Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.
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El beso que no ocurrió
Capítulo 14
El beso que no ocurrió
Adrián y yo estábamos reunidos solos en un salón de clases abandonado analizando todas las fotos y pistas que teníamos hasta ahora, hasta que llegamos al tema principal que habíamos estado evitando durante mucho tiempo.
Nuestro matrimonio.
—¿Qué significa eso?
Era una pregunta para mí misma, pero la dije en voz alta. Adrián respiró profundamente.
—No lo sé completamente.
—Entonces dime lo que sabes.
—Tu abuela confiaba en mí.
—¿Por qué?
—Porque sabía que no quería tu dinero.
Lo miré.
—Eso es lo que más me asusta.
—¿Qué?
—Que tú seas la única persona en quien realmente puedo confiar.
Adrián sonrió.
—Entonces confía.
Di un paso hacia él.
Estábamos demasiado cerca. Podía sentir su respiración y el calor de su cuerpo. Durante unos segundos olvidé los documentos, los mensajes y todas las preguntas que se habían acumulado desde que regresé.
Recordé sus últimas palabras antes de morir.
"Te he amado desde que éramos niños".
Ahora estaba vivo.
Frente a mí, y podía elegirlo.
—Adrián...
—¿Sí?
—Hace mucho tuve un sueño muy triste...
Volví a detenerme. Él me miró sorprendido y con curiosidad.
—¿Qué soñaste?
No respondí. Adrián esperó unos segundos antes de bajar la mirada.
—Está bien. No tienes que decírmelo.
Su mano rozó la mía. Sentí un cosquilleo en la piel.
—Pero algún día tendrás que confiar completamente en mí.
—Lo haré.
—¿Cuándo?
—Cuando deje de tener miedo.
—¿De mí?
—De perderte.
Adrián me miró fijamente.
—No pienso irme.
—Eso dijiste una vez.
Frunció el ceño.
—¿Cuándo?
—No importa.
—¿En el sueño?
—Tal vez.
Él acercó el rostro. Nuestros labios quedaron a centímetros. Mi corazón latía con tanta fuerza que pensé que podía escucharlo.
Por un instante quise cerrar los ojos y dejar de pensar.
Solo un instante.
Entonces un golpe nos hizo separarnos.
—¡Victoria!
Sofía apareció en el pasillo.
—¿Qué pasó?
—Rodrigo está hablando con todos.
—¿Sobre qué?
—Sobre ti.
Bajamos juntos.
Encontramos a Rodrigo frente a varios estudiantes. Hablaba con una seguridad que ya conocía demasiado bien.
—Victoria ha estado manipulando a Adrián.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
Rodrigo continuó.
—Desde que rompió conmigo, está intentando destruir mi reputación.
Solté una carcajada.
—¿Tu reputación?
Todos nos miraron y Rodrigo se puso serio.
—¡No es gracioso!
—Sí lo es.
Di un paso hacia él.
—Rodrigo, si quieres hablar de reputaciones, asegúrate de que nadie revise tus cuentas bancarias.
Su sonrisa desapareció.
—¿Qué quieres decir?
—Nada.
Lo miré directamente.
—Pero quizás deberías preguntarle a tu padre si ha recibido dinero de empresas sospechosas.
Rodrigo palideció.
—¿Cómo sabes eso?
—Tengo buenas fuentes.
Lucía apareció entre los estudiantes.
—Victoria, estás inventando cosas.
—Entonces demuéstralo.
Silencio.
Rodrigo miró a Lucía. Ella tampoco supo qué decir.
Sonreí.
—Eso pensé.
Me di la vuelta. No quería darles más información de la necesaria, pero cuando llegué al estacionamiento, alguien me tomó del brazo.
Era Rodrigo. Me solté inmediatamente.
—¿Qué quieres?
—¿Quién te está ayudando? —preguntó desesperado.
—Nadie.
—Mientes.
—No necesito ayuda para destruirte.
Rodrigo apretó los dientes.
—No sabes lo que estás haciendo.
—Sí lo sé.
Me aparté.
—Estoy corrigiendo un error.
Él se quedó inmóvil. Entonces bajó la voz.
—Lucía tenía razón.
Me detuve.
—¿Qué dijo?
Rodrigo me miró con miedo.
—Dijo que algún día recordarías.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Recordar qué?
Rodrigo retrocedió.
—Nada.
Y se fue.
Me quedé sola en el estacionamiento.
Durante unos segundos no pude moverme. El aire frío me golpeaba el rostro mientras intentaba ordenar lo que acababa de escuchar.
Rodrigo no parecía estar actuando como antes.
Había miedo en sus ojos.
Saqué el teléfono y llamé a Adrián. Contestó al segundo tono.
—¿Qué pasó?
—Rodrigo acaba de decir algo extraño.
—¿Qué dijo?
—Que Lucía sabía que algún día recordaría.
Hubo silencio.
—Victoria, no vuelvas a enfrentarlos sola.
—No lo hice.
—¿Entonces?
Miré el edificio.
—Ellos se están acercando a mí.
—Eso es precisamente lo que me preocupa.
—A mí también.
Adrián respiró profundamente.
—Voy a buscarte.
—No.
—Victoria...
—Necesito hacer algo primero.
—¿Qué?
Miré el nombre de Patricia en mis contactos.
—Voy a descubrir qué dice realmente el testamento de mi abuela.
—Ve con cuidado.
—Siempre.
—No, Victoria. Esta vez quiero que me prometas que no vas a enfrentarte a nadie sin avisarme.
Sonreí a pesar de la tensión.
—¿Eso es una orden?
—Es una petición.
—Entonces te prometo que intentaré mantenerte informado.
—Eso no suena como una promesa.
—Es lo máximo que vas a conseguir esta noche.
Escuché una pequeña risa al otro lado.
—Está bien. Pero voy contigo en esto.
Colgué y miré nuevamente el edificio.