¿Crees que el destino puede unir a dos personas en el peor momento de sus vidas?
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Capítulo 13: Padre e hija
Valeria no podía apartar la mirada de aquel hombre.
Quince años.
Quince años creyendo que su padre había muerto.
Quince años visitando una tumba que, en realidad, nunca había guardado sus restos.
Y ahora estaba frente a ella.
—Papá… —susurró.
Roberto dio un paso hacia su hija.
—Valeria.
Ella se acercó lentamente y lo abrazó.
Durante unos segundos no existieron los secretos, las amenazas ni Montenegro.
Solo estaban un padre y una hija que se reencontraban después de demasiados años.
Valeria comenzó a llorar.
—¿Por qué nos hiciste esto?
Roberto cerró los ojos.
—Porque quería mantenerlos con vida.
—¡Daniel está desaparecido!
Roberto se separó lentamente.
—Lo sé.
—Entonces dime dónde está.
Roberto miró hacia las vías.
—No puedo.
—¡Es mi hermano!
—Y también es mi hijo.
Su voz se quebró.
—Créeme, Valeria. Daría cualquier cosa por recuperarlo.
Antes de que pudiera continuar, escucharon el sonido de varios automóviles acercándose.
Roberto cambió de expresión.
—Tenemos que irnos.
—No sin respuestas.
—No hay tiempo.
Valeria negó con la cabeza.
—Llevo quince años esperando respuestas.
Roberto la miró fijamente.
—Entonces escucha con atención.
Sacó una pequeña fotografía del bolsillo.
Era una imagen de Daniel.
Pero no era una fotografía reciente.
En ella aparecía Daniel junto a un hombre desconocido.
Valeria reconoció inmediatamente el rostro.
—¿Quién es él?
Roberto respiró profundamente.
—La persona que ayudó a tu hermano a descubrir toda la verdad.
—¿Dónde está?
—Desapareció hace tres semanas.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Por qué todos los que conocen la verdad terminan desapareciendo?
Roberto no respondió.
Entonces se escucharon varios vehículos detenerse cerca de la estación.
—Ya llegaron —dijo.
Tomó a Valeria del brazo.
—Por aquí.
⸻
A pocos metros de la estación, Camila y Esteban observaban desde un automóvil.
—¿Es él? —preguntó Camila.
Esteban asintió.
—Roberto.
Camila respiró profundamente.
—Entonces es verdad.
—¿Qué cosa?
—Que finalmente decidió regresar.
Esteban la miró.
—¿Qué sabes que yo no sé?
Camila guardó silencio.
—Camila.
Ella finalmente respondió:
—Roberto no regresó solamente por Valeria.
Esteban frunció el ceño.
—¿Entonces por qué?
Camila miró hacia la estación.
—Porque encontró a Daniel.
⸻
Roberto y Valeria avanzaban por un viejo túnel debajo de las vías.
—¿Daniel está vivo? —preguntó Valeria.
Roberto no respondió inmediatamente.
—Papá…
—Sí.
Valeria se detuvo.
—¿Dónde está?
—No lo sé exactamente.
—¿Cómo puedes decirme que está vivo si no sabes dónde está?
—Porque fui yo quien lo ayudó a desaparecer.
Valeria sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Qué?
Roberto se giró.
—Daniel descubrió demasiado. Cuando comprendió quién estaba detrás de todo, decidió investigar por su cuenta.
—¿Y tú lo ayudaste?
—Intenté protegerlo.
—¡Pero desapareció!
—Porque si se quedaba contigo, Montenegro habría llegado hasta ti.
Valeria comenzó a llorar.
—Todos decidieron por mí. Tú, Daniel, Esteban… incluso Adrián.
Roberto la miró con tristeza.
—Adrián no sabía toda la verdad.
—¿Qué significa eso?
—Su padre le pidió que te protegiera.
Valeria quedó en silencio.
Entonces recordó aquella primera noche bajo la lluvia.
La forma en que Adrián la había mirado.
La manera en que apareció justo cuando ella lo necesitaba.
—¿Nuestro encuentro fue planeado?
Roberto negó con la cabeza.
—No por mí.
—Entonces, ¿por quién?
Antes de que pudiera responder, escucharon pasos detrás de ellos.
Roberto apagó la linterna.
—Silencio.
Una voz resonó dentro del túnel.
—Roberto.
Valeria reconoció aquella voz.
—No…
Roberto la miró.
—¿Quién es?
Ella no respondió.
La voz volvió a escucharse.
—Sabía que tarde o temprano volverías.
Una silueta apareció al final del túnel.
Era Leonardo Montenegro.
Pero no estaba solo.
A su lado caminaba Sergio.
Y detrás de ellos había otra persona.
Valeria sintió que el mundo se detenía.
Era Adrián.
—¡Adrián!
Él levantó la mirada.
—Valeria, aléjate de ellos.
Roberto tomó a su hija de la mano.
—No confíes en nadie.
Valeria miró a Adrián confundida.
—¿Qué está pasando?
Adrián dio un paso hacia ella.
—Sergio me ayudó a escapar.
Montenegro sonrió.
—Qué conmovedor.
Roberto se puso delante de Valeria.
—Esto termina hoy.
Montenegro soltó una pequeña risa.
—No, Roberto.
Sacó lentamente una fotografía.
—Esto apenas comienza.
Valeria miró la imagen.
Era Daniel.
Pero había algo escrito detrás.
Una dirección.
Y una hora.
Montenegro guardó nuevamente la fotografía.
—Si quieren volver a verlo, tendrán que venir todos.
Roberto palideció.
Adrián miró a Valeria.
Y por primera vez, ninguno de los dos sabía en quién confiar.
Continuará…