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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que ya no podía ocultar

Cuando llegaron al departamento, Andrés abrió la puerta y dejó que Fernanda entrara primero.

Ella caminó lentamente hacia la sala.

Todo le resultaba familiar.

Aquel lugar donde la noche anterior había encontrado un poco de tranquilidad, ahora le provocaba una sensación diferente.

Ya no estaba allí solamente para desahogarse.

Esta vez había ido porque quería verlo.

Andrés cerró la puerta y la miró.

—¿Tienes ganas de comer algo?

Fernanda negó con la cabeza.

—La verdad, no tengo hambre.

—Entonces dime qué quieres. Podemos pedir algo o, si prefieres, te preparo algo.

Ella sonrió ligeramente.

—No quiero nada.

—¿Segura?

—Sí.

Hizo una pequeña pausa.

—Solo quería verte.

Andrés se quedó mirándola.

Aquellas palabras significaron mucho para él.

—Entonces hagamos algo —dijo—. Pedimos algo de comer, nos sentamos tranquilamente y conversamos.

Fernanda asintió.

—Está bien.

Andrés pidió algo sencillo.

Mientras esperaban, los dos permanecieron sentados en la sala hablando de cosas pequeñas.

Fernanda le contó algunas cosas de su hijo.

Andrés le habló de su trabajo.

Por unos minutos lograron olvidarse de todos los problemas que los rodeaban.

Cuando llegó la comida, llevaron todo hasta la mesa.

Se sentaron uno frente al otro.

Fernanda apenas probó un poco.

Andrés la miraba.

Parecía querer decir algo.

Finalmente extendió su mano sobre la mesa y tomó la de ella.

Fernanda no la retiró.

Los dos permanecieron así durante unos segundos.

Entonces Andrés habló.

—Fernanda...

Ella levantó la mirada.

—¿Sí?

Andrés respiró profundamente.

—No sé cómo decirte esto.

—Dímelo.

—Siento que estoy enamorándome de ti.

Fernanda se quedó completamente quieta.

Andrés continuó:

—Y no sé cómo evitarlo.

Ella bajó la mirada hacia sus manos.

—Cada noche pienso en ti.

Fernanda sintió que el corazón comenzaba a latirle más rápido.

—Cuando cierro los ojos, te imagino aquí conmigo.

Hizo una pausa.

—Me imagino hablando contigo, riéndonos, compartiendo una comida.

Fernanda lo escuchaba en silencio.

—Y también he imaginado muchas veces que beso tus labios.

Ella levantó lentamente la mirada.

Andrés apretó suavemente su mano.

—Sé que todo esto está mal.

—Sé que tú tienes una relación.

—Sé que Pedro trabaja conmigo.

—Y sé que estamos entrando en un lugar donde podemos terminar lastimando a muchas personas.

Fernanda tragó saliva.

—Pero no puedo fingir que no siento nada.

Ella permaneció callada.

Andrés continuó:

—He intentado convencerme de que esto solamente era una atracción.

—Que iba a pasar.

—Que solamente me llamabas la atención.

—Pero no pasó.

Fernanda sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Al contrario —dijo Andrés—. Cada día pienso más en ti.

—Cada vez quiero verte más.

—Cada vez quiero saber cómo estás.

—Y cada vez que te vas, siento que quiero que regreses.

Fernanda apretó ligeramente su mano.

Andrés la miró directamente.

—Sé que es complicado.

—Sé que es prohibido.

—Pero tengo que ser sincero contigo.

Fernanda respiró profundamente.

Y entonces dijo aquello que llevaba días intentando ocultar.

—Yo también siento lo mismo.

Andrés se quedó en silencio.

—No quería aceptarlo —continuó Fernanda—. Intenté distraerme.

—Intenté concentrarme en mi hijo.

—En mis estudios.

—En la casa.

—En cualquier cosa que me ayudara a no pensar en ti.

Una lágrima recorrió su rostro.

—Pero no pude.

Andrés la miró con ternura.

—Fernanda...

Ella continuó:

—Desde aquella primera vez que hablamos, algo cambió dentro de mí.

—Y después de aquella tarde en tu camioneta, ya no pude dejar de pensar en ti.

—A veces estoy haciendo cualquier cosa y apareces en mi mente.

—Por las noches me acuesto y pienso cómo sería poder hablar contigo sin miedo.

Andrés permaneció escuchándola.

Fernanda respiró profundamente.

—Sé que esto no está bien.

—Sé que tengo muchas cosas que resolver.

—Pero no puedo mentirte.

Lo miró a los ojos.

—Creo que me estoy enamorando de ti.

Andrés apretó suavemente su mano.

Ninguno de los dos habló durante unos segundos.

Había una mezcla de felicidad y miedo en aquel silencio.

Porque los dos sabían que acababan de reconocer algo que ya no podían esconder.

No era solamente una atracción.

No era solamente curiosidad.

Había sentimientos.

Y aquellos sentimientos podían cambiarlo todo.

Andrés se levantó lentamente de su silla y se acercó a ella.

Fernanda no se movió.

Él se quedó frente a ella.

—No quiero que tomes ninguna decisión por mí.

—Quiero que primero estés bien.

Fernanda levantó la mirada.

—Pero tampoco quiero seguir fingiendo que no siento esto.

Andrés sonrió.

—Entonces no lo hagamos.

Fernanda sintió que una lágrima volvía a caer.

Andrés la limpió suavemente.

—Pase lo que pase, quiero que recuerdes algo.

—¿Qué?

—No necesitas convertirte en otra mujer para que alguien te quiera.

Fernanda cerró los ojos.

Aquellas palabras llegaron hasta lo más profundo de su corazón.

Por primera vez en mucho tiempo, sintió que alguien no estaba mirando sus defectos.

Estaba mirando su historia.

Su dolor.

Sus esfuerzos.

Y a la mujer que todavía existía detrás de todas las heridas.

Afuera, el mundo continuaba como siempre.

Pedro estaba trabajando.

Su hijo estaba en la escuela.

La vida seguía.

Pero dentro de aquel departamento, Fernanda y Andrés acababan de reconocer una verdad que ninguno de los dos podía seguir escondiendo.

Se habían enamorado.

Y ahora tendrían que descubrir qué hacer con un amor que había nacido en el momento menos esperado y en las circunstancias más complicadas.

1
Lidia Morales
Me encantó tu novela
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