NovelToon NovelToon
90 Minutos Para Volver A Tí

90 Minutos Para Volver A Tí

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Romance
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

Dos vidas separadas por un océano de mentiras, secretos y clase social están a punto de cruzarse otra vez. Lo que empezó como una noche que ninguno de los dos podía recordar se convertirá en la verdad que ninguno de los dos está preparado para enfrentar.
Una historia de amor, sacrificio y segundas oportunidades, donde un pequeño rosario de oro guarda el poder de reescribir el destino de dos familias.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dos años de vacío

CAPÍTULO 13 — Hugo:

Habían pasado casi dos años desde el accidente, y sin embargo, para mí, el tiempo no se había movido ni un centímetro desde esa noche en que Bruno entró a mi habitación de hotel con el rostro descompuesto. Los médicos, los psicólogos, los especialistas en duelo que mi club me obligó a ver durante meses, todos hablaban de "etapas", de "procesos", de una supuesta luz al final de un túnel que yo, sinceramente, había dejado de creer que existiera.

No es que no lo intentara. Volví a jugar, incluso, unos meses después del funeral, presionado por el club y por una vocecita interna que me decía que Delfina jamás hubiera querido verme abandonar lo único que, además de ella y de Emilia, había definido mi vida entera. Pero cada gol que hacía, cada festejo, terminaba con un vacío insoportable en el momento exacto en que mi cuerpo, por costumbre, giraba hacia la tribuna buscando unos ojos que ya no iban a estar ahí nunca más.

Dejé de buscar esos ojos después del tercer partido. Dejé de festejar los goles del todo. Me convertí, según decían las crónicas deportivas, en "una sombra del jugador que fui", un profesional correcto pero apagado, que cumplía con lo mínimo indispensable y desaparecía apenas terminaba el entrenamiento.

La casa se volvió mi peor enemigo. Cada rincón guardaba un fantasma distinto: el sillón donde Delfina se sentaba a editar sus videos hasta la madrugada, la habitación de Emilia que terminé cerrando con llave porque no soportaba ver sus juguetes intactos, esperando a una niña que nunca iba a volver a jugar con ellos. Empecé a evitar volver temprano. Empecé a quedarme en bares solitarios, alejados de cualquier lugar donde alguien pudiera reconocerme, bebiendo hasta que el rostro borroso de mis sueños se mezclara con el rostro real de Delfina, hasta que ya no pudiera distinguir cuál de los dos dolores era el que realmente me estaba consumiendo.

Bruno intentó de todo. Me llevó a terapia, me acompañó a cada sesión cuando yo mismo no encontraba fuerzas para salir de la cama. Organizó cenas con viejos compañeros de la Selección, tratando de recordarme que todavía tenía gente que me quería. Nada de eso lograba tocar el fondo real de lo que sentía, esa culpa silenciosa e irracional de haber sobrevivido, de estar vivo mientras las dos personas que más amaba en el mundo habían desaparecido en un cielo despejado sin ninguna explicación que alguna vez lograra satisfacerme del todo.

La fotografía seguía siendo mi obsesión secreta, aunque cada vez la sacaba menos del cajón donde finalmente había terminado guardándola, casi con miedo de lo que pudiera significar remover ese misterio en medio de tanto dolor. Bruno insistía, de tanto en tanto, en que "algún día iba a tener respuestas", aunque nunca me explicaba de dónde sacaba esa certeza tan particular.

Esa noche de invierno, la noche que terminé en el suelo de mi propia cocina rodeado de botellas vacías, no recuerdo haber decidido conscientemente beber hasta perder el conocimiento. Solo recuerdo que hacía tres días que no comía nada sólido, que el aniversario cercano del accidente se acercaba como una sombra que no me dejaba respirar, y que en algún momento de esa noche larguísima simplemente dejé de sentir mis propias piernas.

Desperté días después en una habitación de hospital, con Bruno dormido en una silla incómoda junto a mi cama, con suero corriendo por mi brazo y una sensación de vergüenza tan profunda que por un momento deseé no haber despertado en absoluto.

—Casi no la contás, Hugo —me dijo Bruno, cuando abrí los ojos y nuestras miradas se cruzaron, con una mezcla de alivio y furia contenida que nunca antes le había visto—. Te encontré tirado en el piso de tu cocina. Casi no respirabas.

No supe qué responderle. No tenía excusas, ni justificaciones, ni siquiera fuerzas para fingir que todo iba a estar bien a partir de ahora. Solo sabía que llevaba dos años cargando un dolor tan grande que ya no sabía distinguir dónde terminaba el duelo por mi familia y dónde empezaba algo mucho más oscuro, una desesperanza que se había instalado en mí como una segunda piel.

—No sé cómo seguir, Bruno —le confesé, con la voz rota, mirando el techo blanco de esa habitación de hospital que no era muy distinta de la habitación donde había velado el cuerpo de mi esposa dos años atrás—. No sé cómo se supone que un hombre sigue viviendo después de esto.

Bruno no me dio ninguna respuesta fácil esa tarde. Solo me tomó la mano, con la solidez de casi veinte años de amistad sosteniéndonos a los dos, y se quedó ahí, en silencio, mientras yo lloraba como no lo había hecho desde el día del funeral, sin saber que a apenas unos pisos de distancia, en ese mismo hospital, la pieza que faltaba en mi historia estaba a punto de entrar, sin saberlo tampoco, en mi vida.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play