Una élite de valientes mujeres soldados deberá enfrentar al crimen organizado que intentará matarlas para evitar ser descubiertos. Todo iniciará cuando una capitana del ejército es asesinada de un certero balazo disparado por un francotirador y el misterioso crimen destapa una poderosa mafia que intenta robar las ojivas nucleares que se almacenan en el cuartel, según descubre una chica policía designaba a resolver el extraño homicidio. Ella descubrirá además que esa despiadada mafia involucra a los altos mandos militares quienes a su vez, están vinculados sentimentalmente, entre ellos, complicando aún más las investigaciones. La mujer policía deberá desarticular la mafia y salvar el honor de la división blindada femenina "Las lobas" que maneja los poderosos tanques del ejército. Ellas se verán implicadas en el robo de las ojivas nucleares y de otras armas que son sustraídas sistemáticamente de los hangares militares. Paralelamente la mujer policía deberá definir su vida sentimental, pues su novio es un tipo muy violento, metido siempre en problemas extremadamente celoso y prepotente, y entre otros hombres que la pretenden. Traición, venganza, acción, suspenso, mucho amor, humor y romance se barajan en ésta emocionante historia, "Crimen en el ejército" que atrapará al lector de principio a fin.
NovelToon tiene autorización de Edgar Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10
La capitana Cannon volvió a su oficina, llamada de urgencia, y me dejó sola. -Cualquier cosa que necesite estoy a sus órdenes, capitana-, fue ella muy diplomática y se retiró apurada porque había un caso de un soldado ebrio que se había peleado con varios oficiales y estaba detenido. Necesitaba hablar con el coronel Wayne. Ese sujeto era el jefe de la capitana Marcus, seguramente podría darme luces de lo que ocurrió el fatídico día que mataron a Helen.
La barraca donde estaba la oficina principal de la división blindada no estaba tan lejos. En la entrada, sin embargo el secretario de Wayne me miró de mala manera y me impidió el paso. -El coronel está ocupado-, me dijo incluso con un tono rudo y áspero, tratando de empequeñecerme.
-Dígale al coronel que es un asunto oficial-, me molesté.
El secretario entró a la oficina de Wayne y tardó largo rato dentro. Escuché tosidos, golpes de cajón y maldiciones. -Pase capitana-, me dijo al fin ese tipo que hacía las veces de secretario. Ni le di las gracias, seguí de largo sin mirarlo, ignorándolo por completo.
-¿Por qué tanto misterio coronel?-, saludé a Wayne dándole la mano, tratando de mostrarme distendida y coqueta, cordial y afable, pero coronel me miró fastidiado, con el rostro adusto, chasqueando la boca.
-Tenemos mucho trabajo, capitana ¡qué desea?-, el coronel también era tosco y sin modelas. Ni me invitó a sentarme. No tenía nada de cortesía.
-¿Habían quejas en contra la capitana Marcus?-, me senté en una silleta y crucé las piernas desafiante y sin intimidarme.
-No, ninguna queja, ella era una excelente oficial-, fue cortante Wayne, igual que la teniente Holden o su secretario. Todos parecían hechos de la misma madera.
-¿Marcus tenía enemigos, alguien que la acosaba, quizás un ex novio?-, obviamente esa era una posibilidad probable para cometer semejante homicidio.
-En Fort Green no hay acosadores ni enemigos, capitana-, dio un gran bufido Wayne.
-¿Amante?-, no me dejaba yo amedrentar por los rugidos de ese hombre que se pensaba dominante o un macho cavernícola.
-Eso está prohibido aquí, un romance sería alterar la disciplina del cuartel, capitana-, Wayne estaba ciertamente muy incómodo conmigo.
-¿Hablaba usted con ella, la vio antes del día que la mataron?-, empecé a creer que Wayne también me ocultaba algo.
-Me llevábamos bien con la capitana Marcus, ya le digo, no habían quejas contra ella, y no, no la vi ese día, yo estaba fuera del cuartel-, me subrayó.
Wayne ya no quiso seguir contestando mis preguntas. Se puso de pie y me dijo que tenía mucho trabajo y que me retirara de su oficina. -Siga investigando capitana, quiero tener en mis manos al rufián que mató a Marcus. Ella, como le dije, era una buena oficial y le volaron cobardemente la cabeza. Eso no se lo voy a perdonar a nadie-, fue lo que me dijo Wayne.
Cuando dejé el cuartel quedé en muchas dudas, pero sobre todo empezó a repicar en mi cabeza lo de Fort Green, igual como si fueran campanadas.