Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 13: El bosque de Arlen
Una intensa lluvia caía sobre la mansión Aster.
Las gotas golpeaban los enormes ventanales del despacho del gran duque mientras Cedric observaba el mapa extendido sobre su escritorio.
Su mirada se detuvo en un punto marcado con tinta verde.
El bosque de Arlen.
—¿De verdad quieres enviar una expedición? —preguntó.
Lysandra asintió con seguridad.
—Sí, abuelo.
Cedric permaneció pensativo unos instantes.
Durante toda su vida había aprendido a confiar en los hechos y no en las corazonadas. Sin embargo, desde que su nieta había comenzado a participar en los asuntos familiares, ninguna de sus recomendaciones había resultado equivocada.
Finalmente enrolló el mapa.
—Partiremos mañana al amanecer.
Lysandra sonrió.
Era el primer paso para recuperar una de las mayores riquezas que la Casa Aster había perdido en su vida anterior.
A la mañana siguiente, una pequeña comitiva abandonó la mansión.
Además de Cedric y Lysandra, viajaban varios caballeros, un grupo de exploradores y dos expertos en minería.
Después de varias horas de camino, el paisaje comenzó a cambiar.
Los grandes edificios de la capital quedaron atrás.
Frente a ellos apareció un inmenso bosque cubierto por árboles centenarios.
El aire era fresco y el canto de los pájaros rompía el silencio.
Uno de los exploradores desmontó de su caballo.
—Excelencia, hemos llegado.
Cedric observó el lugar con atención.
—Es más grande de lo que imaginaba.
Lysandra bajó lentamente de la carroza.
Su corazón latía con fuerza.
"En mi otra vida... todo cambió aquí."
La exploración comenzó de inmediato.
Los expertos revisaban las rocas, estudiaban el terreno y tomaban notas.
Sin embargo, después de varias horas, no encontraron nada fuera de lo común.
Uno de los administradores suspiró.
—Con todo respeto, excelencia... creo que este viaje ha sido una pérdida de tiempo.
Otro asintió.
—No hay señales de minerales.
Cedric guardó silencio.
Entonces miró a Lysandra.
—¿Qué opinas?
La niña observó los alrededores.
Recordaba vagamente un detalle.
En los viejos informes que había leído en su vida anterior se mencionaba un enorme roble partido por un rayo.
Miró a su alrededor.
Y entonces lo vio.
—Por allí.
Señaló una colina cubierta de maleza.
Los exploradores intercambiaron miradas confundidas.
—Pero ese terreno es demasiado rocoso.
Lysandra caminó decidida.
—Solo revisémoslo una vez.
Cedric hizo un gesto con la mano.
—Háganle caso.
Los caballeros apartaron ramas y arbustos hasta llegar al pie del viejo roble.
Uno de los mineros golpeó una roca con su martillo.
—¡Clang!
El sonido fue diferente.
Más hueco.
El hombre frunció el ceño.
Volvió a golpear.
Después tomó un pequeño pico y retiró parte de la tierra.
De pronto apareció un brillo azul.
Todos quedaron inmóviles.
—¿Qué es eso...?
El segundo minero se arrodilló apresuradamente.
Limpió la roca con cuidado.
Su rostro palideció.
—¡Cristal de maná!
Los presentes comenzaron a murmurar.
No era un simple mineral.
Los cristales de maná eran utilizados por los magos imperiales para fabricar herramientas mágicas y artefactos de enorme valor.
El minero continuó excavando.
Aparecieron más.
Y más.
Hasta que comprendieron la magnitud del hallazgo.
—¡Excelencia!
—¡No es una veta pequeña!
—¡Es un yacimiento enorme!
Cedric permaneció completamente inmóvil.
Después miró lentamente hacia su nieta.
Ella solo sonrió.
—Parece que el bosque aún tenía un secreto que guardar.
El gran duque soltó una carcajada que resonó por todo el bosque.
—¡Excelente!
Apoyó una mano sobre el hombro de Lysandra.
—Hoy has salvado el futuro de nuestra familia.
Sin embargo, oculto entre los árboles, alguien observaba toda la escena.
Vestía una capa negra y llevaba el rostro cubierto.
Era uno de los espías de Umbra.
Sacó un pequeño cuaderno.
"La niña encontró un yacimiento de cristales de maná que nadie conocía."
"No fue casualidad."
Cerró el cuaderno.
—El maestro querrá escuchar esto.
Sin hacer el menor ruido, desapareció entre los árboles.
Esa misma noche, la noticia comenzó a recorrer la capital.
La Casa Aster había descubierto el mayor yacimiento de cristales de maná encontrado en décadas.
Los comerciantes celebraban.
Los nobles murmuraban.
Y en el Palacio Imperial...
El emperador sonrió al recibir el informe.
—Otra vez esa niña...
Armand, que observaba el cielo desde el balcón, respondió con calma.
—No, Majestad.
No es la suerte la que la acompaña.
Es su capacidad para ver oportunidades donde los demás solo ven un bosque.
Mientras tanto, muy lejos de allí, el líder de Umbra dejó lentamente el informe sobre su escritorio.
Por primera vez, su sonrisa desapareció.
—Tal vez... hemos subestimado a Lysandra Aster.
Y por primera vez desde que aceptó el encargo, comenzó a preguntarse si aquella niña era realmente alguien a quien pudiera derrotar.