Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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El hombre que Valentina olvidó
Capítulo 12 —
—El hombre que estaba dispuesto a matar por ti... era yo.
Valentina no respondió.
Simplemente lo miró.
Mateo tampoco apartó los ojos de ella.
—Dime que estás bromeando.
—Ojalá.
—Entonces explícame.
Mateo abrió la boca, pero antes de poder decir algo, un médico salió de la habitación de Clara.
—¿Familiares de la paciente?
Emilia se acercó inmediatamente.
—Sí. ¿Está bien?
—Está consciente, pero muy débil. No puede recibir demasiadas visitas.
Valentina miró hacia la habitación.
—¿Puedo verla?
El médico dudó.
—Solo unos minutos.
Valentina entró.
Clara estaba acostada, conectada a varios aparatos.
Cuando la vio, sus ojos se abrieron.
—Acércate.
Valentina obedeció.
—Quiero saber qué pasó.
Clara respiró lentamente.
—Lo sé.
—¿Qué sabes?
Clara miró hacia la puerta.
—Que él te dijo la verdad.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Mateo?
Clara asintió.
—Él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ti.
—¿Incluso matar?
Clara cerró los ojos.
—Eso depende de qué entiendas por matar.
Valentina frunció el ceño.
—No entiendo.
—Mateo nunca mató a nadie.
Valentina sintió un poco de alivio.
—Entonces, ¿por qué dijo eso?
Clara la miró fijamente.
—Porque tú se lo pediste.
Silencio.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Qué le pedí?
Clara tragó saliva.
—Que si alguien intentaba hacerte daño, no permitiera que saliera vivo.
Valentina retrocedió.
—Yo jamás diría algo así.
Clara sonrió tristemente.
—Eso es lo que tú quieres creer.
Valentina salió de la habitación completamente confundida.
Mateo estaba esperando afuera.
—¿Qué te dijo?
Ella lo miró.
—Que yo te pedí que protegieras mi vida.
Mateo asintió.
—Sí.
—Pero también dijo que te pedí que no dejaras salir vivo a quien quisiera hacerme daño.
Mateo bajó la mirada.
—Sí.
—¿Lo hiciste?
Él tardó demasiado en responder.
—No.
Valentina lo observó.
—¿Por qué?
Mateo levantó los ojos.
—Porque no podía convertirme en alguien así.
Valentina sintió algo extraño.
Una mezcla de alivio y tristeza.
—Entonces no eras el monstruo que pensé.
Mateo sonrió débilmente.
—Nunca quise que pensaras eso de mí.
—Pues llevas días haciendo un trabajo espectacular para conseguirlo.
Él soltó una pequeña risa.
—Lo sé.
Valentina también sonrió.
Solo un segundo.
Después volvió a ponerse seria.
—Pero sigo sin saber qué pasó aquella noche.
Mateo respiró profundamente.
—Entonces te lo voy a contar.
Se sentaron en una pequeña sala vacía del hospital.
Mateo comenzó:
—Aquella noche descubriste que alguien llevaba meses siguiéndote.
—¿Quién?
—No lo sabíamos.
—¿Y qué hiciste?
—Me llamaste.
—Eso ya lo sé.
—No. No sabes por qué.
Valentina lo miró.
—¿Por qué?
Mateo sacó su celular.
Abrió una grabación de audio.
La voz de Valentina apareció.
Estaba alterada.
—Mateo, si estás escuchando esto, no vengas solo.
Valentina se quedó inmóvil.
Su propia voz continuó:
—Damián no es quien dice ser.
Mateo detuvo el audio.
—¿Qué?
Valentina lo miró.
—¿Yo dije eso?
—Sí.
—¿Y luego qué pasó?
—Fuiste a buscar a Damián.
—¿Por qué?
Mateo negó con la cabeza.
—Porque pensabas que él sabía quién te estaba siguiendo.
Valentina sintió un fuerte dolor de cabeza.
De repente...
un recuerdo.
Damián frente a ella.
Una discusión.
Una puerta cerrándose.
Y una frase:
"Si él descubre que tienes la grabación, te va a matar."
Valentina abrió los ojos.
—La grabación...
Mateo se inclinó hacia ella.
—¿Qué recuerdas?
—Yo tenía algo.
—¿Qué?
—Una grabación.
—Sí.
—Y Damián quería quitármela.
Mateo asintió.
—Exactamente.
Valentina se quedó pensando.
—Entonces el incendio ocurrió porque Damián intentó destruir la grabación.
Mateo negó con la cabeza.
—No.
—¿No?
—El incendio ocurrió después.
—¿Entonces qué lo provocó?
Mateo la miró.
—Tú.
Valentina se quedó helada.
—¿Qué?
—Tú provocaste el incendio.
—Pero dijiste que no.
—Dije que no lo encendiste.
Valentina frunció el ceño.
—¿Cuál es la diferencia?
Mateo se acercó.
—Tú abriste la válvula de gas.
Silencio.
—¿Por qué haría eso?
Mateo bajó la voz.
—Porque querías obligar a todos a salir de la casa.
Valentina sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas.
—¿Yo planeé todo?
—Sí.
—¿Y qué salió mal?
Mateo la miró.
—Clara estaba dentro.
Valentina se llevó una mano a la boca.
—No...
—Tú no sabías que estaba allí.
—Entonces...
—Cuando descubriste que Clara estaba atrapada, regresaste por ella.
Valentina cerró los ojos.
Otra imagen.
Humo.
Fuego.
Clara gritando.
Mateo tomándola del brazo.
Damián entrando.
Y ella gritando:
"¡NO LA DEJES!"
Valentina abrió los ojos llorando.
—Yo la intenté salvar.
Mateo asintió.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué perdí la memoria?
Mateo quedó en silencio.
Valentina lo miró.
—Mateo.
Él respiró profundamente.
—Porque cuando saliste de la casa...
Hizo una pausa.
—Te golpearon.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Mateo no respondió.
—¿Quién me golpeó?
—No lo vimos.
—¿Tú no estabas conmigo?
—Sí.
—Entonces ¿cómo no lo viste?
Mateo apretó los puños.
—Porque me golpearon primero.
Valentina se quedó mirándolo.
—¿A ti?
—Sí.
—¿Quién?
Mateo levantó la mirada.
—La persona que estaba siguiendo a Clara.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Clara también estaba siendo seguida?
—Sí.
—Entonces todo esto comenzó por ella.
Mateo negó lentamente.
—No.
—¿Por quién?
Él la miró directamente.
—Por ti.
En ese momento, la puerta de la sala se abrió.
Emilia entró corriendo.
—¡Valentina!
—¿Qué pasó?
Emilia estaba pálida.
—Clara despertó otra vez.
—¿Y?
—Está preguntando por ti.
Valentina se levantó.
—Voy.
Emilia la agarró del brazo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque dijo algo.
—¿Qué?
Emilia tragó saliva.
—Dijo que la persona que te perseguía...
Hizo una pausa.
—...no quería matarte.
Valentina frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué quería?
Emilia la miró.
—Quería recuperar algo que tú le habías robado.
Valentina sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Qué le robé?
Emilia negó con la cabeza.
—No lo sabemos.
Mateo se levantó.
—Yo sí.
Todos lo miraron.
Mateo sacó de su bolsillo una pequeña memoria USB.
La misma que habían encontrado en la casa.
—Esto.
Valentina lo miró.
—¿Qué tiene?
Mateo apretó la memoria entre sus dedos.
—La grabación original.
Valentina abrió los ojos.
—Pensé que no sabíamos dónde estaba.
—Yo mentí.
—¿Por qué?
Mateo la miró.
—Porque no quería que supieras lo que hay dentro.
—¿Qué hay?
Mateo guardó silencio.
Valentina se acercó.
—Dímelo.
Él finalmente respondió:
—Una grabación de ti hablando con la persona que te estaba siguiendo.
Valentina sintió que el cuerpo se le paralizaba.
—¿Qué dice?
Mateo la miró con una expresión que nunca había visto antes.
—Dice que tú conocías a esa persona.
—¿Quién es?
Mateo no respondió.
Valentina le arrebató la memoria.
—Entonces lo voy a descubrir yo.
Pero antes de que pudiera alejarse...
su celular vibró.
Número desconocido.
Un mensaje.
"No abras la memoria."
Valentina se quedó quieta.
Llegó otro.
"Porque cuando escuches la grabación..."
Y finalmente:
"...vas a recordar que fuiste tú quien me pidió que te borrara la memoria."
Valentina levantó lentamente la mirada hacia Mateo.
—¿Qué significa esto?
Mateo no respondió.
Porque por primera vez...
él también parecía tener miedo de la verdad.