Valeria Luna Marín murió traicionada por el hombre al que eligió y por la hermana que juraba amarla. Le arrancaron la voz, quebraron a su loba y colgaron su nombre como una advertencia para toda la manada.
Pero antes de que la muerte la reclamara, Sebastián de la Vega, el Alpha que ella había rechazado, llegó por ella entre sangre y fuego.
Cuando Valeria despierta en el pasado, vuelve a la noche en que estaba a punto de rechazar su vínculo con Sebastián. Esta vez no huirá. Esta vez escuchará el aroma que su loba siempre reconoció.
Mientras un falso heredero, una falsa Luna y un Consejo corrupto conspiran para robar la corona de Silver Moon, Valeria deberá abrir el Moon Archive, recuperar su voz y decidir si está lista para aceptar la marca del Alpha que nunca dejó de pertenecerle.
Porque Sebastián no solo quiere salvarla.
Quiere poner la manada entera a los pies de su Luna.
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Capítulo 13
Capítulo 013: El baile de luna llena
La siguiente luna llena llegó con música, vestidos plateados y una trampa envuelta en tradición.
El Full Moon Gala no era una fiesta humana.
No de verdad.
La primera parte sí: cámaras, donantes, empresarios, discursos sobre becas de Moonveil y copas servidas por meseros que no sabían que trabajaban sobre territorio sagrado. Pero después de medianoche, cuando los humanos se marchaban satisfechos y un poco borrachos, las puertas del patio lunar se cerraban.
Entonces empezaba el rito.
Valeria vistió de azul oscuro.
No blanco.
No plata.
No colores de Luna.
Elena intentó convencerla de usar algo más suave. Mateo dijo que el azul la hacía ver como alguien a punto de demandar a medio salón. Diego aprobó por esa razón.
Sebastián no dijo nada durante tres segundos.
Luego dijo:
—Te van a mirar.
Valeria se ajustó un pendiente.
—Eso hacen desde que volví a respirar.
—No así.
Ella lo miró por el espejo.
Él estaba detrás, vestido de negro, con el emblema de Silver Moon en el pecho y los ojos demasiado atentos sobre su cuello desnudo.
El vínculo, todavía sin confirmar del todo, se estiró entre ambos como un hilo caliente.
—¿Quieres que me cubra? —preguntó.
Sebastián se acercó un paso.
No tocó su piel.
Tocó el broche de su capa.
—Quiero arrancarle los ojos a quien crea que puede tocarte. Son cosas distintas.
Valeria tragó una sonrisa.
—Muy diplomático.
—Estoy mejorando.
No, no lo estaba.
Pero lo intentaba.
El patio lunar estaba lleno cuando llegaron. Los cuencos de fuego ardían bajos, la piedra del suelo reflejaba la luna y los lobos de Silver Moon formaban círculos según rango. Valeria vio de inmediato la división: familias antiguas cerca del centro, guerreros detrás, Omegas en los bordes.
Otra vez.
Siempre.
Arturo Salvatierra presidía junto a otros Elders. Adrián estaba a su izquierda. Isabela apareció vestida de blanco plateado, con una capa bordada en símbolos lunares.
Demasiado perfecta.
Demasiado preparada.
—¿Qué está usando? —murmuró Mateo detrás de Valeria.
La respuesta llegó con la voz de Arturo.
—Esta noche, antes de iniciar la revisión formal, permitiremos que las candidatas presenten un rito de memoria lunar. Una futura Luna debe conocer la historia de su manada.
El murmullo se elevó.
Valeria no apartó la mirada de Isabela.
La sonrisa de su hermana era pequeña, satisfecha.
—No estaba en la agenda —dijo Sebastián.
Arturo lo miró con cortesía.
—La tradición no necesita agenda, Alpha heir.
Valeria sintió a Sebastián tensarse.
Ella, en cambio, sintió otra cosa.
Un olor.
Pergamino viejo.
Gardenia.
Azúcar quemada.
Isabela había ensayado.
No solo eso.
Había robado algo.
El rito empezó con ella.
Isabela caminó al centro del patio como si hubiera nacido para recibir luna sobre la piel. La música cambió: tambores bajos, flauta, un ritmo antiguo que Valeria recordaba de ceremonias infantiles. Isabela levantó los brazos y empezó a moverse.
Era hermoso.
Eso fue lo irritante.
Era hermoso y falso.
Cada giro estaba medido. Cada paso copiaba una historia que no le pertenecía. Cuando alzó la mano derecha hacia el norte, Valeria sintió el error antes de pensarlo.
No era norte.
Era oeste.
En los ritos antiguos, el norte se marcaba con el talón, no con la mano.
La memoria llegó como una página abierta en su pecho.
No del Moon Archive completo.
Solo una brasa.
Luna Lucía bailando bajo otra luna.
La línea materna de Valeria moviéndose con una precisión que no era espectáculo, sino lenguaje.
Isabela terminó entre aplausos.
Humanos habrían llorado.
Muchos lobos también parecían impresionados.
Arturo sonrió.
—Una presentación impecable.
Valeria dio un paso antes de que Sebastián pudiera preguntarle si estaba segura.
—No.
La palabra cortó los aplausos.
Isabela abrió los ojos.
—¿Perdón?
Valeria entró al círculo.
—Fue bonita. No impecable.
El patio se tensó.
Arturo apoyó las manos sobre el bastón.
—Valeria Marín, si desea participar, hágalo. No insulte una tradición.
—Eso intento.
Se quitó la capa y se la entregó a Mateo sin mirar. El frío de la noche le tocó los hombros. Sebastián hizo un sonido bajo, casi un gruñido, pero no la detuvo.
Valeria cerró los ojos.
No sabía si podría hacerlo.
Su loba seguía débil. El Moon Archive no era un libro que pudiera abrir a voluntad. Pero su sangre recordaba. No toda la historia, quizá. Sí lo suficiente para reconocer una mentira.
El tambor empezó de nuevo.
Valeria no levantó las manos.
Marcó el norte con el talón.
El silencio cambió.
Una anciana en el segundo círculo inhaló.
Valeria giró hacia el este, no con gracia aprendida, sino con cuidado. Cada paso era una palabra. Centinela. Pérdida. Sangre. Regreso. El rito no era una danza para verse bella. Era un mapa de supervivencia.
La luna le cayó sobre la piel.
Su aroma cambió.
Jazmín nocturno, lluvia sobre piedra y una nota de plata suave que hizo que varios lobos levantaran la cabeza.
Valeria sintió miedo.
Y siguió.
Cuando llegó al último giro, no terminó con los brazos abiertos como Isabela.
Se arrodilló.
No ante el Consejo.
Ante los Omegas del borde.
La respiración del patio se rompió.
—La Luna no se sienta sobre los débiles —dijo Valeria, aún de rodillas—. Los levanta.
Nadie aplaudió al principio.
Era mejor así.
El silencio valía más.
Luego, una mano golpeó contra otra. Una sola. Desde el borde.
Marina Solís.
Otra se unió.
Luego Mateo.
Luego Diego.
Después demasiadas para contarlas.
Isabela estaba blanca.
Adrián no la miraba a ella.
Miraba a Valeria con una furia casi íntima.
Arturo habló sobre los aplausos.
—Qué conmovedor. Pero la emoción no prueba linaje.
Valeria se levantó.
—No. Pero los errores prueban robo.
El patio volvió a callar.
Isabela susurró:
—No sabes de qué hablas.
—Marcaste el oeste como norte. Copiaste un rito de Luna Lucía desde una página incompleta.
La máscara de Isabela se quebró.
Solo un segundo.
Pero bajo luna llena, un segundo era suficiente.
Adrián avanzó antes de que ella pudiera decir más.
—Valeria, basta. Estás humillando a tu propia familia por celos. Si necesitas demostrar algo, baila conmigo. Como antes.
Sebastián se movió.
Y esta vez, Valeria no lo detuvo.
felicitaciones, primera historia que me deja satisfecha. 👏👏👏👏👏👏.
un abracito y gracias por tan bella historia.
y los cachorros para cuando
tarde
pero sale
si
si
Estás novelas no son el tipo chicle de novelas de hombres lobos que son posesivos y que se curan solo son el tipo de novela que el alpha tiene que reconstruir un corazón y esperar y sufrir ufff Pacho