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Me casé con el hermano de mi ex

Me casé con el hermano de mi ex

Status: Terminada
Genre:Centrado emocionalmente / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:56.8k
Nilai: 5
nombre de autor: NocheCeniza

**Emilia Solís** nunca imaginó que la fiesta de cumpleaños de su novio sería la peor noche de su vida.

Cuando descubre a Nico besándose con otra mujer en el balcón de la mansión familiar, una voz grave y tranquila le ofrece una salida:

—¿Lo confrontamos… o nos vamos?

Es **Héctor Montero**, el hermano mayor de Nico. Cirujano cardiovascular. Treinta años. Brillante, guapo, inalcanzable.

Y, aparentemente, dispuesto a casarse con ella.

"En la familia Montero hay más de un heredero," le dice con una media sonrisa que no debería hacerla temblar.

Lo que empieza como un matrimonio de conveniencia —un acta de matrimonio firmada en el Registro Civil, dormitorios separados, distancia educada— se transforma, lentamente, en algo que Emilia no puede controlar. Héctor le deja comida de su restaurante favorito en la mesa. Le ilumina el camino con las luces del coche cuando ella cruza el campus de noche. Le compra exactamente los dulces que le gustan sin que ella se lo haya dicho jamás.

Porque Héctor Montero tiene un secreto.

Un secreto que se esconde detrás de una sola letra: **H**.

Los dulces de limón que misteriosamente aparecían en su pupitre de la preparatoria. Los libros de texto reemplazados cuando alguien se los destruía. Los zapatos de plata que llegaron sin remitente. Todo firmado con una sola inicial: **H**.

Y en un banco de un parque en Berlín, bajo la nieve de diciembre, Emilia encontrará la verdad tallada en la madera:

*"Deseo que mi pequeña Mili sea feliz para siempre. — H."*

Él no la eligió por conveniencia.

Él la eligió hace diez años.

**Beso a fuego lento** es una historia de amor secreto, dulzura doméstica y revelaciones que te harán llorar. Para las que creen que el verdadero romance no necesita gritos, sino la paciencia de quien te ha amado en silencio toda la vida.

NovelToon tiene autorización de NocheCeniza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13

Impulsiva por él

Emilia volvió a Oaxaca con una pregunta guardada en la garganta.

No le dijo a Carmen que viajaba. No le dijo a Nico, aunque él seguía mandando mensajes cada dos días con una mezcla de enojo y falsa paciencia. A Héctor tampoco le escribió. Solo compró un boleto de autobús para el primer día libre, metió ropa cómoda en una mochila y llegó a la casa de Abuelita Consuelo cuando el sol ya caía sobre las paredes amarillas del centro.

La puerta de madera se abrió antes de que tocara por segunda vez.

—Mijita.

Abuelita olía a jabón de lavanda, hilo de algodón y chocolate tostado. Emilia dejó la mochila en el piso y se hundió en sus brazos.

No lloró.

Con Abuelita no hacía falta llorar para que la entendieran.

—Vienes flaquita —dijo la mujer, tocándole la cara—. Eso en la capital le dicen moda, pero aquí le decimos no comer.

—Comí en el camino.

—Eso no cuenta.

Diez minutos después, Emilia estaba sentada en la cocina con una taza de champurrado y un plato de pan de yema. El patio interior olía a azahar. Las flores blancas temblaban con el aire de la tarde, y por primera vez en días el ruido de su cabeza bajó de volumen.

Abuelita no preguntó por Nico.

Eso fue lo que hizo que Emilia quisiera contarlo.

—Terminé con él —dijo, mirando la taza.

La cuchara de Abuelita se detuvo.

—¿Te hizo daño?

No preguntó "¿qué hiciste?". No preguntó "¿segura?". Fue directo al centro.

Emilia tragó saliva.

—Sí.

Abuelita dejó la cuchara, caminó hasta ella y le acomodó un mechón detrás de la oreja.

—Entonces hiciste bien.

Tan simple.

La aprobación le aflojó algo en el pecho que ni Daniela había logrado tocar.

Esa noche, mientras Abuelita preparaba la habitación, Emilia subió al pequeño cuarto donde guardaban telas, cajas de hilos, vestidos antiguos y bolsas con retazos. Buscaba una cobija ligera, pero al abrir el armario del fondo vio una funda de manta colgada en el extremo.

La reconoció antes de tocarla.

El vestido artesanal.

Se lo habían entregado cuando cumplió diecisiete años. Nico, o eso creyó ella, lo había mandado a Oaxaca con una tarjeta impresa: "Para que no olvides de dónde vienes". En aquel entonces le pareció el gesto más hermoso del mundo. Un chico de CDMX, de familia rica, recordando sus raíces sin burlarse de ellas.

Por eso lo guardó como un tesoro.

Emilia bajó la funda con cuidado y abrió el cierre.

La tela respiró en sus manos: algodón suave, bordado fino en tonos azul profundo y blanco, flores mínimas alrededor del cuello, y en la cintura unos broches de plata con forma de puentes. Puentes pequeños, delicados, hechos no para presumir, sino para que alguien que mirara de cerca entendiera.

Puentes.

Su apellido no era Puente, pero Abuelita siempre decía que Emilia había nacido para cruzar de un mundo a otro sin romperse en medio. Cuando vio esos broches por primera vez, pensó que Nico había escuchado alguna historia familiar.

Ahora la idea le pareció absurda.

Nico nunca escuchaba tanto.

Abuelita apareció en la puerta.

—Ah, lo encontraste.

—¿Tú lo guardaste aquí?

—Claro. Esa pieza no se deja doblada en cualquier cajón.

Emilia pasó los dedos sobre el bordado.

—Abuelita, cuando llegó… ¿recuerdas quién lo mandó?

La mujer frunció los labios.

—Un mensajero. Traía recibo de taller, pero no nombre de comprador. Tú dijiste que era del joven Nicolás y yo no quise meterme.

—¿No decía Montero?

—Decía pagado en CDMX. Nada más.

Abuelita tomó la cintura del vestido y la extendió con cuidado.

—Eso sí, estaba hecho a tu medida. No como ropa comprada al tanteo. Mira la pinza de aquí, el largo de la manga, el espacio para que crecieras un poquito sin que perdiera forma. Quien lo encargó sabía cómo eras entonces, o llevó medidas muy exactas.

Emilia recordó que a los diecisiete casi nadie sabía su talla real. Carmen le compraba ropa grande "para que durara"; Nico solía decir que cualquier cosa le quedaba bien porque era pequeña.

Ese vestido nunca le quedó grande.

Emilia sintió frío en las manos.

Sacó el celular.

Nico había mandado un mensaje esa mañana.

Nico: Cuando se te pase el berrinche, hablamos.

Emilia abrió la aplicación bancaria. Calculó un monto alto, más de lo que podía gastar sin pensar, pero menos de lo que el vestido valía. Luego escribió:

Emilia: Te transferí lo del vestido oaxaqueño que me regalaste cuando cumplí diecisiete. No quiero quedarme con nada tuyo.

Adjuntó el comprobante.

La respuesta tardó tres minutos.

Nico: ¿Cuál vestido?

Emilia se quedó mirando la pantalla.

Abuelita se acercó.

—¿Qué pasó?

Emilia no respondió. El celular vibró otra vez.

Nico: ¿Ahora también inventas regalos para hacerte la víctima?

Nico: Si quieres devolverme algo, empieza por los dos años que perdí contigo.

Emilia apagó la pantalla.

La vergüenza que esperaba no llegó.

Llegó otra cosa. Una pieza cayendo en su lugar.

Si Nico no sabía del vestido, entonces la tarjeta no era de él. Si la tarjeta no era de él, alguien más había sabido que el cumpleaños le dolía porque Carmen siempre lo olvidaba. Alguien más había elegido bordados de Oaxaca, broches de puentes, una frase exacta para tocar el lugar donde ella guardaba su hogar.

No podía pensar en Héctor.

No debía.

Pero el recuerdo apareció de todos modos: la entrada sur de la universidad, los dulces de limón, la luz del coche, la mandarina pelada, su voz diciendo que había decisiones que quería tomar desde hacía mucho.

Emilia colgó el vestido de nuevo con manos cuidadosas.

—Abuelita —dijo—, ¿una mujer puede ser impulsiva y aun así no estar equivocada?

Consuelo la miró largo rato.

—Depende. Si corre porque tiene miedo, se cae. Si corre porque por fin vio el camino, llega.

Esa noche llovió.

La lluvia golpeó las tejas del patio y llenó la casa de un olor limpio, verde, mezclado con azahar. Emilia durmió en la habitación de siempre, bajo una colcha tejida por Abuelita, con el vestido colgado al otro lado del cuarto como una pregunta blanca.

Soñó con Oaxaca.

Soñó que caminaba por una calle empedrada bajo la lluvia, sin paraguas, con el agua pegándole el cabello a la cara. A su lado, Héctor avanzaba despacio, sosteniendo su ritmo. No llevaba bata ni traje. Solo una camisa oscura con las mangas dobladas y esa calma suya que parecía saber dónde terminaba cada calle.

—Te vas a mojar —le decía ella en el sueño.

—Ya estoy mojado.

—Entonces corre.

—No si tú caminas.

En el sueño, Emilia se reía. Una risa ligera, de esas que no pedían permiso.

Despertó antes del amanecer con el sonido de la lluvia apagándose.

El cuarto estaba gris. El vestido seguía colgado en el armario abierto. El celular descansaba sobre la mesa, con el chat de Héctor sin abrir desde hacía días.

Emilia se sentó en la cama.

Pensó en Nico preguntando "¿cuál vestido?". Pensó en Carmen hablando de oportunidades como si el amor fuera una escalera. Pensó en Héctor arrodillado para limpiar café, no para humillarla ni impresionar a nadie, sino porque algo se había derramado y había que hacerse cargo.

Tomó el celular.

No escribió todavía.

Primero respiró, miró el patio mojado y escuchó a Abuelita encender la cocina.

Después abrió el chat de Héctor.

Esta vez, Emilia ya sabía qué decisión había tomado.

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Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela muchas felicidades hermosa un amor increíble de el a ella espero sigas escribiendo con sabiduría y entendimiento y logrando muchos éxitos más para ti un abrazo
Tere Jimenez
hermoso final gracias felicidades
Tere Jimenez
a qué buena esta la novela muchas felicidades
Miriam Ibarra
Me encantó !FELICIDADES!🤩 !EXCELENTE TRABAJO!💥✨
Graciela Saiz
ya la protagonista me desagrada , cual es la gravedad en que el la quisiera desde niños , no me cuadra , debería sentirse alagada que la amo toda su vida 😡,
Graciela Saiz
cuando piensan decir que son esposos 🤔
Graciela Saiz
Ay Dios ! necesito acción entre esos dos ! romance! el la ama !!
Graciela Saiz
a veces eres bastante estúpida querida , me parece que ni te mereces alguien como Héctor 😡
Graciela Saiz
pero que chica tarada ! ni las gracias puede darle 😡
Estefaniy Idrogo
pregunta que es champachurro y pan de yema soy de Venezuela y es la primera vez que lo oigo y me picó el bicho de la curiosidad
Estefaniy Idrogo
esta enamorado ahh que bello y ella se viene dando cuenta es ahora 🥰
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