Elena nunca pensó que la vida le daría otra oportunidad… pero en el cuerpo de Elyria Montclair la villana del libro que acababa de leer. Mientras intenta adaptarse, su inteligencia aguda y espíritu indomable chocan con el carácter impecable y enigmático de Alaric Blackthorn.
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Siguiendo huellas
El sonido del agua aún goteaba cuando Elyria salió del jardín, con el vestido empapado pegándosele a la piel y el cabello chorreando sin pudor alguno.
—Esto es humillante —murmuró entre dientes.
A su lado, Alaric avanzaba con el ceño fruncido, el abrigo oscuro completamente mojado, el cabello desordenado y gotas resbalando por su mandíbula con una calma peligrosa.
Cassian, caminando unos pasos detrás, sonreía demasiado.
—Si quieren, puedo mandar a inmortalizar el momento —comentó con falsa inocencia—. El archiduque y la dama Montclair declarando la guerra desde una fuente.
Alaric se detuvo en seco.
—Cassian.
.—¿Sí?
—Si vuelves a abrir la boca… te arrojo a la siguiente.
Cassian rió, levantando las manos en rendición.
—Entendido. Silencio absoluto.
Elyria se giró hacia Alaric, fulminándolo con la mirada.
—Esto no ha terminado.
—Jamás lo estuvo —respondió él, con una frialdad que prometía venganza futura.
Sin decir nada más, tomaron caminos separados hacia sus respectivos aposentos. Minutos después, ya cambiados de ropa —Elyria con un vestido limpio y elegante, aunque aún con el orgullo herido; Alaric con un atuendo oscuro impecable que ocultaba cualquier rastro del incidente—, ambos fueron llamados al salón principal.
El ambiente había cambiado por completo.
Darían se encontraba de pie junto al duque Montclair. Su expresión no tenía rastro alguno de humor.
—Hemos regresado —anunció Darían—. Y no traemos buenas noticias.
Elyria sintió cómo el aire se volvía pesado.
Alaric cruzó los brazos.
—Habla.
Darían respiró hondo.
—Encontramos rastros de las bestias.
Un murmullo bajo recorrió el salón.
—¿Las cazaron? —preguntó uno de los consejeros.
Darían negó lentamente.
—No estaban solas.
El silencio cayó como una sentencia.
—Había huellas humanas —continuó—. Claras. Demasiado claras para ser coincidencia. Marcas de arrastre… jaulas. Cadenas rotas a propósito, no por fuerza bruta.
El duque apretó la mandíbula.
—¿Insinúas que alguien las llevó allí?
—No lo insinuó —intervino Alaric, con la voz baja y peligrosa—. Lo afirma.
Darían asintió.
—Las trajeron. Y las soltaron desde varios puntos. Alguien conocía el terreno… y sabía exactamente dónde hacerlo.
Alaric cerró los ojos por un segundo.
—Esto no fue un accidente —dijo—. Fue un mensaje.
Elyria, que había permanecido en silencio, frunció ligeramente el ceño.
—Y tambien provocación
Todas las miradas se posaron en ella.
—Si yo estuviera planeando esto… —continuó con calma— lo haría justo en el punto donde el miedo se expande más rápido y la respuesta tarda en llegar.
Alaric la observó con atención renovada.
—¿Dónde?
—Cerca del camino noble.
Darían asintió con gravedad.
El silencio se instaló en el salón tras las palabras de Elyria
Elyria fue la primera en romperlo.
—Entonces no sabemos quién lo hizo —dijo con calma—, ni por qué. Solo que alguien dejó esas bestias allí a propósito.
Darían asintió.
—Exacto. Y hay algo más. El territorio donde encontramos los rastros… —hizo una breve pausa— queda peligrosamente cerca de las tierras de la familia Crowlell
El ceño del duque se frunció.
—¿Estás seguro?
—Completamente. Si seguimos la dirección de las huellas humanas, llevan hacia esa zona.
Elyria entrecerró los ojos, pensativa.
—Entonces no podemos sacar conclusiones todavía —dijo—. Podría ser una coincidencia… o una provocación para que señalemos a la familia equivocada.
Alaric la observó de reojo. No interrumpió.
—Lo que sí está claro —continuó Elyria— es que debemos investigar más. Sobre el terreno. Ver con nuestros propios ojos qué ocurre allí.
Darían la miró con sorpresa.
—¿Te refieres a enviar exploradores?
—No —respondió ella—. Me refiero a ir yo.
El salón estalló en murmullos.
—Elyria… —empezó el duque.
—Con un grupo de caballeros —añadió de inmediato—. De forma discreta. Si alguien está detrás de esto, no reaccionará igual ante soldados comunes que ante nobles investigando.
Alaric dio un paso al frente.
—No.
La palabra cayó como un golpe seco.
Elyria se giró hacia él lentamente.
—No recuerdo haberte pedido permiso.
—Y yo no recuerdo haberte pedido que te ofrecieras como carnada —replicó él con frialdad—. Si alguien va a investigar ese territorio, seré yo.
Los ojos de Elyria chispearon.
—Claro. Porque tú vas por ahí pasando desapercibido —dijo con ironía—. Nada llama menos la atención que un archiduque con aura de tormenta.
Cassian tosió, claramente divertido.
—Tiene un punto…
Alaric ignoró el comentario.
—No es un juego, Elyria.
—Nunca dije que lo fuera —respondió ella—. Pero tampoco pienso quedarme sentada mientras otros deciden por mí.
Se miraron fijamente.
La tensión era tan densa que parecía poder cortarse con un cuchillo.
—No irás sola —dijo Alaric finalmente.
—Entonces no irás tú solo —replicó ella sin dudar.
Un largo silencio.
Darían miró al duque. El duque suspiró.
—Bien —dijo al fin—. Irán los dos.
Ambos hablaron al mismo tiempo.
—¿Qué?
—Un grupo reducido de caballeros —continuó el duque—. Discreción absoluta. Nada de provocaciones innecesarias.
Alaric apretó la mandíbula.
Elyria sonrió, satisfecha.
—Perfecto.
—Esto no significa que confíe en tu imprudencia —murmuró Alaric.
—Tranquilo —respondió ella—. Yo tampoco confío en tu mal humor.
Sus miradas volvieron a cruzarse.
No era acuerdo.
Era una tregua.
Y ninguno de los dos pensaba ceder ni un solo paso.
Los preparativos comenzaron de inmediato.
La mansión, que horas antes había sido escenario de discusiones absurdas y empujones a fuentes, ahora se movía con una eficiencia silenciosa. Caballeros armándose, capas ajustadas, espadas revisadas dos veces. No era una expedición oficial… pero tampoco una visita inocente.
Elyria observaba el movimiento desde uno de los corredores mientras ajustaba los guantes de cuero.
—Un grupo reducido —repitió—. Eso fue lo que acordamos.
—Cinco hombres —respondió Alaric—. Los mejores. Discretos y silenciosos.
—Y nada de armaduras llamativas —añadió ella—. No quiero que medio bosque sepa que estamos allí.
Alaric la miró de reojo.
—Coincidimos en algo.
—No te acostumbres —murmuró Elyria.
Cassian apareció justo en ese momento, ya vestido para el viaje, espada al costado y sonrisa peligrosa bien colocada.
—Bien —dijo—. ¿Listos para una excursión incómoda y posiblemente mortal?
Alaric suspiró.
—Tú no vienes.
—Ah, sí vengo —replicó Cassian con tranquilidad—. No soy mago, pero sé defenderme. Y, francamente, prefiero estar donde ocurren las cosas… no donde me las cuentan después.
Elyria lo miró con curiosidad.
—¿Puedes seguir huellas?
—Puedo seguir problemas —respondió él—. Suelen dejar un rastro bastante claro.
Alaric lo observó unos segundos antes de hablar.
—No te separes del grupo. Y no provoques.
Cassian sonrió.
—Prometo solo provocar si es estrictamente necesario.
Elyria negó con la cabeza.
—Eso no me tranquiliza en absoluto.
Partieron poco después.
El bosque los recibió con una quietud inquietante.
Los árboles se alzaban altos y densos, cerrando el paso de la luz como si intentaran ocultar lo que se movía bajo sus raíces. El suelo estaba húmedo, cubierto de hojas viejas y barro reciente.
—Aquí —dijo uno de los guardias, agachándose—. Huellas.
Alaric fue el primero en acercarse.
—Bestias —confirmó—. Pesadas.
Elyria se inclinó un poco más.
—Y humanas —añadió—. Alguien caminó junto a ellas. No las persiguieron… las guiaron.
Cassian soltó un silbido bajo.
—Eso ya no me gusta.
—No creo que esté diseñado para gustarnos —respondió Elyria.
Avanzaron con cautela, siguiendo el rastro. El bosque se volvía más espeso a cada paso, las sombras alargándose de forma antinatural.
—Este lugar tiene mal ambiente —murmuró Cassian—. Y yo suelo ignorar esas cosas.
—Haz una excepción hoy —dijo Alaric sin mirarlo.
Elyria caminaba a su lado.
—Te pones insoportable cuando estás concentrado.
—Y tú cuando hablas demasiado.
—Entonces estamos en equilibrio.
Cassian sonrió por lo bajo.
—Definitivamente deberían cobrar entrada para verlos discutir.
El rastro continuó hasta que el aire cambió.
El olor llegó primero.
Pesado. Rancio. Antiguo.
—¿Lo sienten? —susurró uno de los guardias.
—Sí —respondió Elyria, frunciendo el ceño—. Algo murió aquí… hace tiempo.
El bosque comenzó a abrirse.
Frente a ellos, entre árboles retorcidos y maleza descuidada, se alzaba una construcción.
Una mansión.
Grande. Antigua. Abandonada.
Sus muros estaban cubiertos de enredaderas, las ventanas rotas como ojos vacíos. El techo hundido en partes, la puerta principal torcida, sostenida apenas por las bisagras.
Entonces…
Graznidos.
Cuervos alzaron el vuelo desde los árboles cercanos, llenando el aire con un sonido áspero que heló la sangre.
Un escalofrío recorrió al grupo.
—Eso no es buena señal —murmuró Cassian.
Elyria sintió un nudo en el estómago.
—Este lugar… —susurró— no está deshabitado.
Alaric apretó la empuñadura de su espada.
—Estamos en los límites del territorio Crowlell.
Las huellas, aunque más tenues, seguían allí.
Conducían directamente a la mansión.
El hedor era más intenso ahora.
—Sea lo que sea que hicieron aquí —dijo Elyria—, no fue improvisado.
—Y no querían ocultarlo del todo —añadió Alaric—. Querían que alguien llegara hasta aquí.
La puerta cedió con un gemido largo y enfermo.
El hedor los golpeó de inmediato.
No era solo olor a muerte… era algo más profundo. Dulzón, rancio, como carne olvidada mezclada con humedad y magia corrompida.
Elyria llevó la mano a la nariz por reflejo.
—Por todos los cielos… —susurró.
Alaric dio un paso al frente, instintivamente colocándose medio cuerpo delante de ella.
—No se separen —ordenó—. Y respiren poco.
El interior de la mansión era aún peor de lo que parecía desde fuera.
Las paredes estaban cubiertas de símbolos tallados a mano, algunos torcidos, otros trazados con tanta precisión que resultaban inquietantes. Runas antiguas, negras como si la piedra las hubiera absorbido… o como si algo hubiera sangrado sobre ellas.
—Eso es magia negra —murmuró uno de los guardias—. Y no poca.
Pergaminos rotos cubrían el suelo, mezclados con frascos volcados y restos de velas consumidas hasta el exceso. Algunos textos aún conservaban trazos recientes, la tinta apenas seca.
—Esto estuvo habitado hasta hace muy poco —dijo Elyria, observando una mesa cubierta de instrumentos—. No limpiaron. No ocultaron nada.
—Porque no pensaban irse tan pronto —añadió Alaric.
Avanzaron con cautela.
Cada paso crujía demasiado fuerte en el silencio.
En una de las habitaciones laterales, Cassian se detuvo de golpe.
—No… —murmuró.
Dentro, el espectáculo era brutal.
Animales muertos, dispuestos de forma antinatural. Algunos abiertos, otros marcados con símbolos grabados directamente en la carne. El suelo estaba manchado, seco en algunas zonas, reciente en otras.
Elyria sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Esto no es sacrificio ritual común —dijo con voz baja—. Es experimentación.
—Y cruel —gruñó Alaric.
Siguieron avanzando.
Jaulas.
Oxidadas, mal cerradas, algunas aún intactas.
Dentro, animales vivos.
Demasiado vivos.
Sus ojos brillaban de forma antinatural, cuerpos deformados, respiraciones agitadas. Uno de ellos golpeó los barrotes al sentirlos cerca, emitiendo un sonido que no debía salir de una criatura normal.
Uno de los guardias dio un paso atrás.
El ambiente se volvía cada vez más opresivo.
Velas apagadas a medio consumir. Restos de comida aún sobre una mesa. Capas colgadas, botas embarradas junto a una escalera.
—No huyeron hace días —dijo Cassian con seriedad inusual—. Huyeron… hoy.
El silencio que siguió fue pesado.
Entonces lo vieron.
Una puerta.
Diferente a las demás.
Más gruesa. Reforzada con hierro. Y marcada con símbolos aún más complejos.
Del otro lado, el aire era… distinto.
Más frío.
Más denso.
Alaric apoyó la mano sobre la empuñadura de su espada.
—Un sótano.
—Por supuesto que hay un sótano —murmuró Cassian—. Siempre lo hay.
Elyria dio un paso adelante.
—Si aquí ocurrió lo peor… estará abajo.
Alaric la miró.
—¿Estás segura?
Ella sostuvo su mirada, firme.
—No quiero estarlo.
Pero bajaron igual.
La puerta crujió al abrirse.
Y la oscuridad los recibió como si hubiera estado esperando.
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autora preguntaaa: la prota se está cuidando verdad? no queremos bebé todavía o si?? 👀👀👀👀