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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

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Capítulo 13: Una pelea y una despedida que no es final

📖 Capítulo 13: Una pelea y una despedida que no es final

💬 Verónica — Primera persona

Mi papá se acerca con su sonrisa tranquila, sosteniendo su taza de té.

—Hola, muchacho. Qué rico se ve todo. ¿Cómo estás, hijo? —le pregunta con esa calidez suya que hace sentir a todos como en casa.

Rafael se endereza un poco más en su silla, visiblemente incómodo pero educado.

—Bien, gracias, señor. Disfrutando de la cena.

Papá asiente satisfecho, y luego su tono se vuelve serio, como solo un padre protector sabe hacerlo.

—Qué bueno. Y ahora dime… ¿qué intenciones tienes con mi hija? Quiero saber que la persona que está a su lado la valora y la respeta como se merece.

Rafael se levanta lentamente, se saca la silla y lo mira directamente a los ojos, sin titubear.

—Las que ella me permita tener, señor. Solo eso. No vengo a imponer nada. Solo a estar aquí si ella lo quiere.

Papá se queda en silencio un segundo, y entonces sonríe de verdad.

—Me caes bien. Directo y honesto. Bienvenido a la familia, muchacho.

—¡Papá! —lo regaño entre risas y sonrojo—. ¿Qué familia? Si apenas somos amigos.

—Gracias, señor —asiente Rafael brevemente, aunque noto que se le sonrojaron las orejas.

—Los dejo cenar en paz —dice papá caminando hacia la escalera—. Pero una pregunta más… ¿te quedarás esta noche o te irás a tu casa?

Rafael se gira hacia mí, como si la respuesta dependiera totalmente de mí.

—Depende de ella —dice, y noto cómo se le tensa levemente la mandíbula.

Papá me mira alzando una ceja divertido.

—¡Padre! Parece que ya te estorbo y a la primera persona que aparece me quieres mandar lejos —le digo fingiendo indignación.

Se ríe con esa risa cálida que llena toda la casa.

—Solo digo que ya me imagino a mis nietos corriendo por aquí pronto. ¿Qué padre no quiere eso?

Rafael me mira confundido.

—No hablamos de hijos. Solo estamos cenando. No habrá nietos todavía.

Papá se va riendo por el pasillo y grita desde lejos:

—¡Jajajaja! Yo nací ayer, ¿verdad? ¡Amigos con derecho! Apúrense, que ya quiero ser abuelo —y su risa se pierde escaleras arriba.

—Lo siento mucho —le digo, muriendo de vergüenza—. Mi papá es… único. No lo dice con malicia, solo es muy bromista. Vamos, terminemos de cenar antes de que se le ocurra venir con el álbum familiar.

Se sienta pesadamente, mirándome con los ojos entrecerrados.

—No es gracioso. Tu padre me intimida —confiesa—. ¿Siempre son así de intensos con todos los que te acercas?

Me limpio una pequeña risa que se me escapa.

—En realidad… nunca he tenido novio. Así que es la primera vez que lo ves así. Y no te burles, ¿eh?

Deja el tenedor sobre la mesa y se me queda mirando como si le hubiera dicho algo imposible.

—¿Nunca? ¿En serio?

—Jamás. Ningún chico me ha parecido lo suficientemente interesante como para darle ese lugar en mi vida. En la universidad, en la preparatoria… todos parecían iguales. Interesados solo en sí mismos. Prefiero estar sola que mal acompañada.

Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en la mesa, fascinado con esa información.

—¿Y yo qué soy para ti entonces? ¿Una suerte? —pregunta con voz baja.

—Un chico diferente. Alguien que me hace sentir cosas que no creí posible.

Se levanta de golpe, rodea la mesa y se detiene justo detrás de mí. Siento el calor de su cuerpo cerca.

—¿Suerte? —repite con un gruñido cerca de mi oído—. No es suerte, joder. Soy yo quien decidió que eras tú. Nadie más tiene que decidir nada por nosotros. Nadie.

—¿Y qué quieres que seamos entonces, Rafael? Dímelo claro, que te escucho —le digo suavemente, girándome un poco hacia él.

Me toma del rostro con ambas manos y me besa. No es un beso suave ni tierno como las otras veces. Es desesperado, intenso, como si estuviera reclamando lo que siente le pertenece. Le rodeo el cuello con mis brazos y le correspondo con la misma intensidad. No hay duda en mí. Sé lo que quiero.

Me aprieta contra él con más fuerza, una mano en mi nuca y la otra en mi cintura.

—Mierda… —se aparta de golpe, respirando pesadamente, con los ojos oscuros y brillantes—. No esperaba que me siguieras el ritmo tan fácil.

—No soy una niña, Rafael. Sé lo que quiero. Y te quiero a ti. Con tus defectos, con tus miedos, con todo lo que eres.

Me suelta bruscamente y da un paso atrás, como si mis palabras lo hubieran quemado. Su expresión cambia por completo, se cierra, se pone a la defensiva.

—No sabes lo que dices. No sabes con quién te estás metiendo. No soy de los que se quedan, nena. No esperes flores ni promesas eternas de mí.

Esa palabra me duele más de lo que esperaba.

—Entonces… ¿a qué juegas conmigo? Si no quieres nada, si no estás dispuesto a intentarlo… entonces te pido de favor que salgas de mi casa ahora mismo. No necesito a alguien que no sepa lo que quiere.

Se detiene en seco, en medio de la cocina, con la mano ya en el picaporte imaginario.

—Mierda. No me voy a ningún lado. No te dejo así, peleados. No es lo que quise decir.

—Pues eso es lo que escuché —le digo con la voz temblorosa pero firme—. No soy un juego. No soy alguien con quien pasar el rato hasta que te aburras. Si no estás seguro de mí, de nosotros… vete. Por favor. Antes de que me lastimes más.

—¡No soy como ellos! —grita, apretando los puños a los costados—. No me compares con nadie más.

—¡VETE! —le grito, sintiendo cómo se me llenan los ojos de lágrimas que no quiero que vea.

Me mira con los ojos entrecerrados, luchando consigo mismo. De repente golpea la pared con el puño, haciendo un ruido seco que me hace saltar.

—¡La concha de tu madre! —exclama frustrado, respirando agitadamente—. ¡Está bien! Me voy. Pero no porque me quieras tú, sino porque necesito que nos calmemos los dos antes de decir algo que no debemos.

Camina hacia la puerta con paso rápido. La abre, se detiene en el umbral sin voltear hacia mí.

—Pero esto no terminó. ¿Me escuchaste? No hemos acabado de hablar. No me busques tú, pero sabré cómo encontrarte.

—¡Vete! —le repito, dándome la espalda para que no vea que estoy llorando—. No quiero verte ahora mismo.

Me mira una vez más, con esa mirada que parece pedirle que no lo deje ir, y entonces sale y cierra la puerta tras de sí con un portazo que hace temblar toda la casa. Me quedo sola en la cocina, con la cena fría sobre la mesa y el silencio pesado llenando todo el espacio.

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Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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