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Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Luz de luma

Morir por un golpe en la cabeza no estaba en los planes de Elysia. Despertar en La Sangre de la Corona, el mahwa que leía en secreto, tampoco.

El problema es que no reencarnó como la protagonista. Reencarnó como la comandante del villano. Del hombre destinado a perder la guerra por el trono.

Aster es letal, frío y no malgasta palabras. También es, para su desgracia, exactamente su tipo, al menos hablando de su fisico.

Pero todo se complica cuando recibe una orden imposible: eliminar a Athena, la heroína de la historia, la chica que el guion protege.

Atrapada entre su lealtad, su instinto de supervivencia y un jefe que empieza a mirarla como ningún villano debería, Elysia deberá decidir si acepta el destino... o lo reescribe ella misma.

Porque si va a morir como villana, al menos lo hará peleando.

NovelToon tiene autorización de Luz de luma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 11 — LA HEROÍNA

El día llegó.

Elysia se despertó antes del amanecer, con el estómago revuelto y la mente más despejada de lo que esperaba. Se vistió con cuidado, eligiendo el uniforme de gala que le habían preparado: un jubón negro con detalles plateados, botas altas recién lustradas y el emblema de Aster —la espada y la rama de laurel— prendido en el pecho. Se recogió el cabello castaño en una coleta baja y se miró en el espejo.

La mujer que le devolvió la mirada parecía una comandante. No una impostora. No una lectora de mahwas jugando a ser soldado. Una comandante de verdad.

—Vamos —se dijo a sí misma—. Tú puedes.

El castillo estaba irreconocible. Los pasillos olían a flores frescas, algo que Elysia no había visto nunca allí. Los estandartes colgaban perfectamente alineados. Los sirvientes vestían sus mejores galas. Incluso los soldados parecían más altos, como si la importancia de la ocasión les hubiera estirado las columnas.

Lian la esperaba en el patio principal, con sus dagas enfundadas pero visibles. Llevaba un jubón similar al suyo, aunque sin los detalles plateados.

—Estás pálida —le dijo, a modo de saludo.

—No he dormido bien.

—Nadie ha dormido bien. El señor Aster lleva en pie desde antes que los pájaros.

Elysia miró hacia la torre norte. Imaginó a Aster allí arriba, inclinado sobre sus mapas, preparando cada palabra, cada gesto, cada posibilidad. No dormía porque no podía permitírselo. Porque un paso en falso y todo se derrumbaría.

—¿A qué hora llega? —preguntó.

—El mensajero dijo que al mediodía. Pero con estos viajes nunca se sabe.

El mediodía llegó puntual.

Elysia estaba en la puerta principal del castillo, flanqueada por dos guardias, cuando el vigía de la torre más alta gritó el aviso. Una comitiva se acercaba por el camino del este. Eran seis jinetes, ni uno más ni uno menos. Sin escolta militar. Sin ostentación. Solo seis caballos y una bandera con el águila dorada de las casas menores.

—Qué pocos son —murmuró Lian a su lado.

—No necesitan más. Si vienen en son de paz, cuantos menos vengan, más claro el mensaje.

—O más fácil tender una emboscada.

Elysia no respondió. Observó la comitiva acercarse. Los jinetes vestían ropas sencillas pero bien confeccionadas, en tonos azules y grises. No llevaban armaduras. No llevaban armas visibles. Y al frente, sobre un caballo blanco, venía ella.

Athena.

Era exactamente como la describía el mahwa. Cabello rubio como el trigo maduro, recogido en un moño bajo que dejaba escapar algunos mechones sueltos. Ojos rojos, de un tono profundo que recordaba al vino tinto, enmarcados por pestañas claras. Rostro sereno, de facciones delicadas pero no frágiles. Una belleza que no gritaba, sino que susurraba. De esas que se te quedan grabadas sin saber por qué.

Vestía un sencillo vestido azul marino, sin joyas, sin bordados ostentosos. Solo un colgante plateado con una piedra roja en el pecho. Nada más. Y sin embargo, emanaba una presencia que llenaba el patio.

Elysia sintió un nudo en la garganta. Era ella. La heroína. La mujer que estaba destinada a unir al pueblo, a enamorar a Aslan, a destruir a Aster. Y estaba allí, desmontando de su caballo blanco con la gracia de quien ha hecho ese gesto mil veces.

—Debe ser la comandante —dijo Athena, acercándose con una sonrisa cálida—. He oído hablar de usted.

Su voz era suave, melodiosa. No tenía el filo de Aster ni la ironía de Lian. Era una voz que invitaba a confiar. Y precisamente por eso, Elysia desconfió al instante.

—Lady Athena —saludó, con una inclinación formal de cabeza—. Bienvenida al castillo de su alteza, el príncipe Aster.

—Gracias por recibirnos. El camino ha sido largo, pero hermoso. Estas tierras tienen una belleza salvaje que no se ve en el este.

—Se lo agradezco. Si quiere, la acompaño al salón principal. El príncipe la espera.

Athena asintió. Sus ojos rojos recorrieron el patio, los guardias, las banderas negras, y finalmente se posaron en Elysia. La miró con una curiosidad que no era hostil, sino genuina.

—¿Puedo preguntarle algo, comandante?

—Adelante.

—¿Cuánto tiempo lleva sirviendo al príncipe Aster?

Elysia dudó un instante. La pregunta era inocente, pero venía de alguien que no hacía nada sin motivo.

—Seis años —respondió.

—Seis años. Es mucho tiempo. Debe de conocerlo bien.

—Lo suficiente para saber que no le gusta esperar.

Athena sonrió. Una sonrisa auténtica, o al menos una muy buena imitación.

—Por supuesto. No lo hagamos esperar.

Cruzaron el patio juntas. Lian seguía unos pasos detrás, con las manos cerca de las dagas. Los demás miembros de la comitiva se quedaron en el patio, atendidos por los sirvientes. Solo Athena y una acompañante —una mujer mayor, de cabello cano y expresión severa— entraron al castillo.

El salón principal estaba preparado. La mesa de roble relucía bajo la luz de los candelabros. Los tapices de batallas antiguas cubrían las paredes. Y al fondo, de pie junto a su sillón, estaba Aster.

Elysia lo había visto cientos de veces. En el despacho, en el comedor, en el patio de entrenamiento. Pero hoy era distinto. Llevaba un jubón negro con bordados dorados, botas altas, un cinturón de cuero con hebilla de plata. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás, dejando al descubierto la frente y la mandíbula afilada. Sus ojos grises observaban a Athena con la frialdad de siempre, pero también con algo más. Interés. Cálculo. Evaluación.

—Lady Athena —dijo, sin moverse de su sitio—. Bienvenida.

—Alteza —respondió Athena, haciendo una leve reverencia—. Es un honor que haya aceptado recibirme.

—Siéntese, por favor.

Athena tomó asiento en una de las sillas frente a él. Su acompañante se quedó de pie, detrás. Elysia ocupó su lugar junto a Aster, de pie, con la mano apoyada en la empuñadura de la espada. Exactamente donde él le había pedido que estuviera.

—He leído su carta —dijo Aster, sin preámbulos—. Habla de conciliación. De diálogo. De evitar un conflicto que nadie desea. Palabras bonitas. Pero las palabras bonitas no detienen ejércitos.

Athena no se inmutó.

—Tiene razón, alteza. Las palabras por sí solas no detienen ejércitos. Pero pueden evitar que se formen.

—¿Y cómo propone usted evitar que se formen?

—Hablando. Escuchando. Encontrando puntos en común.

—Mi hermano y yo no tenemos puntos en común.

—Eso no es cierto. —Athena inclinó la cabeza, sin perder la calma—. Ambos quieren lo mejor para el reino. Lo que los separa es cómo conseguirlo.

Aster guardó silencio. Elysia lo observó de reojo. Su expresión seguía siendo ilegible, pero sus dedos tamborileaban ligeramente sobre la mesa. Un gesto mínimo. Algo que solo alguien que lo hubiera observado mucho notaría.

—Hábleme de su propuesta —dijo al fin.

Athena sonrió.

—Mi propuesta es simple, alteza. Un consejo conjunto. Representantes de las casas mayores y menores, de los territorios del este y del oeste, de sus partidarios y de los de su hermano. Un lugar donde hablar antes de empuñar las espadas.

—¿Y quién presidiría ese consejo?

—Usted y el príncipe Aslan. Juntos.

El silencio que siguió fue tan denso que Elysia sintió que podía cortarlo con la mano. Aster no respondió de inmediato. Miró a Athena, luego a su acompañante, luego a Elysia. Sus ojos grises se detuvieron en ella un instante. Como preguntándole algo. Como esperando algo.

Elysia no dijo nada. No podía. Pero sostuvo la mirada.

—Es una propuesta interesante —dijo Aster al fin—. La estudiaré.

—Es todo lo que pido, alteza.

—Le daré una respuesta mañana. Mientras tanto, es mi invitada. Se le ha preparado una habitación. Puede descansar.

Athena se levantó con una reverencia. Antes de salir, sus ojos rojos se encontraron con los de Elysia. Y por un instante, solo un instante, la heroína la miró como si supiera algo. Como si viera algo en ella que los demás no veían.

Luego sonrió y salió.

Elysia se quedó junto a Aster, en silencio, mientras la puerta se cerraba.

—¿Qué has visto? —preguntó él, sin mirarla.

Elysia respiró hondo.

—He visto a alguien que cree de verdad en lo que dice. O que es la mejor actriz que he conocido.

—¿Y cuál de las dos opciones te inclina más?

—No lo sé todavía. Pero quiero averiguarlo.

Aster asintió lentamente.

—Hazlo. Mañana quiero tu informe.

Elysia salió del salón con la mente a toda velocidad. La heroína estaba allí. La había visto. Le había hablado. Y no era una villana de caricatura ni una santa inmaculada. Era una mujer real, con una propuesta real y unos ojos rojos que parecían leer el alma.

Mientras caminaba por el pasillo, se hizo una promesa a sí misma: no se dejaría llevar por lo que sabía del mahwa. Juzgaría a Athena por lo que hiciera en este mundo. Por lo que dijera. Por lo que demostrara.

Pero una voz en su interior, la voz de la lectora que conocía el final, le susurró que no bajara la guardia.

Porque las heroínas también saben mentir.

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Noé sanchez
me muero por saber que pasa a continuación autora por favor continúe la historia!!
Elysia: muchas gracias 😭 hoy justo subi este cap, el prox es el domingo, peroooo a lo mejor sin confirmar nada, talvez subo otro antes
total 1 replies
Elysia
Me voy a autopuntear porque es mi creación favorita
Cliente anónimo
NECESITO MAAAAAAS
Cliente anónimo
y si tiene hambre?
Cliente anónimo
owwww
Cliente anónimo
soy yo
Cliente anónimo
lei pelon 😭
Cliente anónimo
Toco decirle chachorro
Cliente anónimo
aja
Cliente anónimo
curioso
Cliente anónimo
padres en común nomas
Cliente anónimo
se pueden ambas?
Cliente anónimo
ni los muertos andan en paz creo
Cliente anónimo
nah, la vecina
Cliente anónimo
como habrá crecido una comandante así?
Cliente anónimo
tons no era de los ovnis?
Cliente anónimo
bueno, al menos le sirve
Cliente anónimo
Detallitos....
Cliente anónimo
me robare el decir "no era un cumplido, era una observación"
Cliente anónimo
de chivo o como?
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