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El Deber Del Duque Transmigrado

El Deber Del Duque Transmigrado

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Duque / Edad media
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Tiinii_1605

Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.

Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.

Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.

Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.

NovelToon tiene autorización de Tiinii_1605 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15:Especia. La corona de espinas y la última ilusión

El reflejo del espejo de cuerpo entero me devolvía la imagen de una mujer nacida para gobernar. Ajusté los pliegues de mi vestido de seda azul imperial, bordado con hilos de plata que destellaban con la luz de las velas. Portaba las joyas más valiosas del ducado, piezas que legalmente pertenecían a la casa Ashford, pero que yo lucía con la elegancia que solo la sangre real de la dinastía podía reclamar.

Sin embargo, detrás de mi compostura impecable, una rabia sorda y envenenada me devoraba por dentro.

«Esa maldita mujer... esa intrusa insignificante sigue interponiéndose en mi camino», pensé, apretando los puños con tal fuerza que mis uñas se clavaron en las palmas de mis manos.

Alexander. El nombre de mi duque resonaba en mi mente como una melodía sublime y una condena a la vez. Desde la primera vez que lo vi regresar victorioso del campo de batalla, erguido sobre su corcel blanco, con la armadura teñida de gloria y esos ojos celestes tan fríos como el hielo de las montañas del norte, supe que era el único hombre digno de sostener mi mano. Yo no deseaba a un noble servil que se arrodillara a pedir mis favores; deseaba a un león, a un conquistador, a un estratega cuyo intelecto y poderío militar estuvieran a la altura de mi ambición.

Él debía ser mío. El ducado de Ashford debía ser mío.

Pero Alexander cometió el error de unirse a Elena, una mujer tibia, vacía, sin el menor brillo de astucia ni rango para llevar la corona ducal. Durante años tuve que tragarme el orgullo, observando desde la distancia cómo ella ocupaba el lugar que la providencia me había reservado a mí. Por eso, cuando estalló la guerra en el norte y Alexander marchó al frente, vi la oportunidad perfecta para reclamar lo que por derecho me pertenecía.

Aproveché cada carta oficial de la corte para esparcir el rumor entre los aristócratas. Hice creer a la alta sociedad que el Duque me había tomado a mí como su verdadera consorte y señora del ducado, desplazando a Elena a la nada. La nobleza, siempre hambrienta de favores reales, creyó sumisa cada una de mis palabras.

El clímax de mi plan debía haber sido el tercer cumpleaños del pequeño Theo. Organicé la fiesta en la terraza superior con una precisión siniestra. Pagué a uno de los sirvientes personales de Gerald para que manipulase los bloques de piedra de la balaustrada y provocara el "accidente" del niño.

Todo estaba fríamente calculado: el bastardo caería al vacío, la culpa recaería sobre el descuido de Elena y yo me alzaría como la figura compasiva que consolaría la pérdida de la familia ducal. Pero Elena, impulsada por un instinto estúpido y desesperado, logró sujetar al mocoso en el último segundo.

Recuerdo la furia helada que me recorrió cuando vi a la criatura a salvo. Tuve que improvisar de inmediato ante los nobles. Alcé la voz, derramé lágrimas teatrales y grité a los cuatro vientos que Elena había intentado arrojar a su propio hijo al abismo, cegada por el despecho y la locura de saberse rechazada por Alexander. Los nobles, imbéciles como siempre, se tragaron la mentira enteros.

Logré despojarla de sus aposentos principales. La envié a la casona secundaria, un antro mugriento destinado a la servidumbre de los invitados, para que la vergüenza y el encierro terminaran de quebrarla.

Sin embargo, mi victoria estaba incompleta. Una pieza crucial, la más importante de todas, seguía escapándose de mis manos: el sello ducal de hierro.

Envié a Gerald con los guardias imperiales a registrar esa casona de arriba a abajo. Volcaron los muebles, rompieron las telas y registraron cada rincón sin encontrar absolutamente nada. Cuando Gerald regresó con las manos vacías, estuve a punto de arrojar la vajilla de porcelana contra la pared en un ataque de histeria.

«¡¿Dónde demonios guardó esa arpía el sello?!», me pregunté una y otra vez, paseando frenéticamente por el salón.

Necesitaba el sello ducal con desesperada urgencia. Sin ese trozo de hierro grabado, no podía tomar el control legal de las tierras del norte, ni disponer de las arcas financieras de los Ashford, ni firmar los decretos de anexión al trono. En todo el Imperio, solo existía una figura cuya autoridad estaba por encima del sello ducal: mi padre, el Emperador.

Pero recurrir al Emperador era absolutamente imposible. No podía ir ante el trono a confesar que Alexander jamás me había entregado el sello y que Elena lo mantenía escondido. Si mi padre descubría la verdad, mis mentiras sobre mi supuesto matrimonio con el Duque se desmoronarían como un castillo de naipes, y la ira del trono caería sobre mí.

Estaba acorralada, obligada a mantener la farsa pública mientras buscaba desesperadamente la manera de arrebatarle el sello a Elena.

Por eso, cuando la vi entrar ayer al salón del té, vestida con ese lamentable trapo gris, despeinada y con los ojos hinchados de tanto llorar, sentí una satisfacción casi voluptuosa.

Ver a la Duquesa de Ashford arrastrándose a mis pies, sollozando y admitiendo su derrota, fue el espectáculo más delicioso de mi vida.

—Rindo mis armas, Su Alteza... —Había suplicado la muy idiota, con la voz quebrada por la humillación—. Les cedo la administración completa de la propiedad... Solo pido que me permitan marcharme en paz con mi hijo a la finca del sur.

Observé su rostro devastado y disfruté cada segundo de su rendición. Elena creía que retirarse al sur, bajo el pretexto de curar las falsas fiebres del niño, le otorgaría la salvación y el olvido. Pensaba que aislándose en el campo lograría escapar de mis garras.

Qué patética. Qué ridículamente ingenua.

—Me parece una decisión sumamente acertada, Elena —le respondí en su momento, manteniendo la máscara de la benevolencia real mientras le concedía los catorce días de plazo que pedía para la partida.

En cuanto Elena abandonó el salón con la cabeza baja, me volví hacia Gerald, quien mantenía una sonrisa maliciosa en los labios.

—Su Alteza —susurró Gerald, acercándose a mi sillón—. ¿De verdad permitirá que esa mujer y el bastardo se retiren con vida a la provincia del sur?

—¿Tomarme por una tonta, Gerald? —sonreí con frialdad, tomando una copa de vino tinto—. Dejar que se marche es la mejor oportunidad que esa arpía nos ha servido en bandeja de plata.

—No lo comprendo, Señora.

—Es muy sencillo —expliqué, acariciando el borde de la copa—. Si Elena muere dentro de este palacio o en la capital, todas las sospechas recaerán sobre nosotros. Los leales a Alexander armarán un escándalo en el Senado y el Emperador enviará una investigación imperial que no nos conviene. Pero si se marcha... si la dejamos llegar a esa finca aislada en el sur, la historia cambia por completo.

Gerald entreabrió los ojos, comenzando a entender la perversidad de mi plan.

—Dejaremos que viaje tranquila —dictaminé con un tono implacable—. Que se instale en esa vieja casa de campo durante un par de días. Y entonces, ejecutaremos el acto final. Pagarás a hombres de absoluta confianza para que entren a la finca por la noche.

—¿Y cuál será la versión oficial para la nobleza, Su Alteza? —inquirió Gerald con codicia.

—La versión oficial será poética y trágica —me reí entre dientes, saboreando las palabras—. Diremos a la corte que la Duquesa Elena, consumida por la locura, el aislamiento y el despecho de saber que Alexander la repudió para unirse a mí, perdió por completo el juicio en esa finca solitaria.

Hice una pausa dramática, imaginando el titular que recorrería las provincias del imperio.

—Anunciaremos que la loca Duquesa ahogó a su propio hijo con sus manos y luego se quitó la vida, incapaz de soportar la vergüenza y el remordimiento —concluí con una mirada calculadora—. Un trágico filicidio seguido de suicidio. Cuando estén ambos muertos, mis hombres registrarán los cadáveres y la finca entera hasta encontrar el sello ducal. Sin heredero y sin esposa, Alexander quedará completamente solo... y no tendrá más opción que regresar del frente y caer rendido en mis brazos para salvar el honor de su linaje.

Gerald soltó una reverencia profunda, admirado por la crueldad impecable de mi estrategia.

—Es una obra de arte, Su Alteza. La nobleza se compadecerá de usted y del Duque por semejante desgracia familiar.

—Así es —asentí, mirando a través de la ventana hacia la casona secundaria donde Elena permanecía encerrada—. Que disfrute sus últimos catorce días de ilusión. Cree que está preparando su escape, pero en realidad solo está marchando directo hacia su propia tumba.

Cerré los puños, imaginando el momento en que Alexander regresara de la guerra. Yo estaría esperándolo en la entrada del palacio, luciendo el luto oficial, lista para consolar su dolor y tomar definitivamente el lugar de consorte que siempre me perteneció.

Nadie ni nada me quitaría al Duque de Ashford.

1
Arely Castañeda
ya sospechaba algo de julina y ve estaba enamorado de Elena😱
Arely Castañeda
me encanta
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
Arely Castañeda
mas por favor
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
Arely Castañeda
que emoción 🤭
Isabel Cuatindioy
👏👏👏👏👏
jaime pinto ramirez
espero que todo salga bien /Pray//Pray/
jaime pinto ramirez
cómo es posible que el emperador permita todo lo que está haciendo su hija, o no lo sabe ? /Speechless/
jaime pinto ramirez
que bueno que tenga algo de ayuda en su casa y así no se desanime
Arely Castañeda
mas por favor👏
Kira Javan
será que el hermano quería el ducado? Envidia? o quería a Elena y la casaron con el duque? mmmm buena trama suspenso 🙈
Kira Javan
🤷 creo yo que vamos bien y no tan larga pliss 🙏 🙈😂
Arely Castañeda
/Angry/
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
Arely Castañeda
mas por favor 👏😭
Arely Castañeda
por diossss👏 ya que se los lleve
estos acabarán amándose mucho
Arely Castañeda
maldita loca
Arely Castañeda
😭😭😱😱😱😱
Arely Castañeda
que nervios
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
Arely Castañeda
ya quiero que salgan de ahí
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello
jaime pinto ramirez
interesante inicio
Cosass UNI
Interesante
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