Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.
Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.
Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.
Pero Valentina es diferente.
Ella no se deja intimidar.
No intenta conquistarlo.
No acepta sus órdenes sin discutir.
Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.
Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.
Damián juró que jamás se enamoraría.
Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.
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el regreso de Alejandro
Valentina no consiguió dormir aquella noche.
Las palabras de Damián seguían en su cabeza.
“Me estoy enamorando de ti.”
Nunca imaginó escuchar algo así de un hombre como él.
Damián Ferrer parecía tener una muralla alrededor de su corazón. Era frío, reservado y peligroso.
Pero con ella estaba cambiando.
Y eso la asustaba.
A la mañana siguiente, Valentina bajó al comedor.
Damián ya estaba allí.
Sus miradas se encontraron.
Durante unos segundos ninguno habló.
—Buenos días —dijo finalmente él.
—Buenos días.
Valentina tomó asiento.
—¿Dormiste?
—Poco.
—Yo tampoco.
Ella sonrió.
—¿Por qué?
Damián sostuvo su mirada.
—Por lo que te dije ayer.
Valentina bajó la mirada.
—Yo también estuve pensando.
—¿Y?
Ella respiró profundamente.
—Me importas.
Damián se quedó completamente quieto.
—¿Eso es todo?
Valentina sonrió tímidamente.
—Por ahora.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Damián.
Pero aquel momento duró poco.
Uno de sus hombres entró rápidamente.
—Señor.
Damián se levantó.
—¿Qué ocurre?
—Tenemos un problema.
—Habla.
—Encontramos un vehículo sospechoso cerca de la propiedad.
Damián frunció el ceño.
—¿Lo identificaron?
—No.
—¿La matrícula?
—Falsa.
Damián miró hacia Valentina.
Su expresión cambió.
—Llévala a una habitación segura.
Valentina se levantó.
—No.
—Valentina.
—No voy a esconderme cada vez que aparece un problema.
—Esto no es una discusión.
—Entonces deja de tratarme como si fuera una niña.
Damián se acercó.
—Te estoy protegiendo.
—Y yo quiero ayudarte.
—No puedes.
—Sí puedo.
Él la miró durante unos segundos.
Finalmente cedió.
—Entonces quédate a mi lado.
Unas horas después, Damián recibió una llamada.
—¿Quién habla?
La voz al otro lado soltó una risa.
—¿Ya me olvidaste, sobrino?
Damián se quedó inmóvil.
—Alejandro.
Valentina, que estaba cerca, lo miró.
—Así es.
—¿Qué quieres?
—Lo mismo que he querido durante años.
—¿Venganza?
—Justicia.
Damián apretó la mandíbula.
—No vuelvas a acercarte a mi familia.
—¿Tu familia?
Alejandro soltó una carcajada.
—Qué curioso que ahora hables de familia.
Damián no respondió.
—Tengo algo que te pertenece —continuó Alejandro.
—¿Qué?
—Una verdad.
—Ya conozco tu verdad.
—No.
La voz de Alejandro se volvió fría.
—Todavía no sabes quién mató realmente a tu padre.
Damián sintió un escalofrío.
—¿Qué estás diciendo?
—Ven a verme.
—No.
—Entonces tendrás que descubrirlo tú mismo.
La llamada terminó.
Damián se quedó mirando el teléfono.
Valentina se acercó.
—¿Era él?
Damián asintió.
—Dice que sabe quién mató a mi padre.
—¿Y le crees?
—No.
—Entonces ¿por qué estás preocupado?
Damián levantó la mirada.
—Porque Alejandro siempre dice una parte de la verdad.
Esa tarde, Valentina recibió una llamada de Mateo.
—Vale.
—¿Qué ocurre?
—Necesito verte.
—¿Estás bien?
—Sí, pero descubrí algo.
Valentina se puso seria.
—¿Qué?
—Sobre nuestro padre.
—¿Qué descubriste?
Mateo guardó silencio.
—No quiero hablar por teléfono.
—¿Dónde estás?
—En casa.
—Voy para allá.
Valentina colgó.
Damián la miró.
—¿Qué pasó?
—Mateo encontró algo.
—Voy contigo.
Cuando llegaron al apartamento, Mateo los estaba esperando.
Tenía varios documentos sobre la mesa.
—Encontré esto en las cosas de mamá.
Valentina tomó una carpeta.
—¿Qué es?
—Cartas.
Abrió una.
La letra era de su madre.
“No puedo seguir ocultándole la verdad a mis hijos.”
Valentina continuó leyendo.
“El hombre que todos creen responsable de la muerte de mi esposo no fue quien dio la orden.”
Damián se acercó.
—¿Quién dio la orden?
Mateo negó con la cabeza.
—Eso es lo que no sabemos.
Valentina encontró otra carta.
“Si algo me ocurre, busquen a Rafael.”
Damián frunció el ceño.
—¿Rafael?
Mateo asintió.
—No sé quién es.
Damián miró la fecha.
—Esta carta fue escrita dos días antes de que tu madre muriera.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Crees que la mataron?
Damián permaneció callado.
Mateo respondió:
—Siempre pensé que había muerto de una enfermedad.
Damián tomó la carpeta.
—Tenemos que investigar.
Al regresar a la mansión, Damián reunió a sus hombres.
—Quiero que encuentren a un hombre llamado Rafael.
—¿Apellido?
—No lo sabemos.
—¿Qué sabemos de él?
Damián miró a Valentina.
—Que conocía a su madre.
Los hombres comenzaron a investigar.
Mientras tanto, Valentina salió al jardín.
Necesitaba respirar.
No tardó en escuchar pasos.
—¿Estás bien?
Era Damián.
—No.
Él se sentó junto a ella.
—Yo tampoco.
Valentina apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Mi vida era tan sencilla antes de conocerte.
Damián sonrió.
—La mía también.
Ella levantó la mirada.
—¿De verdad?
—No.
Valentina soltó una risa.
—Eres imposible.
Damián la miró.
—Pero contigo quiero intentar ser diferente.
Valentina sintió que el corazón se le aceleraba.
—Damián...
Él tomó su mano.
—No quiero apresurarte.
—No me estás apresurando.
—¿Segura?
Valentina asintió.
Damián se acercó lentamente.
Esta vez ninguno se apartó.
Sus labios se encontraron en un beso breve y delicado.
Cuando se separaron, Valentina sonrió.
—Eso definitivamente no estaba en el contrato.
Damián sonrió.
—Tendremos que renegociarlo.
Ella soltó una carcajada.
Pero entonces un disparo rompió el silencio.
Damián se levantó inmediatamente y empujó a Valentina detrás de él.
—¡Agáchate!
Otro disparo impactó contra una columna.
Los hombres de seguridad corrieron hacia el jardín.
—¡Señor!
Damián protegió a Valentina.
—¿Estás herida?
—No.
—Quédate detrás de mí.
Un hombre apareció entre los árboles.
Los guardias corrieron tras él.
Pero antes de desaparecer, lanzó algo al suelo.
Damián lo recogió.
Era un sobre.
Dentro había una fotografía.
Valentina la miró.
Era una imagen de su madre.
Y junto a ella aparecía un hombre que ninguno de los dos reconocía.
En la parte posterior había una frase:
“Busquen a Rafael antes de que Alejandro lo encuentre.”
Damián levantó la mirada.
—Tenemos que encontrarlo primero.
Valentina asintió.
Pero ninguno de los dos sabía que, en ese mismo momento, Rafael estaba a punto de entrar nuevamente en sus vidas.
Y él conocía el secreto que podía destruir para siempre a la familia Ferrer.