Paulo Withmore aprendió muy joven que el amor hay que ganárselo con silencio, con trabajo, con nunca pedir de más.
Siendo muy joven se casó con su mejor amigo de toda la vida, convencido de que por fin había encontrado un hogar propio.
Pero algunas promesas se rompen en silencio y duelen tanto que sientes morir.
Esta es la historia de todo lo que alguien tuvo que perder para finalmente encontrarse a sí mismo y su felicidad.
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22
La oficina de la abogada quedaba en un edificio discreto, sin ningún letrero llamativo en la entrada, algo que Paulo agradeció apenas cruzó la puerta. Se llamaba Anabel Torres, una mujer de unos cincuenta años con el cabello entrecano recogido en una trenza simple y unos anteojos de marco grueso que se quitaba y se ponía constantemente mientras hablaba, como si el gesto la ayudara a pensar mejor.
—Cuénteme qué lo trae por aquí —dijo, una vez que Paulo se sentó frente a su escritorio, con una libreta ya abierta y el bolígrafo listo—. Y tómese el tiempo que necesite.
—Quiero divorciarme de mi esposo, me fue infiel por muchos años. Tenemos un hijo y otro en camino, además estoy marcado.
Algo en la expresión de Anabel cambió de inmediato, la calma profesional dando paso a algo más cauteloso, casi apesadumbrado.
—Está bien. Necesito ser honesta con usted desde el principio, porque prefiero eso a darle falsas esperanzas, siendo usted un omega marcado, este proceso no va a ser sencillo. La ley todavía protege muy poco a los omegas en estos casos, sobre todo cuando es el omega quien busca la separación.
—¿Qué quiere decir con eso exactamente?
—Que su pareja alfa tiene, legalmente, mucho más peso en estos procesos que un omega, incluso cuando existen pruebas claras de infidelidad de su parte. —Anabel se quitó los anteojos, limpiándolos con un pañuelo—. Existe la figura de la demanda de reintegro conyugal, que su esposo podría usar en su contra si decide pelear esto, básicamente, argumentar que el vínculo de la marca lo obliga a usted a mantener la convivencia, sin importar las circunstancias.
—¿Eso es legal? ¿Aunque él me haya sido infiel durante años?
—Lamentablemente, sí. La infidelidad del alfa rara vez pesa tanto en estos tribunales como debería. El sistema todavía está construido, en gran parte, sobre la idea de que el vínculo de marca es sagrado, y que corresponde principalmente al alfa decidir cuándo y cómo se disuelve.
Paulo sintió que algo se le hundía en el pecho, una desesperanza fría distinta a todo el dolor que ya venía cargando.
—Entonces, ¿no hay nada que pueda hacer?
—Hay caminos, pero son más lentos y más difíciles de lo que le gustaría escuchar. Podemos argumentar abandono del hogar de su parte, aunque eso también tiene sus propios riesgos legales. Podemos buscar pruebas documentadas de la infidelidad que sean difíciles de refutar. Pero le voy a ser franca, si su esposo decide oponerse con fuerza, esto puede estirarse años, no meses, y las probabilidades de que un juez falle completamente a su favor, siendo usted el omega, no son tan altas como deberían.
—¿Y mi hijo? ¿Y el bebé que viene?
—Con el niño, podemos pelear por custodia compartida, al menos, aunque incluso ahí los tribunales tienden a favorecer al alfa en casos de disputa real. Con el bebé que espera, sería instinto legal esperar hasta después del nacimiento para definir bien esa parte.
Paulo se quedó en silencio un momento largo, con la magnitud completa de lo que Anabel acababa de describirle instalándose despacio, un peso nuevo sumándose a todo lo que ya cargaba.
—¿Usted ha ganado casos así antes?
—Algunos. No todos. —Anabel lo miró con una honestidad que Paulo agradeció, incluso en medio de tanto desánimo—. Pero le prometo que voy a pelear esto con todo lo que tengo, si usted decide seguir adelante. Solo necesito que entre con los ojos abiertos a lo que representa.
—Quiero...
...***************...
Esa misma tarde, en la casa de sus padres, Henry se sentó frente a Karla con una expresión que no lograba disimular del todo, buscando, sin saber bien cómo empezar, la forma de contarle algo que llevaba días temiendo decir en voz alta.
—Mamá, necesito hablarte de algo.
—¿Qué pasa?
—Paulo lo sabe todo. De Valeria, de Victor, del embarazo nuevo. Y quiere el divorcio.
Karla dejó la taza que tenía entre las manos sobre la mesa, no con la sorpresa que Henry medio esperaba, sino con una tensión distinta, más calculadora, la expresión de alguien reorganizando rápidamente un plan que acababa de desmoronarse.
—¿Cómo se enteró?
—Valeria se lo contó ella misma. Todo, incluso lo de Victor, con foto y todo.
—Le dije mil veces a esa mujer que tuviera paciencia. —Karla se llevó una mano a la sien, cerrando los ojos un momento—. Habíamos manejado esto con cuidado durante años, Henry. Las visitas de Valeria y del niño siempre las organizamos para cuando Paulo no estuviera, revisando su agenda con anticipación. Todo estaba controlado.
—¿Y ahora qué hacemos?
—Ahora contenemos el daño lo mejor que podamos. —Karla se dio vuelta, con una determinación fría reemplazando cualquier rastro de sorpresa anterior—. Debemos evitar que Paulo lo divulgue en los medios. No vamos a dejar que esto se nos salga de las manos ahora, después de tanto esfuerzo por mantenerlo contenido.