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El Matrimonio Que Llore A Escondidas

El Matrimonio Que Llore A Escondidas

Status: Terminada
Genre:Pareja destinada / Amor eterno / Romance / Ángeles / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Luisa Soto Rios

El matrimonio que lloré a escondidas
Una historia real de amor, un bebé milagro y un duelo que nadie vio

NovelToon tiene autorización de Maria Luisa Soto Rios para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el último regalo- sus cenizas y su carta

Después del entierro, yo pensé que ya se había acabado todo. Que ya lo había perdido todo. Que ya no había más dolor que sentir. Pero me equivocaba. Todavía faltaba el último regalo que mi esposo me tenía guardado sin saberlo él.

Cuando a alguien se le muere el esposo, te quedan sus cosas. Su ropa, sus zapatos, su perfume, sus fotos. A mí no me quedó nada de eso. Porque él no vivía conmigo. Él vivía allá adentro. Allá se quedó su ropa, su cobija, su vaso donde tomaba café, todo. A mí solo me quedó su acta de matrimonio, su credencial de esposa, la foto del 23 de octubre y la del 7 de noviembre, y el ultrasonido de nuestro bebé milagro. Eso era todo lo que tenía de él físicamente.

Y me dolía mucho no tener algo de él para abrazar en las noches. Me dolía no tener una camisa suya que oliera a él, un suéter, algo. Le decía a mi suegra "suegra, quisiera tener algo de él para olerlo, para sentir que está aquí conmigo". Y ella me decía "yo también, mija, yo también quisiera tener algo".

Pasaron como dos semanas después del 16 de agosto y nos hablaron de allá adentro. Nos dijeron que habían juntado sus pertenencias y que podíamos ir a recogerlas. Mi suegra no quiso ir, me dijo "ve tú, mija, yo no aguanto volver a ese lugar sin que mi hijo esté vivo ahí". Así que fui yo sola.

Fui con mucho miedo, con el corazón en la mano, con las piernas temblando. Volver a ese lugar donde fui tan feliz el 7 de noviembre y el 12 de diciembre, pero ahora sin él esperándome, era horrible. Hice la fila, pasé las revisiones, y me pasaron a una oficina chiquita, fría, con un escritorio de metal.

El señor que me atendió me puso una bolsa negra de plástico en frente y me dijo "estas son las cosas de su esposo, revíselas". Yo abrí la bolsa con mucho miedo, con mucho respeto, como si estuviera abriendo un tesoro sagrado.

Adentro había poca cosa. Había una cobija delgadita, doblada, que olía a él. Olía a su jabón barato, a su suavitel. Había un vaso de plástico blanco, ya viejo. Había una biblia chiquita, toda subrayada, con anotaciones con su letra. Había unas fotos mías que yo le había mandado, bien dobladitas, bien cuidadas, que se notaba que las veía mucho porque estaban ya aguaditas de tanto agarrarlas. Y había una carta. Una carta doblada en cuatro, escrita a mano, con mi nombre: "Para mi esposa Mari".

Cuando vi esa carta, me solté llorando ahí en frente del señor. Le dije "¿me puedo salir para leerla afuera?". Y me dijo que sí. Salí corriendo de esa oficina con la bolsa negra abrazada y me senté en la banqueta, afuera del lugar, y abrí la carta con las manos temblando.

Era su letra. Su letra fea, chueca, de hombre que no escribe mucho, pero que yo reconocía perfecto porque me había mandado cartitas antes por medio de su mamá.

Decía así, te la voy a copiar como me acuerdo, porque la tengo grabada en mi alma:

"Para mi esposa Mari:

Mi amor, si estás leyendo esta carta es porque algo me pasó y ya no estoy. No quiero que llores mucho, mija, aunque sé que sí vas a llorar porque eres bien chillona, mi enojona bonita.

Quiero que sepas que tú fuiste lo mejor que me pasó en estos 10 años. Antes de ti yo ya estaba muerto aquí adentro, ya no esperaba nada, ya pensaba que me iba a morir solo, sin que nadie me llorara. Y llegaste tú, con tu voz de enojona por teléfono, y me reviviste. Me hiciste volver a querer vivir, me hiciste querer salir para hacerte tu casita, para tener muchos hijos contigo.

Gracias por casarte conmigo el 23 de octubre, gracias por ser la primera mujer en 10 años que vino a verme el 7 de noviembre, gracias por hacerme papá el 12 de diciembre aunque nuestro bebé se haya ido al cielo. Gracias por ser mi esposa de verdad, no solo de papeles.

No estés triste, mija. Si me fui, me fui feliz, porque me fui sabiendo que alguien me amó de verdad, que tuve esposa, que tuve un hijo aunque sea en el cielo. Me fui amado, y no muchos aquí adentro se pueden ir así.

Cuida a mi mamá, te la encargo mucho, es lo único que me queda. Y cuídate tú. No te quedes sola por mí, mija. Si encuentras a alguien que te quiera bonito, que te cuide, que te quiera como yo te quise, no lo dejes ir por estarme llorando a mí. Yo desde el cielo te voy a cuidar y voy a estar feliz de verte feliz.

Te amo con todo mi corazón, mi esposa hermosa, mi enojona, mi Mari. Nunca te voy a olvidar. Espérame en el cielo con nuestro bebé.

Tu esposo que te ama para siempre."

Terminé de leer la carta tirada en la banqueta, llorando a gritos, con la bolsa negra abrazada, con la gente que pasaba viéndome como si estuviera loca. Pero no me importaba. Porque mi esposo me había dejado su último regalo. Su última carta. Su despedida.

Esa carta es mi tesoro más grande ahora. Más que el acta de matrimonio, más que las fotos. Porque es su voz en papel. Es la prueba de que me amó hasta el último día, de que se fue pensando en mí.

Regresé a casa de mi suegra y le leí la carta. Lloramos juntas toda la tarde, abrazadas a la cobija que olía a él. Le dije "suegra, mire lo que me dejó su hijo". Y ella me dijo "te amaba mucho, mija, te amaba más que a nadie".

A los días decidimos cremar una parte de sus cosas y quedarnos con sus cenizas. Porque mi suegra no quiso que se quedara todo en el panteón, quería tenerlo cerquita. Así que pedimos sus cenizas. Nos dieron una cajita chiquita, blanca, bien bonita. Y ahora esa cajita está en la casa de mi suegra, con su foto y con el ultrasonido de nuestro bebé. Porque yo le dije a mi suegra que el bebé tenía que estar con su papá.

Ahora, cuando lo extraño mucho, voy a casa de mi suegra, me siento frente a su cajita, le pongo la carta a un lado y le hablo. Le digo "aquí estoy, mi amor, vine a verte, te traje tu coca que tanto te gustaba". Y siento que me escucha. Siento que está ahí.

Su último regalo no fueron sus cosas. Su último regalo fue enseñarme que el amor no se acaba cuando alguien se muere. El amor se queda. Se queda en una carta doblada en cuatro, en una cobija que huele a jabón barato, en una foto del 23 de octubre, en un ultrasonido de un bebé que solo vivió 3 meses.

Mi esposo se fue, pero me dejó todo su amor aquí, conmigo. Y con eso voy a vivir el resto de mi vida.

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monita
wauu que historia de amor más profundo ,más bonito ,espero que seas feliz ❤️
monita
😰
monita
perdón ,pero cuando tuvieron su visita de pareja ella dijo que era su primera vez 🤔 y ahora dice que ya es madre ???😱😱😱
monita
me pareció repetido 🤔
Carmen Ramos
triste pero ella fue feliz y siendo porque lo recuerda con amor
Carmen Ramos
q hermosa novela de verdad estoy aquí leyendo y llorando
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