NovelToon NovelToon
La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:204
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Sangre que no elige bando

Kate se movía a la velocidad de un rayo, cada golpe de su lanza chocando contra los vórtices de agua que Alex generaba con una fluidez casi hipnótica. "Paranoia", lo había llamado él, y el nombre le sentaba bien — cada movimiento suyo parecía anticipar el de ella con una precisión inquietante, como si pudiera leer sus intenciones antes de que ella misma terminara de decidirlas.

—Eres rápida —admitió Alex, esquivando un golpe que debería haberle costado el hombro—. Pero la velocidad sin control es solo caos ordenado.

—Entonces déjame mostrarte cómo se ve el caos cuando decide tener un propósito.

Kate cargó su lanza con toda la energía que podía reunir, y en el instante exacto del impacto, sintió algo nuevo despertar en su interior — no solo velocidad, sino la capacidad de proyectar esa fuerza hacia afuera, de crear, por un instante, algo parecido a una segunda versión de sí misma peleando junto a la original. La sorpresa de Alex al recibir dos golpes simultáneos, uno físico y otro que no debería haber podido existir, fue suficiente para hacerlo retroceder por primera vez.

Interesante, pensó Kate, sin tiempo para procesar del todo lo que acababa de descubrir sobre sí misma. Guárdalo para después. Ahora solo sobrevive.

Larss había perdido la cuenta de cuántas copias de sus propios hombres había enfrentado, cada una idéntica en fuerza y reflejos al original, multiplicándose cada vez que alguna caía.

—¡El patrón! —gritó, esquivando el golpe de una copia que se movía exactamente como uno de sus soldados más veteranos—. ¡Busquen algo que las diferencie del original!

Fue uno de sus hombres quien lo notó primero — las copias, por más perfectas que fueran en apariencia, carecían de algo esencial: ninguna dudaba nunca, ninguna mostraba el más mínimo instinto de protegerse a sí misma sobre la misión.

—¡No sienten miedo! —gritó el soldado—. ¡Ataquen sin cuidado y van a exponerse solas!

Larss aprovechó la información de inmediato, dejando que una copia se lanzara sin ninguna cautela hacia él, y esquivando en el último instante para que el impulso descontrolado la hiciera chocar contra otra de sus propias réplicas. El caos que Igna había diseñado empezó, poco a poco, a volverse contra sí mismo.

—Interesante estrategia —comentó Igna, observando desde la distancia con su curiosidad clínica de siempre—. Pero mis clones se vuelven más fuertes con cada golpe que reciben. Entre más tarden, menos ventaja les queda.

—Entonces habrá que terminar esto rápido.

Lucila y Coco llevaban ya varios minutos en un punto muerto — cada fragmentación de Lucila deshacía alguna parte del cuerpo de Coco, y cada vez, con una facilidad que empezaba a resultar perturbadora, Coco recomponía lo perdido tomando partes de los soldados caídos a su alrededor.

—¿Sabes cuál es tu problema? —dijo Coco, examinando su propio brazo recién reconstruido con fascinación genuina—. Fragmentas, pero nunca destruyes de verdad. Y mientras tenga material con qué reconstruirme, tu poder es solo un inconveniente temporal.

—Entonces dejemos de darte material. —Lucila activó su anomalía sobre el terreno mismo, fragmentando la tierra bajo los pies de Coco en cubos flotantes, dejándola sin ningún cuerpo cercano del que pudiera aprovecharse—. Veamos qué tan bien te reconstruyes de la nada.

Coco, por primera vez, dudó — el terreno inestable bajo sus pies obligándola a concentrarse en algo más que solo en la ofensiva.

—Astuta. —Su sonrisa no perdió ni un ápice de su desquicio—. Pero astuta no es lo mismo que suficiente.

Dentro de la cúpula de Paradoja, Dyrock luchaba contra su propio cuerpo tanto como contra Rita — cada intento de defenderse se convertía en un avance, cada instinto de retroceder lo empujaba hacia adelante. Solo la ayuda constante de Isolde, cuyo brazo mecánico respondía de forma distinta a las órdenes contradictorias del sacramento, evitaba que cayera por completo.

—El metal no tiene instintos que invertir —dijo Isolde, interponiéndose entre Rita y un Dyrock momentáneamente desorientado—. Solo obedece lo que yo le pida. Y ahora mismo, le pido que te detenga.

Rita la observó con una curiosidad genuina, deteniendo el ataque un instante.

—Isolde. —Su voz perdió, apenas, el tono juguetón de siempre—. No pensé que te vería peleando con tanta convicción, considerando lo que padre te hizo.

—¿Y qué esperabas? ¿Que me quedara quieta esperando otro castigo?

—Esperaba que entendieras, como el resto de nosotros, que la sangre pura exige sacrificios. —Rita avanzó, la espada de fuego rosa lista de nuevo—. Ninguno de nosotros salió ileso de ser hijos de padre. Yo también pagué precios que nunca mencioné en voz alta.

—Entonces, ¿por qué ninguno de ustedes hizo nada cuando me lastimó? —La voz de Isolde se quebró, el dolor de meses acumulados saliendo de golpe—. Ni tú, ni Alex, ni Igna, ni Coco. Ninguno se molestó siquiera en preguntar si estaba bien.

El silencio que siguió, aunque breve, dejó ver algo detrás de la máscara habitual de Rita — no arrepentimiento del todo, pero sí algo parecido a la incomodidad genuina, el mismo tipo de grieta que, siglos después, en circunstancias completamente distintas, la llevaría a arrepentirse de servir a otra causa cruel justo antes de que fuera demasiado tarde.

—No es tan simple como preguntar si estás bien, hermana. —Su voz bajó, perdiendo casi todo su filo habitual—. Preguntar es admitir que algo estuvo mal. Y admitir eso, en esta familia, tiene su propio precio.

—Entonces prefieres el silencio a pagar ese precio.

—Prefiero sobrevivir. —Rita levantó la espada de nuevo, la máscara volviendo a su lugar—. Como todos ustedes deberían aprender a hacer, en lugar de esta rebelión sin sentido.

Se lanzó al ataque, pero Isolde, con una fuerza que ya no tenía nada de frágil, bloqueó el golpe con el brazo mecánico, el metal chispeando contra el filo ardiente.

—Yo también elegí sobrevivir, Rita. Solo que decidí hacerlo sin convertirme en lo que padre quería que fuéramos.

Blanck recibía cada golpe de Ray X con el fuego rojo de su aura intensificándose más y más, la potencia de su Breakout escalando en proporción directa al peligro que enfrentaba. Dios Konan, la sombra colosal invocada por su padre, atacaba sin descanso, cada impacto obligándolo a contener la fuerza real de su respuesta.

—Vamos, hijo. Golpéame de verdad. —Ray X sonreía, sabiendo exactamente lo que su hijo se negaba a hacer—. Sé que puedes terminar esto con un solo golpe certero. ¿Qué te detiene?

Blanck no respondió, cada célula de su cuerpo gritándole que un golpe final, uno solo, resolvería todo el sufrimiento en un instante — y cada célula de su mente recordándole exactamente el precio que ese instante de satisfacción le costaría a todos los que amaba.

—Sé lo que harías si te derroto —dijo, finalmente, esquivando un latigazo de oscuridad—. Breakout: Resurrección. Copiarías mi poder exacto, y te volverías algo que ninguno de nosotros podría detener después.

Ray X se rió, un sonido genuinamente complacido.

—Ah. Así que sabes de eso. Interesante que hayas decidido contenerte a pesar de ello, en vez de simplemente intentarlo de todos modos, desesperado por terminar esto rápido.

—No voy a arriesgar a todos los que confían en mí solo por la satisfacción de verte caer.

—Qué noble. —Ray X invocó más criaturas de oscuridad, la presión sobre Blanck multiplicándose—. Y qué inútil, al final. Porque si no puedes matarme, entonces solo te queda una opción: contenerme para siempre. Y contener algo de mi escala, hijo mío, es un precio que va a costarte mucho más de lo que imaginas.

El combate continuó, la aura roja de Blanck alcanzando niveles que ni él mismo había experimentado antes, el peligro constante de la batalla alimentando un poder que empezaba a asustarlo tanto como emocionarlo — porque cada vez que su padre aumentaba la amenaza, él se volvía más fuerte, y no sabía, con certeza, dónde terminaba ese límite.

A la distancia, en medio del caos de cinco batallas simultáneas, un grito cortó el aire — Dyrock, finalmente vencido por la contradicción constante de sus propios instintos, cayendo bajo el filo de Rita.

—¡Dyrock! —Isolde se lanzó hacia él, ignorando por completo su propia seguridad, el brazo mecánico interceptando el segundo golpe que habría sido definitivo.

—Estoy bien —murmuró él, la sangre escurriendo de un corte profundo en el costado—. Solo... necesito un momento.

—No tenemos un momento.

Rita observó la escena con algo parecido a la duda genuina cruzando su expresión — el mismo tipo de vacilación que, en cualquier otro miembro de su familia, habría sido impensable.

—Termina esto, Isolde —dijo, aunque su voz ya no cargaba la misma convicción de antes—. Antes de que tenga que hacerlo yo.

Isolde, sosteniendo a Dyrock con un brazo mientras el otro se preparaba para defender a ambos, sintió que algo dentro de ella —el miedo acumulado durante meses, el dolor de la traición de su propia sangre, la determinación de proteger, por primera vez, a alguien más además de sí misma— convergía en un solo instante de claridad absoluta.

—No voy a terminarlo de la forma que quieres —dijo, la voz firme a pesar de todo—. Pero tampoco voy a dejar que le hagas daño a alguien más solo porque tú decidiste que el silencio era más fácil que la lealtad.

Se lanzó al ataque, el brazo mecánico brillando con una intensidad nueva, y por primera vez en toda la batalla, Rita retrocedió un paso completo, genuinamente insegura de cómo responder a una hermana que ya no era la niña rota que había dejado atrás.

El caos de las cinco batallas seguía extendiéndose por The Hero entero, cada combate acercándose peligrosamente a un límite que ninguno de los presentes sabía con certeza cómo cruzar sin perderlo todo en el proceso.

Continuará...

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play