Voran, un ser de inmortalidad y fuerza inconmensurable, ha evitado el amor por siglos, temiendo que su inmenso poder destruya todo lo frágil y bello.
Él,un vampiro milenario forjado en la soledad y el poder, creía que su corazón estaba tan frío como las montañas que lo ocultaban. Hasta que sus ojos cayeron sobre Ginia, una joven humana cuya pureza y bondad eran un bálsamo en su oscura existencia.
Él la observa desde las sombras, temiendo que su propia naturaleza la destruya, pero incapaz de mantenerse alejado.... Una tormenta los une en un encuentro predestinado, un vínculo inquebrantable comienza a forjarse. Pero el amor entre la luz y la oscuridad tiene un precio, y la intimidad puede ser un acto tan peligroso como la guerra. El miedo a dañarla se cierne sobre cada roce,cada mirada, cada anhelo de intimidad¿Podrá Voran superar su miedo a dañar a la mujer que ha despertado su alma? Cuando lo imposible suceda, ¿podrá Ginia soportar el peso de un amor que desafía la vida y la muerte!?
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LA VERDAD QUE ENFURECE.
Pasaron un par de días, y aunque todo parecía tranquilo, Ginia y Linda no podían sacarse la sensación de encima de que algo andaba mal. Esa tarde, se encontraron con un viajero que venía de los bosques del norte, y al verlas, se acercó con cuidado, como si tuviera miedo de hablar.
—Señoritas… —les dijo bajito—. No deberían andar tan tranquilas. Escuché cosas, cosas que no deberían decirse, pero me da miedo que les pase algo.
—¿Qué pasó? —le preguntó Linda, poniéndose alerta.
—Hablaban unos hombres en una taberna lejana —contó él—. Decían que un brujo de por acá, uno llamado Bastian, había pagado muy bien a unos licántropos para que salieran al camino. Les dio órdenes claras: atacar a quien anduviera con Voran, y si podían, llevarse también a las dos chicas que iban con él. Decía que así él podría aparecer después, como el bueno, y ganárselas. ¡Las usó de carnada, señoritas! ¡Las puso en peligro de muerte solo por sus intereses!
En ese momento, a las dos se les heló la sangre. Ginia sintió una rabia que le subía por el cuerpo, y Linda apretó los puños furiosa.
—¿Es verdad eso que decís? —preguntó Ginia con voz temblorosa de la bronca.
—Lo escuché con mis propios oídos —aseguró el hombre—. Y también escuché que el brujo está planeando algo más grande, porque se le salió mal lo de los lobos. Tengan cuidado, por favor.
En cuanto el hombre se fue, Linda miró a su amiga con los ojos llenos de enojo.
—¡No lo puedo creer, Ginia! ¡Nos usó! ¡Nos puso en medio del peligro a propósito! ¡Podríamos haber muerto ahí mismo por culpa de él!
Ginia sentía que le ardía la cara de la furia.
—Es peor de lo que pensábamos… no solo quería hacerle daño a Voran, nosotras éramos parte de su trampa. ¡Es un monstruo! Y encima viene, se hace el amable y nos habla mal de Voran… ¡todo mentira!
Justo en ese momento, vieron venir a Bastian desde lejos, caminando despacio, con esa sonrisa falsa de siempre, como si nada hubiera pasado. Al verlas, aceleró el paso y se acercó muy confiado, como si estuviera seguro de que ellas le creían a él.
—¡Hola, preciosas! —les dijo con tono meloso—. Justo pensaba en ustedes. Vine para ver si están bien, para ver si necesitan algo… ya saben que yo estoy siempre dispuesto a ayudarlas, a cuidarlas de quien les quiera hacer daño. Ya saben de quién hablo, de ese Voran que las trae por caminos peligrosos…
Pero no pudo seguir hablando, porque Ginia se le puso enfrente con los ojos llenos de odio, señalándolo con el dedo.
—¡Cállate ya, Bastian! —le gritó furiosa—. ¡Ya nos enteramos de todo! ¡Ya sabemos que fuiste vos el que mandó a esos lobos al camino! ¡Sabemos que nos usaste de cebo para atacarlo a él y para ponernos a nosotras en peligro! ¡Podríamos haber muerto y a vos no te importó nada, solo tu interés!
Linda también se paró al lado de su amiga, igual de enojada.
—¡Eres un asco! —le dijo con desprecio—. Nos hablás de cuidado, de seguridad, y sos vos el mayor peligro que tenemos. ¡Andate de acá, no queremos saber nada con vos! ¡Aléjate de nosotras para siempre!
Bastian se quedó pálido, sin esperar que ya supieran la verdad, pero rápido cambió la cara y volvió a fingir, poniendo cara de ofendido.
—¿Qué cosas dicen? ¡Qué locuras! —dijo él, tratando de acercarse un poco más, pero ellas dieron un paso atrás alejándose—. Eso son mentiras que inventa Voran para ensuciarme a mí, para que no confíen en nadie más que en él. Él las manipula, las llena de mentiras… yo solo quiero lo mejor para ustedes, especialmente para vos, Ginia. Sabés que siempre te vi distinta, especial… tenés un poder increíble y merecés estar con alguien como yo, que sepa valorarte de verdad, no con un monstruo que solo te trae problemas.
—¡Que te vayas te dijimos! —repitió Ginia, con voz firme y decidida—. ¡No queremos escuchar nada de lo que tengas que decir! ¡Para nosotras ya dejaste de existir! ¡Y si te acercás otra vez, vas a ver de lo que somos capaces!
Al ver que no podía convencerlas, Bastian apretó los dientes, y por un segundo se le vio la cara de verdad: llena de rabia y odio, pero volvió a disimular rápido.
—Está bien… me voy por ahora —dijo él con voz fría y amenazante—. Pero sepan que no se van a librar de mí tan fácil. Yo sé lo que valen, y sé lo que necesitan. Y tarde o temprano, se van a dar cuenta de que solo yo puedo darles lo que necesitan. Y cuando ese día llegue, yo voy a estar ahí esperando, porque lo que es mío… se consigue de cualquier forma.
Dicho esto, se dio vuelta y se fue caminando despacio, mirándolas por encima del hombro con una mirada que les dio mucho miedo, pero ellas se quedaron firmes, dándose cuenta de que ahora el enemigo era mucho más peligroso de lo que creían.