Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
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Capítulo 13: Antes de la tragedia
Hace mil seiscientos años…
el mundo todavía no estaba roto.
No existían historias sobre autoridades. No había cultos. Ni ciudades destruidas por la Envidia.
Todavía no existían monstruos capaces de alterar el tiempo o devorar recuerdos.
En aquella época…
todo era extrañamente tranquilo.
Los reinos crecían lentamente. Los espíritus convivían con las personas. Y la magia todavía era vista como un regalo hermoso en lugar de un arma.
Incluso ellas…
todavía eran normales.
Siete chicas.
Siete vidas distintas.
Y ninguna imaginaba en qué terminarían convirtiéndose.
Liz era simplemente una joven extremadamente inteligente que pasaba la mayor parte del tiempo leyendo dentro de enormes bibliotecas antiguas.
Pelirroja. Ojos negros. Curiosa hasta niveles absurdos.
Muchos pensaban que era extraña porque parecía interesarse más por el conocimiento que por las personas.
Pero aun así…
todavía podía sonreír honestamente.
Vanessa era tímida.
Demasiado sensible para un mundo cruel.
Su cabello naranja y ojos violeta siempre llamaban la atención, cosa que ella odiaba completamente.
Prefería esconderse cerca de jardines o ayudar personas heridas antes que hablar demasiado.
Chloe era un desastre emocional incluso desde joven.
Cabello rosa. Ojos azules. Temperamento explosivo.
Podía discutir con alguien y cinco minutos después ayudarlo como si nada hubiera pasado.
Lucia ya era arrogante incluso entonces.
Rubia. Ojos grises. Orgullosa. Crítica.
Pero detrás de aquella actitud insoportable…
todavía existía una niña que genuinamente quería proteger a otros.
Ariana dormía prácticamente todo el día.
Cabello castaño. Ojos azules. Siempre cansada.
Pero curiosamente…
cuando alguien realmente necesitaba ayuda, ella siempre aparecía.
Lestia era probablemente la más inocente.
Cabello morado. Ojos verdes brillantes.
Amaba cocinar. Amaba comer. Y amaba ver felices a las personas.
Nadie habría imaginado jamás lo que terminaría convirtiéndose.
Y finalmente…
Alicia.
Todavía no era la Envidia.
Todavía no era la calamidad.
Todavía no era el monstruo que destruiría medio mundo.
Solo era una niña.
Una pequeña elfa de cabello negro y ojos amatista nacida durante una noche donde el cielo parecía demasiado oscuro.
Y desde el momento en que abrió los ojos…
algo se sintió mal.
El viento desapareció. Los espíritus huyeron. Y varios ancianos del pueblo comenzaron a temblar apenas sintieron su presencia.
Liz fue la primera en notarlo.
La pelirroja observó a la recién nacida en silencio mientras todos alrededor comenzaban a murmurar nerviosamente.
—Esos ojos…
—La presión mágica…
—Eso no es normal…
La madre de Alicia sostenía a su hija temblando.
Protegiéndola.
Asustada.
Porque incluso ella podía sentirlo.
La niña apenas nacida…
ya estaba conectada con algo imposible.
Pero Alicia no hacía nada.
Solo observaba el mundo en silencio desde los brazos de su madre.
Inocente.
Pequeña.
Completamente incapaz de entender el miedo de las personas a su alrededor.
Y entonces…
uno de los ancianos retrocedió lentamente.
—Esa niña traerá desgracia.
El silencio llenó la habitación.
Liz inmediatamente levantó la mirada.
Sus ojos negros se volvieron fríos.
Porque aquellas palabras…
ya las había escuchado antes.
Y en ese momento…
sin que nadie lo supiera todavía…
la historia comenzó a repetirse otra vez.
Capítulo 13
Antes de la tragedia — Parte 2
Los años comenzaron a pasar lentamente.
Y aunque los rumores alrededor de Alicia jamás desaparecieron completamente…
ella nunca estuvo sola.
Porque Liz no lo permitió.
La joven pelirroja prácticamente se convirtió en la primera persona que decidió acercarse realmente a Alicia sin miedo.
Mientras los adultos susurraban cosas horribles…
Liz simplemente se sentaba junto a ella a leer libros.
Como si nada estuviera mal.
—¿Por qué siempre lees tanto? —preguntó Alicia una vez.
La niña de cabello negro apenas levantaba la voz.
Liz pasó lentamente una página antes de responder.
—Porque las personas son aburridas.
Alicia inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces… ¿yo también soy aburrida?
Liz la observó unos segundos.
Y luego negó lentamente.
—Tú eres extraña. Eso es más interesante.
Aquella fue probablemente la primera vez que Alicia sonrió de verdad.
Pequeña.
Torpe.
Pero sincera.
Con el tiempo…
las demás chicas también comenzaron a acercarse a ella.
Chloe fue la más directa.
Un día simplemente golpeó a un niño que estaba insultando a Alicia.
—¡¿Qué dijiste sobre ella?!
El niño salió corriendo llorando mientras Chloe resoplaba molesta.
Alicia la observó sorprendida.
—No necesitabas hacer eso…
—Claro que sí.
La chica de cabello rosa cruzó los brazos.
—Eres demasiado lenta para defenderte sola.
Alicia bajó ligeramente la mirada.
—Gracias…
Desde ese momento…
Chloe prácticamente se convirtió en su escudo.
Siempre estaba cerca. Siempre discutiendo con alguien. Siempre defendiendo a Alicia incluso cuando nadie se lo pedía.
Vanessa fue diferente.
Ella y Alicia comenzaron a hablar simplemente porque ambas eran demasiado tímidas para acercarse a otras personas.
Muchas veces se quedaban sentadas juntas en silencio durante horas.
Y curiosamente…
eso les bastaba.
Vanessa amaba hacer flores de tela.
Alicia disfrutaba verla trabajar.
Y poco a poco…
aquellos silencios comenzaron a sentirse cómodos.
Lestia constantemente intentaba hacer que Alicia comiera más.
—¡Tienes que probar esto!
—Lestia… eso parece carbón.
—¡NO LO ES!
Lucia fingía que Alicia le molestaba.
—No entiendo por qué todas están tan obsesionadas contigo.
Pero aun así…
si alguien hablaba mal de Alicia cerca de ella, era la primera en discutir.
Ariana simplemente dormía cerca de Alicia casi todos los días.
Y aunque parecía desinteresada…
la única vez que vio a Alicia llorando permaneció despierta toda la noche acompañándola.
Con el tiempo…
sin darse cuenta…
las siete comenzaron a convertirse en algo importante para Alicia.
Su lugar seguro.
Su ancla emocional.
Porque el mundo afuera seguía siendo cruel.
Muchos adultos evitaban tocarla. Otros cerraban puertas cuando ella aparecía. Y algunos incluso hacían oraciones apenas Alicia pasaba cerca.
Pero cuando estaba con ellas…
todo eso desaparecía un poco.
Liz notó aquello antes que nadie.
La pelirroja observaba frecuentemente a Alicia en silencio.
Especialmente cuando sonreía junto a las demás.
Porque entendía algo importante.
Alicia necesitaba desesperadamente amor.
Más que cualquier otra persona que hubiera conocido.
Y también entendía algo aterrador.
Si algún día Alicia perdía ese amor…
algo horrible ocurriría.
Una tarde…
las siete descansaban cerca de un lago observando el atardecer.
Alicia estaba recostada silenciosamente mirando el cielo mientras Chloe discutía con Lucia por algo completamente absurdo.
Vanessa intentaba detenerlas nerviosamente.
Lestia seguía comiendo.
Ariana dormía.
Y Liz leía tranquilamente bajo un árbol.
Entonces Alicia habló de repente.
—¿Por qué son amables conmigo?
El ambiente se quedó en silencio apenas unos segundos.
Chloe frunció el ceño inmediatamente.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
Alicia abrazó lentamente sus piernas.
—Todos los demás me miran como si fuera un monstruo…
Vanessa bajó ligeramente la mirada.
Lucia chasqueó la lengua molesta.
Pero fue Liz quien respondió.
La pelirroja cerró lentamente su libro.
—Porque las personas siempre temen lo diferente.
Sus ojos negros descansaron sobre Alicia.
—Y sinceramente… eso me parece estúpido.
Alicia la observó en silencio.
Liz sonrió apenas.
—Además… si fueras realmente un monstruo…
La pelirroja levantó ligeramente el libro que Alicia le había prestado días antes.
—No te preocuparías tanto por cosas pequeñas.
El viento recorrió suavemente el lago.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Alicia sintió algo cálido dentro de su pecho.
Algo parecido a pertenecer a algún lugar.
Sin saber…
que ese pequeño grupo de chicas terminaría convirtiéndose en el centro de la tragedia más grande de la historia.