se trata sobre una joven que es aceptada en una prestigiosa academia Pero lo que le parece extraño es que ella no envío ninguna solicitud y el nombre de la academia era muy raro y lo que era más extraño todavía era la reacción de su madre al escuchar el nombre de aquella academia si quieres saber de qué se trataba esa solicitud te invito a leer esta nueva y hermosa historia
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capítulo 23
La madre de Beatrix miró al imponente grupo y, recuperando la compostura, les dedicó una sonrisa hospitalaria. El alivio de tener a su hija de vuelta superaba cualquier rastro de desconfianza.
—Por favor, pasen, no se queden ahí fuera —los invitó a pasar, haciéndose a un lado para dejarlos entrar a la calidez de la casa—. Es un honor tenerlos aquí. Déjenme ver cómo nos acomodamos para darle a cada uno una habitación.
La casa era acogedora, llena de luz y decorada con tonos cálidos, un contraste absoluto con las paredes de obsidiana de la academia. Los chicos miraban todo con una mezcla de curiosidad y extrañeza, tratando de no chocar con las lámparas o los adornos debido a sus imponentes estaturas.
Beatrix se acercó a su madre en la cocina mientras los demás dejaban sus equipajes en el recibidor.
—Mamá, nos quedaremos por 10 días, tal cual como había dicho mi padre —le explicó Beatrix en voz baja—. Es el tiempo que nos ha concedido para este viaje.
La madre de Beatrix abrió los ojos de par en par, haciendo cuentas mentalmente mientras miraba de reojo el pasillo donde los cuatro herederos y las dos chicas esperaban.
—¿Diez días? Mi amor, me encanta la idea de tenerlos aquí, pero no hay tantas habitaciones para todos —dijo su madre con tono de preocupación—. Solo tenemos tu antiguo cuarto, el cuarto de huéspedes y mi habitación. Son seis personas más contigo, matemáticamente no caben todos individualmente.
Beatrix pensó rápido. Sabía que Elías, Dorian y Alistair eran demasiado orgullosos y severos para compartir espacio sin terminar destruyendo la casa con sus poderes, pero con Jax... con Jax las cosas eran diferentes.
Él ya había visto su vulnerabilidad ante el espejo y compartían un entendimiento más profundo.
—No te preocupes por eso, mamá —dijo Beatrix con total naturalidad y una sonrisa tranquila—. Lyra y Vespera pueden quedarse en el cuarto de huéspedes. Elías, Dorian y Alistair pueden repartirse los sofás inflables y el estudio del primer piso. Y Jax puede quedarse en mi habitación, yo dormiré contigo. Así liberamos espacio y él estará cómodo.
En el pasillo, el fino oído demor de los herederos captó las palabras de la princesa. Jax arqueó una ceja y soltó una sonrisa pícara, cruzándose de brazos mientras miraba de reojo a los otros tres candidatos.
Elías frunció el ceño con desaprobación, Dorian borró su sonrisa encantadora por un segundo y Alistair apretó los puños, haciendo que el ambiente alrededor de sus botas se enfriara notablemente ante el evidente favoritismo (y la enorme victoria táctica) que Beatrix le acababa de otorgar al heredero de las Cenizas.
Una vez resuelto el dilema de las habitaciones, Beatrix regresó al recibidor con una enorme sonrisa de suficiencia, ignorando las miradas gélidas que Elías, Dorian y Alistair le lanzaban a Jax, quien parecía el demonio más satisfecho de todo el Inframundo.
—Muy bien, escuchen todos —anunció Beatrix, aplaudiendo para llamar la atención del grupo—. Ya que estamos aquí, no vamos a perder el tiempo encerrados. Iremos a dar un paseo por todos los lugares donde yo he ido. Van a conocer la verdadera superficie.
—Yo me ofrezco a acompañarlos, mis niños —intervino su madre con dulzura, colocándose un abrigo—. Después de todo, alguien tiene que vigilar que estos muchachos tan apuestos no causen un alboroto en la ciudad.
El grupo asintió. Lyra acomodó sus lentes con entusiasmo científico y Vespera dio un salto de alegría. Los chicos, por su parte, se mantuvieron firmes, listos para seguir a su princesa.
Beatrix guió al grupo hacia el centro de la ciudad. Tal como lo habían planeado, primero fueron a las cafeterías. Entraron a un pequeño y acogedor local con aroma a grano tostado y canela. Lyra se quedó maravillada viendo cómo los humanos leían periódicos en silencio, mientras que Vespera devoraba un pastel de chocolate como si fuera su última comida. Los cuatro herederos intentaron actuar normales, pero ver a Alistair sostener una delicada taza de porcelana con su imponente mano, o a Dorian coquetear sutilmente con la mesera (provocando que Jax rodara los ojos), era un espectáculo digno de ver. Elías, por su parte, analizaba el menú como si fuera un mapa de guerra.
Después, se dirigieron a las carreras de autos. Este lugar fue el paraíso absoluto para los hermanos Ignis. El rugido de los motores, la velocidad y el olor a llanta quemada hicieron que Vespera gritara de la emoción. Jax observaba los vehículos con ojos brillantes, admitiendo entre dientes que los mortales tenían máquinas bastante interesantes. Alistair criticaba la falta de orden en la pista, mientras Dorian hacía apuestas mentales sobre cuál auto ganaría usando su intuición.
La adrenalina continuó cuando fueron a la lucha libre. El ambiente ruidoso, las luces y los hombres con máscaras coloridas lanzándose desde las cuerdas dejaron a los demonios fascinados. Vespera quería saltar al ring a demostrar cómo se peleaba de verdad en la Casa de las Cenizas, y Jax tuvo que sostenerla del hombro para que no causara un desastre. Incluso Elías y Alistair observaban con un respeto silencioso la resistencia física de los luchadores humanos.
Finalmente, el sol comenzó a ocultarse, tiñendo el cielo de un naranja rojizo. El grupo por último se dirigió a la vieja escuela donde estudiaba Beatrix. El edificio de ladrillos estaba tranquilo a esa hora, pero el ambiente cambió drásticamente cuando cruzaron el patio principal.
Caminando en dirección contraria, tomados de la mano, aparecieron dos figuras que Beatrix reconoció al instante. El estómago se le tensó por un segundo, pero la rabia y el orgullo Blackwood acudieron de inmediato en su rescate. Allí se encontraban su exnovio y su exmejor amiga.
Al ver a Beatrix, ambos se detuvieron en seco. El exnovio abrió la boca, estupefacto no solo por verla de regreso, sino por el imponente grupo que la rodeaba: seis jóvenes que parecían salidos de una revista de alta costura o de una dinastía real, y que de inmediato adoptaron una postura protectora alrededor de Beatrix.
Jax dio un paso al frente, entornando sus ojos amarillos con una fijeza peligrosa; Alistair dejó caer la temperatura del ambiente un par de grados; Dorian esbozó una sonrisa fría y calculadora; y Elías los barrió con una mirada de absoluto desprecio. Las cartas de la traición estaban sobre la mesa, pero esta vez, Beatrix tenía el control absoluto del tablero.