperando.

—¿Sabía que volveríamos? —preguntó él, acercándose despacio.

—Sabía que no podía quedarse lejos para siempre —respondió ella, sirviendo tres tazas y dejándolas sobre la mesa—. Esta casa lleva su sangre. Y la sangre llama.

Se sentaron juntos, por primera vez sin secretos entre ellos. La señora Clara suspiró profundamente y comenzó a hablar, con voz pausada, como si cada palabra le costara años de silencio.

—Esa noche… yo estaba aquí. Vi todo, aunque no pude detenerlo. La señora Varela —su voz se quebró ligeramente—, su madre, bajó al despacho cuando escuchó los gritos. Valeria estaba allí, con los documentos en la mano, diciendo que se los llevaría a la mañana siguiente. Su madre no la tocó, no le hizo daño… pero le dijo que se marchara, que se fuera del país esa misma noche, que si no lo hacía, llamaría a la policía y la acusaría de robo y de seducción. Le dijo que nadie le creería, que ella tenía el poder y el dinero, y que la destruiría si se quedaba. Valeria salió corriendo, llorando. Y entonces… entonces vi al señor Montero entrar por la puerta trasera. La siguió. Y no volvió a salir hasta horas más tarde, con la ropa sucia de tierra y la mirada fría como el hielo. Su madre se quedó en el despacho, sentada, sin moverse, hasta el amanecer. Nunca dijo una palabra más sobre aquella noche. Pero yo la vi llorar en secreto durante el resto de su vida. Cargó con esa culpa hasta el último día.

Dante escuchó todo sin moverse, con las manos apretadas sobre sus rodillas. Las lágrimas corrían por sus mejillas, no de rabia, sino de alivio y de dolor a la vez. Su madre no había matado a nadie. Pero había empujado a una mujer hacia el peligro, y había callado durante veinticinco años. No era inocente del todo, pero tampoco era la villana que él había temido. Era una mujer herida, que había elegido el orgullo antes que la verdad, y había pagado el precio con su propia paz.

—¿Por qué no dijo nada antes? —preguntó él, con voz ronca.

—Porque tenía miedo —respondió la señora Clara—. Miedo de que me culparan a mí, miedo de que el señor Montero hiciera lo mismo conmigo. Y también… porque esperaba que algún día lo descubrieran ustedes mismos. Que alguien tuviera el valor de mirar detrás del silencio.

Cuando salieron al jardín, el sol ya se estaba poniendo, tiñendo de dorado el viejo roble que había guardado el secreto durante un cuarto de siglo. Dante se acercó al árbol, pasó la mano por su corteza rugosa, y cerró los ojos por un instante.

—Valeria no descansó aquí —dijo suavemente—. Pero ahora, por fin, su nombre está limpio. Y eso… eso es lo que importa.

Se giró hacia Elara, que lo miraba con ternura, y supo que ya no había sombras que los separaran. La mansión ya no era una prisión de secretos: era un lugar que había visto nacer el amor, la traición, el dolor… y también la valentía de quienes se atrevieron a buscar la verdad.

—¿Qué haremos ahora? —preguntó ella, acercándose a su lado—. ¿Nos quedamos?

Dante miró la casa, el jardín, el horizonte donde el sol desaparecía tras las colinas, y luego la miró a ella, con una sonrisa que no tenía nada de tristeza ni de miedo.

—Reconstruiremos —dijo—. No solo la casa. Todo lo que se rompió. Limpiaremos los muros, abriremos las ventanas, dejaremos entrar la luz. Haremos de este lugar algo nuevo, algo que no lleve el peso del pasado. Y si quieres… si te quedas conmigo… será nuestro hogar.

—Me quedo —respondió ella, sin dudarlo un instante—. Donde tú estés, yo estaré.

Se besaron bajo el viejo roble, no como amantes escondidos, sino como dos personas que habían recorrido el infierno y habían vuelto a encontrar la luz. La mansión seguía allí, imponente y silenciosa, pero ya no era un lugar de miedo. Era el comienzo de algo nuevo. Y por primera vez en generaciones, la casa de los Varela respiraba en paz.

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Eliana Angulo
interesante
Eliana Angulo
desde que se conocieron hubo una química entre los protagonistas, que me gustó 🤭
Eliana Angulo
el paso de deja quieto, por estar de hosiosa que les pasara
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
esa Clara guarda algo
Eliana Angulo
jajaja es Dante no era que se reprimia🤣🤣
Eliana Angulo
interesante tu obra
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: me alegra que te guste, te invito a seguir leyendo la y a qué le mis otras historias, te encantarán ☺️
total 3 replies
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