María solo quería llegar a tiempo a la facultad. Pero después de un accidente, despierta en un mundo que debería existir únicamente dentro de las páginas de una novela.
Ahora es Livia, la hija del medio de una de las familias más poderosas de Nivaria.
Y hay un pequeño problema...
Conoce la historia.
Sabe que su vida está destinada a convertirse en un infierno, que un príncipe terminará destruyendo todo a su alrededor y que alguien que debería haber sido un gran rey acabará muriendo por una traición.
Pero Livia no piensa quedarse de brazos cruzados.
Si el destino ya escribió su final...
ella piensa reescribirlo. ❄️👑✨
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13
La residencia real estaba más iluminada de lo habitual aquella noche.
Desde el carruaje, Livia podía ver las enormes ventanas del palacio resplandeciendo bajo la luz de cientos de lámparas. En los jardines habían colocado pequeños faroles a lo largo de los caminos, y la entrada principal estaba decorada con flores blancas y plateadas.
Todo era demasiado elegante.
Demasiado perfecto.
Y, por alguna razón, eso solo conseguía ponerla más nerviosa.
Livia apartó ligeramente la cortina del carruaje.
—¿Cuánta gente invitaron?
Darian, sentado frente a ella, levantó una ceja.
—¿Quieres la respuesta sincera?
—Sí.
—Demasiada.
Livia suspiró.
—Excelente. Justo lo que quería escuchar.
Elisa soltó una pequeña risa.
—No tienes nada de qué preocuparte.
—Mamá, voy a entrar a un salón lleno de nobles que probablemente llevan años esperando ver este compromiso.
—Y todos estarán demasiado ocupados hablando entre ellos como para prestarte atención.
Livia la miró.
—Eso es exactamente lo que diría alguien que no va a tener que sonreír durante cuatro horas.
Marcus, sentado junto a Elisa, sonrió.
—Puedes sobrevivir.
—¿Y si no?
—Entonces Darian tendrá que sacarte de allí.
Darian levantó las manos.
—¿Por qué yo?
—Porque eres su hermano.
—Eso no significa que quiera cargar con ella.
Livia le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Qué considerado.
—Solo estoy siendo sincero.
El carruaje comenzó a disminuir la velocidad.
Livia respiró profundamente.
Aquella era la noche.
La noche que había leído en el libro.
La noche de su compromiso.
Y, aunque había intentado recordar qué sucedía exactamente durante aquella celebración, su memoria seguía negándose a cooperar.
Sabía que algo importante ocurría.
Algo que, en la historia original, había terminado teniendo consecuencias.
Pero no recordaba qué.
Perfecto.
Había leído aquel libro entero.
Había sufrido por aquella historia.
Había llegado al final indignada.
Y ahora que realmente necesitaba recordar un detalle, su cerebro había decidido tomarse vacaciones.
El carruaje se detuvo.
La puerta se abrió.
Marcus bajó primero y ayudó a Elisa.
Después fue el turno de Livia.
Apenas puso un pie fuera, escuchó el murmullo de varias personas.
Los invitados ya estaban llegando.
Livia alzó la mirada hacia el palacio.
—Bueno...
Darian se colocó a su lado.
—¿Lista?
—No.
—Perfecto. Yo tampoco.
Livia soltó una risa.
—Al menos estamos preparados.
Entraron juntos.
El interior del palacio era todavía más impresionante que el exterior.
Grandes columnas decoraban el salón principal y varias lámparas de cristal colgaban del techo. Las mesas estaban cubiertas con manteles blancos y adornadas con flores. Los sirvientes se desplazaban de un lado a otro con bandejas en las manos.
Y los nobles...
Había demasiados.
Livia reconoció algunos rostros de la novela.
Otros no.
Aquello la hizo sentir un poco incómoda.
Porque cada persona que veía podía ser alguien que había tenido un papel importante en la historia.
O alguien completamente irrelevante.
Y ella no tenía forma de saberlo.
—No mires tanto —murmuró Darian.
—Estoy observando.
—Pareces perdida.
—Estoy observando mientras intento no perderme.
—Eso no tiene sentido.
—Para mí sí.
Darian negó con la cabeza.
—Definitivamente estás rara.
—Ya me lo dijiste.
—Y sigue siendo cierto.
Antes de que Livia pudiera responder, un criado anunció la llegada de otra familia noble.
Las conversaciones disminuyeron.
El ambiente cambió.
Livia levantó la mirada.
El rey Adrián había entrado al salón.
A su lado caminaba la reina Isolde.
Detrás de ellos estaban sus hijos.
Elías avanzaba con la serenidad que se esperaba de un príncipe.
Y unos pasos más atrás estaba Cael.
Livia lo observó.
El príncipe llevaba un traje oscuro con detalles plateados. Su cabello blanco resaltaba bajo las luces del salón y sus ojos celestes recorrieron el lugar hasta detenerse en ella.
Durante unos segundos se quedaron mirándose.
Cael sonrió.
Livia le devolvió la sonrisa.
Darian, que estaba junto a ella, observó el intercambio.
—Ni se te ocurra.
Livia lo miró confundida.
—¿Qué?
—Nada.
—Entonces deja de hablar raro.
Darian sonrió.
—Yo no dije nada.
—Exactamente.
Cael se acercó poco después.
—Buenas noches.
—Buenas noches —respondió Livia.
—¿Estás nerviosa?
—Un poco.
—No parece.
—Porque estoy fingiendo muy bien.
Cael soltó una pequeña risa.
—Entonces eres bastante buena fingiendo.
—He tenido práctica.
Cael la miró unos segundos.
—Estás muy bonita.
Livia se quedó callada.
—Gracias.
Darian tosió exageradamente detrás de ellos.
Cael lo ignoró.
—¿Quieres caminar un poco?
Livia asintió.
Pero antes de que pudieran alejarse, una voz los detuvo.
—Cael.
El príncipe giró.
Adrián lo observaba desde unos metros de distancia.
—Padre.
—Ven un momento.
Cael miró a Livia.
—Ahora vuelvo.
—Claro.
Cael se alejó.
Livia lo observó durante unos segundos antes de volver a mirar el salón.
Y entonces vio a Mariana.
Estaba conversando con varias jóvenes nobles.
Su vestido era elegante, pero no exagerado.
Sonreía.
Parecía completamente tranquila.
Como si nunca hubiera intentado hacerle daño.
Livia sintió una pequeña tensión en el pecho.
No te olvides de quién es.
Mariana levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
Y Mariana sonrió.
Livia respondió con una sonrisa educada.
Nada más.
No iba a permitir que sus sospechas se notaran.
Después de todo, Mariana no sabía nada.
No sabía que Livia conocía el futuro.
No sabía que ella había leído la historia.
Para Mariana, Livia simplemente era la joven con la que Elías estaba comprometido.
Y eso era exactamente lo que Livia necesitaba que creyera.
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La celebración continuó.
Los músicos comenzaron a tocar y los invitados fueron ocupando sus lugares.
El ambiente era alegre.
Había risas, conversaciones y copas que se levantaban constantemente para brindar por la futura unión.
Livia intentaba disfrutarlo.
Realmente lo intentaba.
Pero una pequeña parte de su mente seguía buscando desesperadamente aquel recuerdo.
¿Qué pasaba?
Miró alrededor.
Nada.
Elías estaba conversando con algunos nobles.
Mariana permanecía cerca de él.
Cael hablaba con Darian.
Sus padres estaban juntos.
El rey estaba sentado junto a la reina.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
¿Será que todavía no pasó?
Livia tomó un sorbo de agua.
En ese momento, Mariana se levantó discretamente.
Livia la siguió con la mirada.
La joven se alejó hacia uno de los corredores laterales.
No parecía tener prisa.
Tampoco parecía nerviosa.
Livia dudó.
Podía seguirla.
Pero no tenía ninguna razón para hacerlo.
Y si alguien la veía persiguiendo a Mariana, tendría que explicar por qué.
Así que se quedó en su sitio.
No sabía que, lejos del salón principal, Mariana se había detenido frente a una puerta.
Una figura la esperaba allí.
—¿Todo está listo? —preguntó en voz baja.
—Sí.
—Entonces hazlo cuando te dé la señal.
Mariana asintió.
—No fallaré esta vez.
Después regresó al salón.
Su expresión era exactamente la misma de antes.
Una sonrisa tranquila.
Una mirada amable.
Nadie sospechó nada.
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Livia comenzó a sentirse extraña poco después.
Al principio pensó que era simplemente cansancio.
Había tenido un día largo.
El vestido.
La preparación.
El viaje.
La cantidad de gente.
Todo eso podía estar pasándole factura.
Se llevó una mano discretamente a la sien.
Estoy bien.
Respiró.
Volvió a mirar hacia la mesa.
Las conversaciones continuaban.
Los músicos seguían tocando.
Nada había cambiado.
Entonces el suelo pareció moverse.
Livia parpadeó.
—¿Livia?
Cael estaba frente a ella.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—Estás pálida.
—Solo estoy cansada.
Cael frunció el ceño.
—¿Segura?
—Sí.
Livia intentó sonreír.
Pero la sonrisa le salió más débil de lo que esperaba.
El sonido de las conversaciones comenzó a mezclarse.
Las voces parecían alejarse.
Livia volvió a parpadear.
Esta vez las luces del salón parecieron moverse.
¿Qué está pasando?
Cael se acercó.
—Livia.
Ella intentó responder.
—Estoy...
Su voz salió apenas como un susurro.
Se llevó una mano a la cabeza.
Algo no estaba bien.
Y entonces recordó una cosa.
Una sola.
En el libro, aquella noche no terminaba bien.
Pero antes de poder recordar qué ocurría...
Todo comenzó a volverse oscuro.
de ser así q cael sea el salvador...😅
lo estás haciendo increíble y tú historia me a enganchado....
no pares 👍🏽 lo haces genial y lo importante esq tú lo disfrutes siempre
ánimo y bendiciones
😊