En la Facultad de Mecatrónica de Seúl, el amor está estrictamente prohibido por la competencia. Seo-jun (Líder del Grupo A) y Min-jae (el genio del Grupo B) son rivales declarados ante el mundo, pero amantes en secreto. Cuando el comité escolar manipula sus calificaciones para separarlos y obligarlos a competir por una beca única a Alemania, una red de secuestros y corrupción sale a la luz. Decididos a destruirlos, caen en una emboscada donde la Directora de la facultad les apunta con un arma. En un segundo de desesperación, Jae recibe una bala para salvar a Jun. ¿Podrá su amor sobrevivir a la muerte?
¡Descubre este apasionante thriller universitario lleno de romance, hackeos y traición!
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Ángulo De Incidencia
El viernes por la noche, la facultad de ingeniería se trasladó por completo a la casa club de la zona sur del campus. El comité estudiantil había organizado una fiesta de integración a mitad de semestre para liberar la enorme tensión acumulada por los proyectos de simulación. El lugar era impresionante: una gran terraza iluminada con luces de neón azules, música electrónica resonando en los altavoces de alta fidelidad y una enorme piscina central que reflejaba los destellos de la noche.
Min-jae llegó acompañado por Ji-hoon y Soo-ah. Vestía una playera negra algo holgada y unos jeans ajustados, un atuendo sencillo pero que inevitablemente resaltaba su figura delgada y atlética. Sin embargo, en su mente no había espacio para la diversión. Sabía que el Grupo A también estaba invitado y que mantener la fachada de rivalidad en un entorno lleno de alcohol y miradas curiosas sería una tarea titánica.
A los pocos minutos de llegar, los peores temores de Jae se materializaron. La silueta alta e imponente de Seo-jun cruzó la entrada de la terraza junto a Tae-hyun. Jun lucía malditamente atractivo con una camisa gris oscuro con los primeros botones abiertos, revelando una porción de su pecho bronceado.
Por puro instinto, las miradas de Jae y Jun se cruzaron a través de la multitud que bailaba cerca de la piscina. No hubo saludos, ni gestos de complicidad. Mantuvieron la distancia pactada, pero los ojos oscuros de Jun escanearon el cuerpo de Min-jae de arriba a abajo con una lentitud electrizante, enviando una corriente de calor directa al vientre bajo de Jae.
—Voy a la barra por un trago de vodka, chicos —le avisó Min-jae a su equipo, necesitando con urgencia algo frío para calmar los nervios que la sola presencia de su novio le provocaba.
—No te tardes, Jae. Soo-ah ya está planeando que entremos a la piscina con todo y ropa —bromeó Ji-hoon, dándole una mirada de complicidad que Jae agradeció internamente.
Min-jae se abrió paso entre la gente y se apoyó en la barra de mármol de la zona exterior, pidiendo su bebida al barman. Mientras esperaba, sintió que alguien se posicionaba peligrosamente cerca de su espacio personal. Al girar el rostro, se encontró con un chico alto, de cabello perfectamente peinado y una sonrisa cargada de una confianza arrogante que apestaba a los estudiantes de la facultad de Derecho.
—Hola. No te había visto por esta zona de la universidad —dijo el tipo, recargando el codo en la barra para bloquear sutilmente el paso de Jae—. Soy Fernando, de último año de Derecho. ¿Qué hace un chico tan lindo y con cara de sabelotodo en una fiesta llena de ingenieros aburridos?
Min-jae arqueó una ceja, sintiendo un fastidio inmediato—. Soy de ingeniería mecatrónica, de hecho. Y estoy esperando mi trago. Con permiso.
—Vamos, no seas tan frío —insistió Fernando, soltando una risa petulante mientras estiraba la mano con audacia para sujetar a Jae del antebrazo, apretándolo de una manera que pretendía ser seductora pero que solo resultó invasiva—. Los ingenieros solo saben hablar de números y códigos. Apuesto a que te hace falta alguien que te enseñe a divertirte de verdad esta noche. Déjame invitarte algo más fuerte.
Min-jae intentó zafarse del agarre con molestia—. Te dije que me sueltes. No me interesa.
Lo que Fernando no sabía era que, desde el otro extremo de la piscina, Seo-jun había estado observando la escena desde el primer segundo. Ver las manos de un completo extraño tocando el brazo de su novio, y notar la insistencia pesada del tipo, provocó un cortocircuito inmediato en el cerebro de Jun. Una punzada de celos corrosivos y una furia posesiva se apoderaron de él. Sin decirle nada a Tae-hyun, Jun dejó su vaso sobre una mesa y caminó a través de la multitud con pasos rápidos, pesados y letales, como un depredador listo para destrozar a cualquiera que tocara lo que le pertenecía.
Antes de que Fernando pudiera decir otra palabra, una mano grande, tosca y llena de venas marcadas se estrelló contra su muñeca, apretándola con una fuerza descomunal que obligó al estudiante de Derecho a soltar a Jae con un quejido de dolor.
—Dijo que lo sueltes —rugió Seo-jun, interponiendo su cuerpo imponente entre Fernando y Min-jae. Su rostro estaba completamente endurecido, la mandíbula tan apretada que se le marcaban los músculos del cuello, y sus ojos oscuros brillaban con una promesa implacable de violencia física.
—¿Y tú quién demonios eres? No te metas —reclamó Fernando, intentando mantener la postura a pesar de estar temblando por la abrumadora diferencia de físico.
—Soy el tipo que te va a romper la cara si no desapareces de mi vista en tres segundos —sentenció Jun con una voz gélida que helaba la sangre—. Lárgate. Ahora.
Fernando miró la furia asesina en los ojos de Jun, midió sus posibilidades y, tragando saliva con dificultad, dio media vuelta perdiéndose rápidamente entre la multitud de la fiesta.
Min-jae soltó un suspiro, pero antes de que pudiera reclamarle a Jun por el arranque de celos en público, Seo-jun lo sujetó firmemente de la muñeca. No le dio tiempo de reaccionar; lo arrastró de manera implacable a través del pasillo trasero de la casa club, doblando hacia la zona completamente desierta e iluminada por una tenue luz azul que conducía a los vestidores privados y baños de la piscina.
Jun empujó la puerta de madera de los vestidores, metió a Jae a la fuerza y cerró el cerrojo principal con un golpe seco que resonó en el espacio de azulejos húmedos. En cuanto se giró, acorraló a Min-jae contra la pared, apoyando ambos brazos a los lados de su cabeza, respirando de manera agitada por la rabia acumulada.
—¿Te volviste loco, Jun? Alguien nos pudo ver salir juntos —susurró Jae, intentando sonar firme aunque su propio cuerpo temblaba por la intensa cercanía de su novio.
—¡Me importa una maldita mierda la gente, Jae! —exclamó Jun en un susurro violento, sus ojos fijos en los labios de Min-jae—. Te vi. Vi cómo ese infeliz te estaba tocando y cómo te miraba. No soporto que otros pongan sus malditas manos sobre ti. Eres mi novio, Jae. Mío. Y si tengo que recordártelo marcándote el cuerpo frente a todos, lo voy a hacer.
Antes de que Jae pudiera responder a la provocación, Jun lo atacó con un beso hambriento, rudo y cargado de una posesividad salvaje que le quitó el aliento en un segundo. Mordió su labio inferior con fuerza deliberada, arrancándole un gemido ahogado que Jun devoró de inmediato, profundizando el beso con una intensidad carnal que hizo que las rodillas de Min-jae flaquearan.
Con movimientos urgentes impulsados por la adrenalina y los celos, Jun bajó las manos hacia los jeans de Jae, desabrochando el cinturón con torpeza pero con una determinación absoluta. Arrancó los pantalones y la ropa interior de Jae de un solo tirón, dejándolo expuesto contra la fría pared de azulejos del vestidor. Min-jae soltó un jadeo cuando el frío de la pared contrastó con el calor abrasador de las manos de Jun, que ya estaban acariciando sus muslos internos, abriendo sus piernas por completo.
—Jun... ah... espera... no hay lubricante —alcanzó a decir Jae con la voz rota por el deseo, aferrándose con fuerza a los hombros firmes de la camisa de Jun.
Seo-jun no tenía intenciones de ser paciente. El fuego de los celos lo estaba consumiendo por dentro. Llevó un par de dedos a su propia boca, llenándolos de saliva con urgencia, y los introdujo de golpe en la entrada estrecha de Jae, preparándolo con movimientos rápidos, profundos y exigentes que hicieron que Min-jae arqueara la espalda, soltando gemidos agudos que rebotaban en el techo del vestidor.
Sin esperar un segundo más, Jun se desabrochó los pantalones, liberando su erección completamente venosa y caliente. Se posicionó entre las piernas temblorosas de Jae y, sujetándolo firmemente de las caderas, se hundió en él de una sola estocada brutal, profunda y posesiva hasta la raíz.
—¡¡AHH!! ¡Jun! —gritó Min-jae, clavando sus uñas con fuerza salvaje en la espalda de la camisa de Jun mientras sus ojos se empañaban por las lágrimas del impacto inicial. El tamaño de Jun lo llenó por completo, estirando sus paredes internas en un placer doloroso que lo hizo temblar de pies a cabeza.
Jun comenzó a embestir con un ritmo rápido, violento e implacable, haciendo que el cuerpo de Jae golpeara repetidamente contra la pared de azulejos. Cada estocada era un reclamo de propiedad, un castigo carnal por haber dejado que otro se le acercara. Jun bajó el rostro hacia el cuello de Jae, mordiendo con fuerza la piel sensible cerca de su clavícula, dejando una marca nueva, enorme y violácea que sería imposible de ocultar al día siguiente.
—Dilo, Jae... dime de quién eres —jadeó Jun contra su oído, incrementando la velocidad y la profundidad de los impactos, haciendo que los fluidos de ambos resonaran ruidosamente en el vestidor vacío.
—¡Ah! ¡Tuyo! ¡Soy tuyo, Jun! ¡Más... dame más fuerte! —gimió Min-jae, perdiendo por completo la noción del peligro, entregándose por completo a la posesividad destructiva de su novio. Sus caderas se movían buscando el fondo de Jun, apretándose alrededor de él con una fuerza que llevó a Jun al borde del colapso.
El clímax los alcanzó en medio de un torbellino de calor y jadeos ruidosos. Min-jae se corrió primero con un espasmo violento que lo hizo gritar, manchando la pared y el abdomen de Jun mientras su cuerpo se sacudía en puro éxtasis. Segundos después, con tres embestidas brutales que buscaron el punto más profundo de Jae, Jun soltó un rugido ronco contra su hombro y se vino masivamente dentro de él, llenándolo con su calor espeso en una entrega total que selló el vestidor.
Se quedaron así durante largos minutos, con los cuerpos sudorosos y las respiraciones tratando de estabilizarse en la penumbra azul. Jun besó la frente de Jae con una ternura repentina que contrastaba con la violencia de hace un momento, limpiando el rastro de semen con su propia playera. Los celos habían sido calmados, el territorio había sido marcado con éxito, pero la intensidad de su sistema seguía operando a un voltaje peligrosamente alto.