Valeria Castillo jamás imaginó que una sola noche cambiaría su vida para siempre.
Después de una dolorosa decepción amorosa, termina compartiendo una noche inolvidable con un misterioso empresario ruso al que nunca espera volver a ver.
Dos semanas después descubre una noticia que sacude su mundo: está embarazada.
Y no de un bebé.
Sino de trillizos.
Decidida a seguir adelante sola, intenta olvidar aquella noche. Pero el destino tiene otros planes. Al salir del hospital, choca accidentalmente con un hombre y deja caer sus resultados médicos y una ecografía.
Lo que Valeria no sabe es que ese hombre es Dimitri Volkov, el poderoso magnate ruso con quien compartió aquella única noche de pasión.
Cuando Dimitri descubra la verdad, hará todo lo posible por encontrar a la madre de sus hijos. Sin embargo, entre secretos, enemigos, traiciones y una rival dispuesta a todo para separarlos.
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Capitulo 13: La ecografía
Dimitri Volkov
Durante varios segundos me quedé inmóvil.
Observando el documento entre mis manos.
Sin poder creer lo que estaba viendo.
Valeria.
Era ella.
No había ninguna duda.
Acababa de verla.
Después de dos semanas.
Después de catorce largos días intentando olvidarla.
Y había desaparecido otra vez.
Pero esta vez me había dejado algo.
Una pista.
Una respuesta.
Y también una nueva pregunta.
Mi mirada volvió a la ecografía.
Embarazo múltiple.
Aquellas palabras seguían allí.
Inmóviles.
Imposibles de ignorar.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Algo que rara vez ocurría.
Porque yo era un hombre acostumbrado a controlar sus emociones.
Pero aquello me había tomado completamente por sorpresa.
Observé nuevamente el nombre.
Valeria Castillo.
La misma mujer que había ocupado mis pensamientos durante las últimas dos semanas.
La misma mujer que desapareció sin dejar un número.
Sin dejar una dirección.
Sin dejar ninguna forma de encontrarla.
Y ahora el destino volvía a ponerla frente a mí.
No podía ser una coincidencia.
Simplemente no podía.
—Señor Volkov.
La voz de mi asistente me sacó de mis pensamientos.
—¿Ocurre algo?
No respondí inmediatamente.
Seguía observando la ecografía.
—Necesito información.
—¿Información de quién?
Le entregué el documento.
Mi asistente lo observó.
Y después me observó a mí.
—¿Valeria Castillo?
—Encuéntrala.
—¿Quién es?
Durante unos segundos pensé la respuesta.
Porque ni siquiera yo sabía exactamente quién era.
Una desconocida.
Una mujer que conocí durante una sola noche.
La mujer que no había conseguido olvidar.
—Es importante.
Respondí finalmente.
Y eso fue suficiente.
Porque mi asistente sabía que nunca pedía algo sin motivo.
Subí nuevamente al vehículo.
Pero esta vez no podía concentrarme.
Mi mente seguía regresando al mismo lugar.
La ecografía.
El embarazo.
Y Valeria.
¿Por qué había salido del hospital?
¿Por qué parecía tan nerviosa?
¿Por qué había huido otra vez?
Las preguntas aparecían una tras otra.
Y ninguna tenía respuesta.
Todavía.
Mientras tanto...
Valeria Castillo
Llegué a mi apartamento sin recordar el camino.
Mi corazón seguía acelerado.
Porque estaba casi segura de haber escuchado la voz de Dimitri.
Aquella voz grave.
Aquella voz imposible de olvidar.
Pero no podía ser.
¿O sí?
Me dejé caer sobre el sofá.
Y llevé ambas manos a mi rostro.
Todo era demasiado.
Los trillizos.
El miedo.
Las responsabilidades.
Y ahora aquello.
Mi teléfono sonó.
Era Camila.
—¿Hola?
—¿Ya saliste del hospital?
Preguntó inmediatamente.
Suspiré.
—Sí.
—¿Y?
Guardé silencio.
No sabía cómo decirlo.
Ni siquiera sabía cómo procesarlo.
—Valeria.
Dijo ella preocupada.
—Voy a tener trillizos.
Silencio.
Completo silencio.
—¿Qué?
Gritó finalmente.
—Eso mismo dije yo.
—¿Tres bebés?
—Tres.
—Dios mío.
No pude evitar reír.
Una risa nerviosa.
Una risa llena de miedo.
Y también de emoción.
Porque por primera vez estaba comenzando a aceptar la realidad.
—No estás sola.
Dijo Camila suavemente.
Aquellas palabras hicieron que mis ojos se llenaran de lágrimas.
—Lo sé.
—Daniela y yo vamos a ayudarte.
—Gracias.
—Y esos bebés tendrán muchas tías locas.
Terminé riendo otra vez.
Y por primera vez desde la consulta sentí un poco de tranquilidad.
Después de colgar observé las ecografías.
O al menos intenté hacerlo.
Porque entonces noté algo.
Mi sonrisa desapareció.
Comencé a revisar la carpeta.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Y el pánico regresó.
—No.
Susurré.
Volví a revisar.
Pero seguía faltando.
Una de las ecografías había desaparecido.
La misma que se cayó cuando choqué con aquel hombre.
Mi respiración se aceleró.
Porque si realmente era Dimitri...
él podía tenerla.
Y si tenía la ecografía...
también tenía mi nombre.
Muy lejos de allí.
Dimitri observaba nuevamente la imagen.
Y tomaba una decisión.
No iba a olvidar a Valeria.
No esta vez.
Porque acababa de encontrar una pista.
Y estaba dispuesto a seguirla hasta el final.
Aunque eso significara cambiar su vida para siempre.
Continuará...