Algunas personas llegan a tu vida para cambiarla.
Liam pensaba que la universidad sería solo un nuevo comienzo.
Nunca imaginó que terminaría encontrando a alguien capaz de cambiar por completo su ritmo.
Entre bailes, competencias, amistades inolvidables, heridas del pasado y sentimientos que nacieron cuando menos lo esperaban, Liam y Kae descubrirán que ciertos encuentros no son coincidencias.
Porque algunas personas están destinadas a encontrarse.
A seguirse.
A perderse.
Y finalmente…
A chocar.
Ritmos Que Nos Chocan es una historia sobre amor, crecimiento, segundas oportunidades y aquellos lazos que permanecen incluso cuando todo parece intentar separarlos.
NovelToon tiene autorización de Leamsi Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Pasado
—No puedo creer que estés contando esto.
—Yo tampoco.
—Pensé que te llevarías estos secretos a la tumba.
—Todavía puedo hacerlo.
—No me arruines el capítulo.
—¿El qué?
—Nada.
—Liam.
—¿Qué?
—A veces me preocupas.
—A mí también.
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La noche seguía tranquila.
La plaza estaba vacía.
Y por primera vez desde que se conocían…
Kae estaba hablando más que Liam.
Lo cual era una situación tan extraña que probablemente merecía ser estudiada científicamente.
Noah estaría encantado.
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—Entonces…
Liam se acomodó en la banca.
—¿Siempre te gustó competir?
Kae sonrió.
Y aquella sonrisa fue diferente.
Más ligera.
Más joven.
Como si perteneciera a alguien que existía años atrás.
—Siempre.
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No tuvo que pensarlo.
La respuesta salió sola.
Porque algunas cosas nunca habían cambiado.
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Le gustaba correr.
Le gustaba entrenar.
Le gustaba exigirse.
Le gustaba ganar.
Y, sobre todo…
Le gustaba compartirlo.
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—Era insoportable.
—Eso ya lo dijiste.
—Porque era verdad.
—¿Qué tan insoportable?
—Mucho.
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Y entonces los recuerdos regresaron.
Claros.
Luminosos.
Vivos.
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La pista.
El gimnasio.
Las competencias escolares.
Las fotografías.
Los trofeos.
Las risas.
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Y las personas.
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Siempre había personas.
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Porque aquella versión de Kae jamás estaba sola.
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—¿Otra vez llegaste tarde?
—Llegué puntual.
—Llegaste veinte minutos tarde.
—Detalles.
—Voy a golpearte.
—Tienes una obsesión preocupante conmigo.
—Tú tienes una obsesión preocupante con desesperarme.
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Las risas llenaban los pasillos.
Y Kae recordaba exactamente cómo se sentía.
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Ligero.
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Como si el futuro fuera enorme.
Y nada malo pudiera alcanzarlo.
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—Extraño eso.
Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.
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Liam no respondió enseguida.
Solo escuchó.
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—¿Las competencias?
preguntó finalmente.
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Kae negó suavemente.
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—La sensación.
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Silencio.
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—Sentir que todo estaba bien.
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La respuesta quedó flotando entre ellos.
Más honesta de lo que pretendía.
Más vulnerable.
Más real.
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Y Liam entendió.
Porque él también había tenido algo así.
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Una época donde todo parecía más sencillo.
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Antes de las heridas.
Antes de las pérdidas.
Antes de crecer.
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—¿Tenías muchos amigos?
preguntó.
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Kae soltó una pequeña risa.
—Demasiados.
—No me lo imagino.
—Todos dicen eso.
—Porque es difícil imaginarte hablando demasiado.
—Hablaba muchísimo.
—Miedo.
—Era encantador.
—Lo dudo.
—Qué grosero.
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Por primera vez en mucho tiempo…
Kae se sintió cómodo recordando.
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Porque normalmente los recuerdos terminaban llevándolo a lugares oscuros.
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Pero Liam parecía tener una habilidad extraña.
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La de quedarse en las partes felices.
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Y permitirle hacerlo también.
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—Había alguien.
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Las palabras salieron más suaves.
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Liam levantó la vista.
Pero no interrumpió.
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—Era mi mejor amigo.
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Silencio.
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—¿Tu mejor amigo?
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Kae asintió.
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Y por primera vez desde que comenzó a hablar…
Su sonrisa cambió.
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Se volvió más nostálgica.
Más distante.
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Como si estuviera viendo algo que ya no podía tocar.
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—Siempre estaba ahí.
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La pista.
Los entrenamientos.
Las competencias.
Las tardes.
Los fines de semana.
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Todo.
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—Era imposible librarme de él.
—Suena familiar.
—Ahora que lo dices…
sí.
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Liam fingió ofenderse.
Y consiguió exactamente lo que quería.
Otra sonrisa.
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—¿Cómo era?
preguntó.
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Kae tardó varios segundos en responder.
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Porque era una pregunta sencilla.
Pero la respuesta no lo era.
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—Ruidoso.
—Ajá.
—Impulsivo.
—Ajá.
—Molesto.
—Ajá.
—Siempre metiéndose en problemas.
—Ajá.
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Liam lo miró.
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—Estás describiéndome.
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Kae se quedó callado.
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Luego soltó una carcajada.
Una real.
De esas que hacía años no aparecían tan fácilmente.
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Y por un instante…
Algo se acomodó dentro de Liam.
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Porque aquella risa.
Aquella sonrisa.
Aquella versión de Kae.
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Era hermosa.
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Mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.
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Pero entonces…
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La sonrisa desapareció.
Solo un poco.
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Lo suficiente.
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Y Liam lo notó inmediatamente.
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Porque ya estaba aprendiendo a leerlo.
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—¿Qué pasó?
preguntó.
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Kae bajó la mirada.
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Y por primera vez desde que comenzó a hablar…
No respondió de inmediato.
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El silencio se volvió más pesado.
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Más frío.
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Más difícil.
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Porque ambos sabían que habían llegado al borde de algo.
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Algo importante.
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Algo doloroso.
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Kae observó sus manos.
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Y respiró profundamente.
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—Todo cambió después de aquella competencia.
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Silencio.
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Liam sintió que el aire se detenía.
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Porque aquella frase sonó exactamente igual que el inicio de una herida.
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Y por primera vez…
Comprendió que estaban llegando a la parte de la historia que Kae llevaba años evitando contar.
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La parte que aparecía en los sueños.
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La parte que seguía doliendo.
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La parte que explicaba por qué el Kae de aquellos recuerdos ya no existía.
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Y mientras la noche continuaba avanzando…
Liam permaneció a su lado.
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Listo para escuchar el resto.
Aunque ambos supieran que lo que venía después iba a cambiarlo to