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¿ESTE ES MI FINAL?

¿ESTE ES MI FINAL?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Padre soltero
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Reencarné dentro de la novela que más amaba, pero no como la heroína. Soy la hija del duque más temido y odiado del imperio — un personaje que ni siquiera debería existir. No conozco mi final, pero sí sé una cosa: protegeré a mi familia aunque el mundo entero se ponga en mi contra.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mariposas

Era uno de esos días en que la mansión respiraba despacio.

Sin visitas. Sin reuniones urgentes. Sin Sheins apareciendo con una pila de libros y la expresión de alguien que considera que el tiempo libre es un concepto sospechoso. Solo el sonido del viento entre los árboles del jardín y la luz de la mañana cayendo sobre el pasto sin prisa.

Nazaria había decidido aprovecharlo.

—Rame, ven.

Rame levantó la vista del libro que estaba leyendo en la biblioteca con la expresión de alguien a quien acababan de interrumpir en la parte más interesante.

—¿A dónde?

—Al jardín. Llevas cuatro días seguidos entre estas cuatro paredes.

—Estoy leyendo.

—El libro va a seguir ahí cuando vuelvas. Tú también necesitas aire.

Rame la miró con esa evaluación silenciosa que todavía usaba cuando no estaba seguro de algo.

«No le digas que tienes razón», pensó Nazaria. «Eso solo lo va a hacer más terco.»

—Crista va a traer una canasta con comida —añadió.

Rame cerró el libro.

«Predecible.»

«Adorablemente predecible.»

......................

Se instalaron debajo del árbol más grande del jardín lateral — el que estaba más cerca del muro norte, rodeado de un campo de flores silvestres que crecían sin el orden deliberado de las rosas y que por eso se veían, curiosamente, más libres. Crista extendió una manta grande bajo las ramas, colocó la canasta en el centro y se sentó a un lado con su costura, con la postura de alguien que está presente pero sabe cuándo no interferir.

El caballero Kein estaba de pie a la sombra de los árboles del borde, lo suficientemente cerca para que su presencia fuera un hecho y lo suficientemente lejos para que no se sintiera como una supervisión.

—Kein —llamó Nazaria—, ¿por qué hay tantos árboles de este lado?

—Detrás del muro está el bosque Dark Shadow, señorita —respondió el caballero—. Los árboles de este lado crecieron solos, siguiendo las raíces de los del bosque. Llevan aquí más tiempo que la mansión.

Nazaria miró los árboles con una atención nueva.

«El bosque Dark Shadow empieza justo del otro lado de ese muro.»

«Elfos. Bestias. Cosas que nadie del ducado va a ver hasta que la historia avance considerablemente.»

«Por ahora, solo árboles.»

—¿Alguna vez has ido al bosque? —le preguntó a Rame.

—No. —Una pausa—. Vi la entrada una vez, cuando vivía en el mercado. Desde lejos. Nadie se acerca.

—¿Le tenías miedo?

Rame consideró la pregunta con honestidad.

—No exactamente. —Miró los árboles—. Se sentía como si el bosque te mirara de vuelta. Eso es diferente al miedo.

«Exactamente así.»

«Y tiene razón en que es diferente.»

—Vamos a ver las flores —dijo Nazaria, poniéndose de pie.

Tomó a Rame de la mano y tiró de él hacia el campo abierto antes de que pudiera protestar.

—Despacio, señorita Nazaria —dijo Crista desde la manta sin levantar la vista de su costura—. No corra, que se va a caer.

Nazaria soltó la mano de Rame cuando llegaron al centro del campo y se detuvo, girando despacio sobre sí misma con los brazos ligeramente abiertos.

Un viento vino suave desde el norte.

Y con el viento llegaron las mariposas.

Salieron de entre las flores como si hubieran estado esperando exactamente ese momento — docenas de ellas, de distintos tamaños y colores, subiendo al aire en una nube desordenada y brillante que rodeó el campo entero en cuestión de segundos.

Nazaria se detuvo.

«Waaa.»

«Esto es real. Esto está pasando de verdad.»

«No en una novela. En mi jardín. En mi vida.»

Se quedó quieta en el centro de todo, con el viento moviendo su cabello castaño y las mariposas volando a su alrededor, y sintió algo en el pecho que no era exactamente felicidad sino algo más amplio que eso. Algo que no tenía un nombre bueno en ninguno de los dos idiomas que conocía.

—¿No te parece hermoso, Rame?

Se dio la vuelta para buscarlo.

Rame estaba a unos metros, parado en el campo, mirándola.

No mirando las mariposas.

Mirándola a ella.

Cuando sus ojos se encontraron, Rame desvió la vista rápidamente hacia algún punto indefinido entre las flores y se puso rojo con una velocidad que sugería que su circulación sanguínea había tomado una decisión unilateral.

—Sí —dijo, con la voz levemente diferente a lo normal—. Es muy bonito.

«¿Está hablando de las mariposas?»

«¿O de—»

«No. No. Para. Tiene ocho años. Yo tengo siete. Esto es un campo de flores y mariposas y nada más.»

«Policía. Llévenme. Soy un peligro para mí misma.»

Nazaria se aclaró la garganta y se volvió hacia las flores con determinación.

En ese momento una mariposa se posó en su dedo índice.

Era grande, con las alas en degradado de naranja a amarillo con bordes negros, completamente quieta como si hubiera decidido que ese dedo era exactamente el lugar donde quería estar.

Nazaria la levantó despacio hasta tenerla frente a su cara.

—Rame, mira esto.

Rame se acercó. Se agachó para verla mejor, con las manos en las rodillas y esa concentración que ponía cuando algo le parecía genuinamente interesante.

—¿No es bonita? —murmuró Nazaria, mirando las alas.

—Sí —dijo Rame, en voz igual de baja.

La mariposa abrió y cerró las alas una vez, despacio, y salió volando hacia el cielo.

Nazaria la siguió con la mirada hasta que desapareció entre las demás.

Luego miró a Rame.

Rame estaba mirando hacia otro lado con la expresión de alguien que está teniendo una crisis interna silenciosa.

«No sé qué está pasando en su cabeza.»

«Pero tiene cara de alguien que no lo sabe tampoco.»

......................

Se sentaron bajo el árbol a comer. Pan, queso, frutas, y algo dulce que Crista había añadido a la canasta sin que nadie lo pidiera porque Crista tenía esa capacidad particular de anticipar cuándo el mundo necesitaba algo dulce.

Rame comía con la concentración tranquila que ponía en todo. Kein estaba de pie a la sombra, inmóvil como siempre. Crista cosía. El jardín estaba en silencio excepto por el viento y los pájaros.

«Momentos como este», pensó Nazaria, mirando el cielo entre las ramas, «hacen que todo lo demás parezca muy lejano.»

«El Emperador. La corte. El final que estaba escrito en la novela.»

«Lejos.»

«No desaparecido. Pero lejos.»

«Está bien que existan los días así.»

Rame terminó de comer y se recostó sobre la manta con los brazos cruzados bajo la cabeza, mirando el mismo cielo que ella.

—Sheins me dijo que el Imperio tiene tres líneas de poder distintas —dijo, de la nada.

—¿Hoy te dio clase de historia política?

—Me preguntó qué había leído y empezamos desde ahí.

«Sheins. Absolutamente implacable.»

—¿Qué te dijo?

—Que el poder imperial viene de los dioses del sur. Que el poder de los ducados como el tuyo viene de algo más antiguo, de antes del Imperio. —Hizo una pausa—. Y que hay un tercer tipo que nadie menciona porque asusta.

Nazaria lo miró.

—¿Qué tipo?

—No me lo dijo. Dijo que era para la siguiente clase.

«Sheins y sus cliffhangers pedagógicos.»

—¿Te molestó que no te lo dijera?

—Sí —admitió Rame sin ninguna vergüenza.

Nazaria sonrió hacia el cielo.

—Bien. Significa que vas a volver mañana con ganas.

Rame no respondió. Pero tampoco negó.

Después de un momento, sus ojos se cerraron.

Nazaria lo miró dormir durante un segundo — con esa paz en la cara que tenía cuando dormía y que era completamente diferente a la guardia constante de cuando estaba despierto —, y luego se puso de pie en silencio.

«Duerme. Lo necesitas aunque no lo digas.»

Puso el dedo sobre los labios hacia Kein.

Kein asintió.

Nazaria caminó entre los árboles hacia el lado norte del jardín, siguiendo el sonido de algo que había notado antes y que ahora, en el silencio, se escuchaba más claro.

Un sonido pequeño. Entre los arbustos junto al muro.

Movió las ramas con cuidado.

Y se quedó completamente inmóvil.

Era un tigre.

O más bien, era algo que eventualmente iba a ser un tigre — por ahora era pequeño, con las rayas apenas marcadas sobre el pelaje blanco y los ojos de un celeste tan brillante que parecían propios de otra cosa. Tenía una herida en la pata delantera izquierda. Estaba acostado entre las raíces, quieto, mirándola con una intensidad que no correspondía a su tamaño.

«Un tigre.»

«En mi jardín.»

«Junto al muro del Bosque Dark Shadow.»

«Completamente lógico.»

El tigre gruñó. Un sonido pequeño pero que tenía toda la seriedad del mundo.

—No te voy a hacer daño —dijo Nazaria, en voz muy baja—. Tranquilo.

Extendió la mano despacio.

El tigre la miró. Siguió gruñendo, pero no retrocedió.

—Kein —llamó Nazaria, sin mover la mano ni la voz.

El caballero apareció a su lado en segundos, evaluó la situación, y dijo con una calma que Nazaria apreció:

—Eso no es un gato, señorita.

—Ya lo veo. ¿Puedes cargarlo?

—Está herido y asustado. Va a intentar atacar.

—Inténtalo de todas formas.

Kein la miró.

«No me mires así, Kein. Ambos sabemos cómo termina esto.»

El caballero se agachó. El tigre le mostró los dientes. Kein lo levantó de todas formas con el cuidado preciso de alguien que ha manejado cosas peligrosas toda su vida, y el tigre se retorció e intentó zafarse sin éxito porque Kein era considerablemente más fuerte que él.

Cuando volvieron a donde estaba Rame, este ya estaba despierto y los miraba con la expresión de alguien que se ha perdido algo importante mientras dormía.

—¿Qué es eso?

—Un tigre —dijo Nazaria.

—¿Por qué Kein tiene un tigre?

—Porque yo se lo pedí.

Rame miró al tigre. El tigre lo miró a él con los mismos ojos celestes brillantes y la misma intensidad evaluadora.

—Está herido —dijo Rame.

—Vamos con Rusto.

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Lorena Itriago
hay otra versión de esta Novela?
Carmen Otero
me encanta tu novela escritora. en espera de más capítulos
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