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A Tu Merced

A Tu Merced

Status: En proceso
Genre:Diferencia de edad / Amor a primera vista / Casada con el millonario / Matrimonio contratado
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Fer.

Lía Aristizábal, una fotógrafa colombiana que llegó a España con el sueño de construir una nueva vida, decide convertirse en madre soltera mediante inseminación artificial después de alcanzar la estabilidad que tanto buscó. Sin embargo, todo cambia cuando descubre que los bebés que espera pertenecen al hombre más egocéntrico e insoportable que ha conocido.

Harold Veneti, dueño del imperio constructor más grande del mundo, siempre soñó con ser padre, pero jamás encontró a la mujer indicada. Lo que nunca imaginó fue que, por un error de la clínica de fertilidad, su esperma terminaría siendo utilizado para inseminar a una latina decidida a criar sola a sus hijos.

Obligados por el destino a compartir mucho más que unos bebés, Lía y Harold deberán aprender a convivir entre discusiones, diferencias y una atracción imposible de ignorar.
¿Podrá el amor surgir entre dos personas tan distintas… o sus personalidades chocarán demasiado como para estar juntos?

NovelToon tiene autorización de Fer. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Parte 13

Lía

Ahora estaba empacando para mudarme al apartamento de Harold. La emoción y los nervios me daban pequeños escalofríos que recorrían mi piel. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que viví con alguien, y el simple hecho de imaginarme compartiendo el día a día con él, todos los momentos, me hacía sentir vulnerable y emocionada a la vez.

—¿Es todo, señora Veneti? —me interrumpió uno de los hombres de Harold, su tono siempre tan formal.

—Sí, eso es todo —respondí, echando un último vistazo alrededor del lugar. Este pequeño apartamento, tan modesto y sencillo, me había dado refugio, había sido el lugar en el que logré sentirme en paz, donde cada rincón estaba lleno de mis recuerdos, de mis momentos de soledad que me fortalecieron.

Caminé hacia la puerta con una mezcla de nostalgia y esperanza, cuando vi a Harold esperándome al final del pasillo. Una sonrisa suave asomaba en sus labios.

—¿Quieres conservar el apartamento? —preguntó, sin presiones ni expectativas, solo ofreciéndome esa libertad que siempre parecía saber que yo necesitaba.

—¿Puedo? —le devolví la sonrisa, y él asintió.

—Lo que quieras será tuyo.

Sentí un alivio silencioso. Quizá este lugar podría ser un pequeño refugio, un espacio propio cuando lo necesitara, o un lugar donde mi familia pudiera quedarse cuando vinieran a visitarme. Saber que podía conservarlo me daba una sensación de seguridad.

Al llegar al apartamento de Harold, una parte de mí no podía evitar asombrarse. Era un mundo completamente distinto al que estaba acostumbrada. Todo era increíblemente amplio, elegante, y cada detalle mostraba un nivel de lujo que nunca imaginé tener tan de cerca.

—¿Por qué no nací millonaria? —murmuré, sin poder evitarlo, mientras exploraba todo con una mezcla de asombro y resignación.

—Porque tenías que casarte conmigo —dijo Harold de repente, con tono divertido. Me giré hacia él, sorprendida y con las mejillas encendidas. ¿Me había escuchado?

—Sí, mi amor, te escuché —agregó, divertido por mi reacción. Yo me sonrojé aún más.

—Lo siento —dije, un poco avergonzada, pero él negó con la cabeza y se acercó, dándome un beso en la frente.

—Nada de eso. Desde hoy, quiero que siempre seas directa conmigo, en todo momento —me susurró, y en su voz había tanta ternura que sentí mi corazón latir con fuerza.

Conocí apenas una parte del apartamento, pero enseguida tuve que salir para preparar mis cosas. Tenía una sesión de fotos en el evento esa misma noche, y estaba en medio de organizar mis cámaras y el equipo cuando Harold entró de nuevo en la habitación. Estaba impecablemente vestido con un traje elegante, y al verlo, sentí un cosquilleo.

—Se me olvidó decirte algo —dijo con un tono relajado, mientras yo terminaba de guardar los lentes de la cámara.

—¿Sí? —pregunté sin levantar mucho la vista, organizando todo. Pero al girarme y verlo con ese traje, no pude evitar abrir los ojos con sorpresa—. ¿Tú también vas al evento? —pregunté horrorizada, y él solo soltó una risa suave, como si todo le pareciera una broma.

—No es para tanto, princesa —respondió entre risas, restándole importancia, mientras yo seguía en shock. Me concentré en mis cosas, tratando de calmarme.

—Eres un tonto, debiste decirme que ibas a ir a ese evento —le reproché, aunque no podía evitar sonreír.

—Lo siento, mi secretaria fue quien me recordó hoy. Tampoco lo tenía presente —se disculpó, y yo negué con la cabeza, medio riendo.

—Entonces prepárate, porque tendrás que verme en modo trabajo —advertí, divertida.

—No tengo problema con eso —dijo, y me sorprendió con una pequeña caja que sacó de su bolsillo. La abrió y vi dos anillos relucientes, uno para cada uno, sencillos pero hermosos, y llenos de pequeños diamantes y esmeraldas—. Son nuestras alianzas de matrimonio —explicó mientras los sacaba con cuidado.

Colocó mi anillo en mi dedo izquierdo con delicadeza, y yo sentí la calidez de sus manos envolviendo la mía. El anillo brillaba, y noté los diminutos detalles, esas pequeñas esmeraldas que parecían diseñadas justo para mí. Con una sonrisa emocionada, tomé su mano y le coloqué su anillo, sintiendo que, en ese momento, sellábamos nuestra promesa, nuestra unión.

Harold se inclinó y me besó suavemente, con una ternura que me hizo estremecerme. Nos separamos un poco, y noté que él aún sonreía con esa picardía suya.

—¿Cuándo encargaste esto? —pregunté, sintiéndome completamente sorprendida.

—El mismo día que nos casamos. Tardaron un poco en terminarse, pero valió la pena —respondió satisfecho.

—¿Las esmeraldas son por mis ojos? —pregunté con una sonrisa, sintiéndome tan especial. Él sonrió, aún más burlón.

—Claro que sí. Tenía que marcarte de alguna manera.

Solté una risa suave y me crucé de brazos, con una expresión de reto en el rostro.

—¿Y cómo se supone que te voy a marcar yo? —dije, tratando de mantener un tono serio.

Harold rió y, sin decir nada, me robó otro beso, antes de mirarme a los ojos.

—Con solo mostrar este anillo —dijo, levantando su mano para enseñármelo. Y al verlo, noté cómo parecía brillar—. Créeme, no habrá nada que hacer.

—Aun así, no falta la quita-marido —dije, medio en broma, medio en serio.

Harold me miró directo a los ojos, y su voz se volvió más suave y sincera.

—No me importan más mujeres, Lía. No busco llenar vacíos ni carencias con nadie más. Contigo, estoy completo.

Lo miré en silencio, con el corazón latiendo rápido, sintiendo que cada palabra suya me tocaba profundamente.

—Eso espero —le susurré, y bajé la vista para mirar mi anillo, sabiendo que, en ese momento, estaba frente a algo que nunca pensé que llegaría a vivir.

Me tuve que ir en otro carro, profesional hasta el último segundo. Aunque Harold insistió en darme una última charla sobre la importancia de comer bien, recordándome, en tono serio pero amoroso, que ahora debía cuidar mi cuerpo por dos.

Él llegaría más tarde; mi tarea era capturar el evento antes de que comenzara oficialmente y preparar las imágenes para el folleto que recibirían los empresarios. La jornada avanzaba y las horas se me escurrían entre flashes y ajustes de cámara. Observaba cada detalle, cada ángulo, asegurándome de borrar las tomas que no aportaran. Fue entonces cuando la vi. Esa mujer, quien no se había cansado de difamarme, estaba a lo lejos, exhibiéndose con un gran escote mientras varios hombres jóvenes la rodeaban, fascinados. Nuestras miradas se cruzaron fugazmente, y aunque me invadió una sensación incómoda, decidí no darle importancia. Estaba cómoda en mi atuendo, modesto pero elegante, evitando exhibir demasiado, pero era inevitable que, siendo latina, mis curvas llamaran algo de atención en este país tan distinto.

El teléfono vibró en mi bolsillo: un mensaje de Harold. "No te he visto comer. Ve". Busqué en la multitud hasta que nuestros ojos se encontraron; él insistió con una mirada casi paternal que debía ir a comer. Sonreí con un suspiro, pero negué con la cabeza. Me quedaba poco tiempo para terminar el trabajo pesado, y aunque el hambre comenzaba a ser intensa, me convencí de aguantar un poco más. El teléfono vibraba otra vez y decidí ignorarlo.

—Pensé que te habían despedido —una voz familiar y cargada de veneno rompió mi concentración. Respiré hondo, buscando en mi interior la calma para no perder el control.

—Legalmente, no podían hacerlo, fue una causa injustificada —respondí sin mirarla, enfocada en revisar las últimas tomas. Mientras tanto, un delicioso olor a queso invadió el aire, y casi sin pensar, me acerqué a probar un pasabocas que parecía diseñado para consolar mi día. Al probarlo, me sentí en el paraíso.

—No deberías comer, no eres nadie aquí —insistió con un tono lleno de desprecio. Me limité a mirarla sin decir nada, sabiendo que lo que acababa de decir carecía de poder. Ella no tenía idea de quién era yo ahora, y ni sospechaba de mi embarazo, algo que, por el momento, prefería mantener en silencio.

—Deberías prestarme atención —continuó, en tono arrogante. Volví a ignorarla y me hice con otro pasabocas; tenía hambre, y faltaban apenas unos minutos para poder terminar mi labor.

—Maldito cerdo —su comentario me golpeó tanto como su mirada de desprecio. Ladeé la cabeza y, en un arranque de empatía, le hablé, sinceramente.

—Soy feliz, ¿tú eres feliz? —la pregunta salió casi con tristeza. —Debe ser difícil, ¿no? Ser modelo y no poder disfrutar de nada, ver cómo los hombres te miran como una cosa, no como una persona. Eso es triste —expresé, porque en el fondo sentía lástima por ella.

Mi comentario la encolerizó, y un golpe seco en la mejilla me hizo girar el rostro de inmediato. Mi primer pensamiento fue para mi cámara; aliviada, comprobé que estaba intacta. Pero al levantar la mirada, mis ojos encontraron a Harold, con una expresión tan furiosa que casi olvidé el dolor. Intenté detenerlo, moviendo la mano sutilmente, pero uno de los jefes de la empresa la sostenía, evitando que me propinara otro golpe.

—Señorita, será mejor que se retire —murmuró el hombre, preocupado por la cantidad de gente que comenzaba a observar la escena. La situación se volvía cada vez más incómoda, y Harold, ahora cerca, mostraba una rabia contenida que me estremeció.

—Represento más de una marca, no pueden echarme —gritó ella, sin medir el peso de sus palabras—. Soy más importante que esta... ramera.

Sonreí, pero al hacerlo, sentí un dolor agudo en la mejilla que me hizo cerrar los ojos y tomar aire para calmarme. No podía dejar que el estrés afectara al bebé, así que respiré hondo y, en el tono más sereno que encontré, le respondí:

—Bueno, entonces no me mires como si fuera tu reflejo —dije con calma, retomando mi enfoque en el evento mientras me hacía con otro aperitivo.

Podía sentir cómo Harold se tensaba más a mi lado, consciente de la mirada del jefe que le imploraba con el rostro que evitara el conflicto. Este hombre sabía lo que yo representaba y prefería calmar las aguas antes que enfrentar un problema mayor.

—Por favor —imploró el jefe de la empresa en voz baja a la modelo, quien mantenía una expresión de desprecio en su rostro—. No quiero perderlo todo yo —su voz era un susurro de miedo.

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mariela
A esa arpía de la mujer de Luca hay que darle una lección porque no se sabe si el bebe es de él asi que se ponga las pilas y solucione porque Harold no dejara que dañe su relación con Lía y a su hijo.
Todo aclarado con la rueda de prensa Harold lo dejo bien claro es su esposa y esta esperando un hijo.
Melissa Bacallao
💪👏 bravo 👌,me encanta, sigue escribiendo👏👏👏 ánimo
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
La nefasta de la mujer de Lucas es una envidiosa de lo peor
mariela
Esa mujer de Lucas esta frustrada y envidiosa porque seguro quería cazar a Harold y se tuvo que conformar con el hermano ella filtro esa información para dañar la imagen de Lía ojala y ese bebe no sea de Lucas porque eres un ser maquiavélico haciendo daño.
nerialifer
💖💖💖💖💖💖
mariela
Y quien es ella para decir que sabe asqueroso si no te gusta no te lo tienes que comer todo porque "supuestamente" es el primer heredero hay que soportarla ubicate en tiempo y espacio bien merecido se lo tenia que Lia la puso en su sitio no deja de mirar a Harold es mas no le importa que la vean comiendose con los ojos a su cuñado.
Nairobis Cardozo Portillo
Me encantó la dosis de ubicatex que le dió a la nefasta a ver si así deja de molestar
Nairobis Cardozo Portillo
La esposa de Lucas da mala espina y es irrespetuosa
mariela
Esa mujer de Lucas es ordinaria y chabacana sin modales de educación y como comportarse es vulgar la propia putizorra que no sabe respetar al esposo y menos a su familia que asco.
Lía y Harold tan calienturentos los dos que tal hicieron el delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 y a Lía le dieron como timbre de ascensor en película de terror 🤣😂🤣😂🤣😂.
Yadira
Más capítulos porfavor esto cada vez se pone mejor
mariela
Algo aquí no cuadra la mujer del hermano de Harold le lanza una mirada de me gustas y Lía vio lo sintió y el hermano también que se trae esta mesera con razón le tienen distancia y adversion la suegra y la abuela.
Nairobis Cardozo Portillo
Está rara la relación del hermano de Harold y su esposa 🤔🤔
mariela
Me encanta esta pareja de Lia y Harold veremos que pasa en la cabaña con la familia Veneti.
Nairobis Cardozo Portillo
Está buenísima me encanta 👏👏❤️❤️
mariela
Será que la familia de Harold no querrá a Lía como esposa ese sueño que tuvo se hará realidad 🤔🤔🤔❓❓❓
Pero Harold ama demasiado a Lía y le importara un carajo lo que diga su familia.
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Harold es tú hogar, tú lugar seguro ❤️❤️
mariela
Lía así es le diste a la modelucha una bofetada con guante blanco y educación para que se ubique en tiempo y espacio.
Harold y Lía van paso a paso descubriendose con mucha confianza y sinceridad así que se construye las bases de un buen matrimonio me encanta esa complicidad.
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