En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 23
Xenia no pudo contener un grito de puro terror cuando Clark la sujetó con fuerza contra su pecho mientras caían. El rugido de la cascada los envolvió y, un segundo después, el impacto contra el agua helada les cortó la respiración.
El frío la golpeó como mil agujas. El vestido empapado se enredó alrededor de sus piernas y empezó a hundirse. El pánico la invadió, pero unos brazos fuertes la rodearon y la sacaron a la superficie con urgencia.
Xenia tosió con violencia, escupiendo agua mientras intentaba recuperar el aliento. Su corazón latía desbocado.
—¿Estás bien? —preguntó Clark, con la voz ronca por la preocupación. Su rostro estaba muy cerca del de ella, el agua resbalando por su mandíbula.
Ella solo pudo asentir, todavía jadeando. Miró hacia arriba: la cascada no era tan alta como parecía desde el borde, pero los gritos de los guardias se escuchaban lejanos.
—Podemos esperar aquí a que bajen —dijo Clark, escaneando los alrededores—. No quiero arriesgarnos a que aparezca otro oso.
La ayudó a salir del agua y la sostuvo mientras caminaban tambaleándose hasta una pequeña cueva oculta detrás de la cortina de la cascada. El interior era fresco, pero al menos los protegía del viento y de miradas indiscretas.
—Ese maldito oso parecía que solo nos quería a nosotros —murmuró Xenia, temblando.
—Seguramente tenía crías cerca y pensó que éramos una amenaza —respondió Clark con una media sonrisa tensa.
Se quitó la camisa mojada sin pensarlo dos veces y la exprimió, revelando su torso marcado, los músculos tensos por el frío y el esfuerzo.
Xenia se miró, su propio vestido estaba completamente empapado y pesaba una tonelada. Si no se lo quitaba pronto, terminaría enferma. Sin decir nada, empezó a desatar los lazos con dedos torpes. La ropa interior de esa época era bastante recatada, casi como una blusa y un pantalón fino, así que no se sentía completamente expuesta… o eso se repetía a sí misma.
Cuando Clark se giró, se quedó congelado.
El vestido ya estaba a sus pies. Xenia solo llevaba la fina ropa interior húmeda que se pegaba a cada curva de su cuerpo.
—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó él, con la voz más grave de lo normal.
Xenia lo miró como si fuera obvio.
—Me quito el vestido. Si me lo dejo puesto voy a terminar resfriada.
—No me refiero a eso —gruñó Clark, dando un paso hacia ella—. ¿Por qué te desnudas así?
Xenia parpadeó, confundida por su reacción.
—Porque solo eres tú…
La mirada de Clark se oscureció. Dio otro paso más cerca.
—¿Solo soy yo? —repitió lentamente, casi con peligro en la voz.
La agarró del brazo con firmeza. Xenia dio un paso adelante para explicarse, pero su pie resbaló sobre la roca mojada. Ambos cayeron.
Ella quedó casi encima de él. Sus cuerpos húmedos se rozaron. Clark se tensó por completo debajo de ella.
—Lo siento —susurró Xenia.
Pero entonces se dio cuenta de dónde tenía apoyada la mano: justo sobre la entrepierna de él. Y lo que sintió bajo la palma era duro, grueso y muy caliente a pesar del frío del agua.
Xenia retiró la mano rápidamente, pero ya era tarde. El pulso le retumbaba en los oídos.
—Yo también soy un hombre, Xenia —dijo Clark con voz baja y ronca.
En un movimiento rápido, él invirtió las posiciones. Ahora estaba encima de ella, sujetándola contra el suelo de la cueva. Su cuerpo mojado presionaba el de Xenia.
—No lo olvides —murmuró él, con el rostro a solo centímetros del suyo.
Xenia se quedó sin aliento. El cabello mojado de Clark caía sobre su frente, dándole un aspecto salvaje y peligrosamente atractivo. Sus ojos bajaron sin querer hasta los labios de él. Nunca lo había visto así.
—Lo siento si te ofendí —susurró ella, casi sin voz.
Clark miró sus labios. Su respiración se volvió pesada. Bajó lentamente la cabeza, rozando apenas su boca…
—¡Peincipe! ¡Lady Xenia!
Las voces de los guardias se escucharon cerca, llamándolos.
Clark se separó de golpe. Se puso de pie con rapidez y le dio la espalda, pasándose una mano por el cabello mojado mientras intentaba recuperar el control.
Xenia se quedó tumbada un segundo más, con la respiración agitada y el cuerpo ardiendo a pesar del frío.
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