Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.
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12
Angie Rojas
La televisión de mi sala parecía un circo mediático montado exclusivamente para desquiciarme.
Ahí estaba Sebastián, sentado en el set del programa de chismes y espectáculos más visto de la tarde, luciendo una camisa blanca impecable pero con un peinado desordenado y una expresión de angustia y sufrimiento minuciosamente estudiada. No había rastro del sujeto arrogante que se burlaba de mí en la biblioteca de la universidad; ahora encarnaba al hombre destruido por el desamor.
—Sé que cometí un error inmaduro en el pasado —decía Sebastián con la voz entrecortada, apretando las manos como si estuviera a punto de romper a llorar frente a las cámaras—. Era un niño estúpido que se dejó llevar por las malas influencias. Pero lo que la prensa no sabe... lo que nadie entiende... es que en el camino me enamoré perdidamente de Angie.
Solté una carcajada amarga, apretando la taza de té con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos.
—¡Es un cínico de primera! —exclamó una de mis amigas, que estaba sentada a mi lado en el sofá.
—Es un actor desesperado —la corregí entre dientes, sin quitar los ojos de la pantalla.
—Esa apuesta comenzó como una tontería —continuó Sebastián, mirando fijamente a la cámara con ojos suplicantes—, pero Angie se convirtió en la luz de mi vida. Me cambió por completo. Si callé todo este tiempo fue por vergüenza, porque no sabía cómo confesarle la verdad sin perderla. Y ahora... ahora mi propio tío, el hombre que debería haberme guiado, se aprovechó de mi error para quitármela y usarla en sus negocios.
La conductora del programa soltó un jadeo dramático, llevándose las manos al pecho.
—¿Estás diciendo, Sebastián, que Leonardo Torres se interpuso entre ustedes dos por ambición?
—Mi tío nunca la ha amado —sentenció Sebastián con una lágrima calculada rodando por su mejilla—. Él no sabe lo que es querer a alguien. Angie está encandilada por su poder, pero sé que en el fondo de su corazón aún recuerda lo que vivimos. Angie, si me estás viendo... te imploro que me perdones. Estoy dispuesto a renunciar a todo con tal de recuperarte.
Apagué el televisor de un manotazo con el control remoto. La indignación me quemaba por dentro. El miserable había dado vuelta a la tortilla en cuestión de minutos: de ser el agresor que se burló de mi dignidad, ahora se presentaba ante todo el país como el joven arrepentido cuyo amor sincero fue saboteado por el despiadado e infame tío millonario. Las redes sociales ya estaban hirviendo con comentarios de televidentes conmovidos por su "sincero arrepentimiento".
Sebastián no quería recuperarme a mí; quería recuperar su reputación, su estatus y el dinero de la alianza. Y para lograrlo, estaba dispuesto a arrastrar mi nombre y el de Leonardo por el suelo.
Mi teléfono comenzó a sonar sin parar. Era Leonardo.
...Leonardo Torres...
El informe de medición de audiencia que mi secretaria dejó sobre mi escritorio era desastroso. Sebastián había logrado lo impensable: transformar una condena social unánime en un melodrama de lástima colectiva.
En menos de una hora, la opinión pública se había dividido. Una parte considerable de los televidentes ahora veía a Angie como una mujer confundida, atrapada en las garras de un poderoso CEO manipulador, mientras que a mí me tildaban de un villano sin corazón que le había robado la novia a su propio sobrino por pura avaricia corporativa.
—Tu sobrino es más astuto para la bajeza de lo que creí —dijo mi hermano, entrando a mi despacho sin llamar, esta vez con una sonrisa satisfecho—. Logró cambiar la narrativa. Si no aclaras este embrollo, la junta directiva no soportará la presión de ser vista como la empresa de un tirano que destroza familias.
—Sal de mi oficina, Tomás —respondí sin mirarlo, marcando el número de Angie.
Apenas me respondió al segundo tono, noté la tensión en su respiración.
—¿Viste el programa? —preguntó Angie con la voz contenida por la rabia.
—Lo vi —dije con mi tono helado habitual, poniéndome de pie y caminando hacia el ventanal—. Tu expareja acaba de montar la actuación de su vida. Ahora la prensa te busca a ti para saber si vas a perdonar al "pobre muchacho arrepentido" o si te quedarás con el "tío malvado".
—Es un maldito mentiroso, Leonardo —siseó ella entre dientes—. Nunca me amó. Solo está desesperado porque se quedó sin nada.
—Lo sé. Pero para el público, él es la víctima del amor y nosotros somos los calculadores que destruimos su felicidad. Si dejamos que esta historia crezca, la presión de los medios obligará a tu padre a retirarte el respaldo y la junta me exigirá un paso al costado.
Hubo un silencio del otro lado de la línea. Sabía cómo funcionaba la mente de Angie; estaba procesando la jugada, buscando las grietas de la estrategia de Sebastián.
—Él quiere un circo mediático, ¿verdad? —dijo Angie de pronto, y pude escuchar cómo el tono de su voz pasaba de la rabia a una calma peligrosa y coqueta—. Quiere jugar a ser el enamorado trágico frente a las cámaras...
—Angie, ¿qué estás pensando? —pregunté, sintiendo un leve cosquilleo de advertencia en la nuca.
—Pensaba que es hora de darle a la prensa lo que realmente quiere ver, "mi cielo" —respondió ella con una risita suave que me puso en alerta de inmediato—. Si Sebastián quiere hacer el papel de enamorado arrepentido, nosotros le enseñaremos cómo se ve una pareja de verdad. Mañana hay una rueda de prensa en la torre, ¿no?
—Sí, para presentar los balances de la filial...
—Perfecto —me interrumpió Angie con determinación—. Prepárate, Leonardo. Mañana vas a tener que ser el novio más devoto, cariñoso y apasionado que este país haya visto jamás. Vamos a aplastar la lástima de Sebastián con un verdadero despliegue de amor.
Colgó antes de que pudiera protestar. Me quedé mirando el teléfono en silencio, apretando los labios. Angie estaba a punto de arrastrarme a un terreno donde yo jamás había jugado: el de las emociones públicas. Y lo peor de todo era que, por primera vez en mi vida, no tenía la menor idea de cómo demonios iba a sobrevivir a sus garras.