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El Error Más Perfecto.

El Error Más Perfecto.

Status: Terminada
Genre:Romance / Grandes Curvas / Amor eterno / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

En su nueva universidad en Suecia, Axel propone un experimento cruel: demostrar que cualquiera puede protagonizar un cuento de hadas, incluso la chica más invisible del campus. Así llega a Liv, una joven pelirroja, dulce, soñadora y completamente ajena al mundo superficial que la rodea.

Ella cree en la magia.
Él, en las reglas.

Lo que comienza como un juego cuidadosamente planeado, lleno de sonrisas calculadas y emociones manipuladas, pronto se convierte en algo que Axel no puede controlar. Porque Liv no sigue ningún guion… y porque, sin darse cuenta, es ella quien empieza a enseñarle lo que significa realmente vivir.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Trampa

El aire en el departamento se volvió denso, pesado, casi sólido. El tiempo pareció ralentizarse hasta detenerse por completo. Axel no apartó la mirada de los ojos marrones de Liv. Tampoco ella retrocedió. La distancia física entre los dos en el sofá pareció evaporarse bajo la presión de una atracción que ya no podían contener con palabras ingeniosas.

—Liv… —murmuró él, y su propia voz le pareció la de un extraño. Un ruego, una advertencia, un hilo de voz que se perdió en la penumbra.

—¿Sí? —respondió ella en un suspiro, con el corazón latiéndole tan fuerte en la garganta que estaba segura de que él podía escucharlo.

Ninguno de los dos se movía voluntariamente, pero la distancia ya no existía. Axel no supo en qué milésima de segundo su cuerpo se inclinó hacia delante, acortando los últimos centímetros que los separaban. No hubo estrategia, no hubo cálculo de beneficios para el System. Solo pasó. El aroma a vainilla y frío de Liv lo inundó por completo, desarmando su última línea de defensa.

Liv tampoco se alejó. Sus manos temblaban notablemente alrededor de la taza, pero sus ojos permanecieron fijos en los labios de Axel, entregándose al momento con la fe ciega de quien cree en los milagros de invierno. Sus respiraciones se mezclaron en el espacio mínimo que quedaba entre ellos. Cerca. Peligrosamente cerca.

“Esto… esto no estaba en el maldito plan”, pensó el cerebro de Axel en un último y desesperado destello de lucidez aristocrática. Y fue exactamente esa falta de control, esa violenta oleada de realidad, lo que convirtió el momento en algo sumamente peligroso para su mundo perfecto.

Liv cerró los ojos. Un segundo. Solo un segundo de perfecta vulnerabilidad, esperando el impacto, creyendo con la pureza de sus cuentos de hadas que las barreras sociales no importaban bajo ese techo.

Y Axel… se detuvo.

A escasos milímetros de sus labios, el rostro de su padre, las advertencias de Freja en el chat de Berlín y la fría realidad de la apuesta del System lo sujetaron como cadenas invisibles de hierro. Cruzar esa línea no era solo besar a una chica; era destruir la farsa, aceptar que el juego había terminado y que él había perdido el control absoluto de su tablero.

Se alejó. Apenas unos centímetros, pero fue una distancia sideral.

—No… —murmuró Axel, con la respiración entrecortada, una palabra dirigida más a sus propios demonios internos que a la chica que tenía enfrente.

Liv abrió los ojos lentamente. La confusión y la humillación se reflejaron de inmediato en sus pupilas marrones al ver la rigidez en las facciones del alemán.

—¿Qué… qué pasa?

Axel se levantó del sofá de un solo golpe, con una brusquedad que hizo que el chocolate de la taza de Liv se tambaleara. Caminó hacia el gran ventanal, dándole la espalda.

—Nada. No pasa nada.

—Axel… estás temblando. Mírame.

—Te dije que no es nada, Liv —cortó él, con una voz artificialmente fría que pretendía recuperar la distancia perdida.

Una mentira absoluta. Una mentira monumental y los dos lo sabían perfectamente en el fondo de sus almas.

Liv bajó la mirada hacia sus propias manos, sintiendo un nudo asfixiante cerrándose en su garganta. El castillo de papel se había derrumbado otra vez, pero esta vez el golpe dolía de verdad.

—Lo siento… —dijo en un hilo de voz, sintiéndose repentinamente pequeña y fuera de lugar en ese entorno de lujo minimalista.

Axel frunció el ceño, apretando los puños dentro de los bolsillos sin girarse a mirarla. Su propio pecho era un caos de frustración.

—¿Por qué demonios te estás disculpando, Liv?

—Porque… —ella dudó, tragándose las lágrimas de orgullo—. Porque por un momento pensé que esto era real. Pensé que de verdad había algo aquí.

No terminó la frase. No hacía falta que lo hiciera; el silencio la completó con crueldad. Axel se pasó una mano por el cabello rubio, desordenándolo con desesperación. El peso de la culpa era un veneno nuevo para él.

—No hiciste nada malo, Cenicienta. Solo… —exhaló un suspiro pesado, mirando el reflejo de la ciudad en el vidrio—. Solo no compliquemos las cosas más de lo necesario. Mantengamos las variables donde deben estar.

Liv levantó la mirada lentamente, y la dulzura de sus ojos había sido reemplazada por una dignidad herida que a Axel le dolió más que cualquier insulto.

—¿“Las cosas”? ¿“Variables”? ¿Eso es lo que soy para ti, Axel?

—Sí. Es decir, no. Solo… mantengamos el trato como estaba.

—¿Y qué es exactamente “este trato”, Axel? ¿Qué es lo que estamos haciendo aquí?

Axel no respondió. Se quedó inmóvil frente al cristal, porque por primera vez en toda su impecable y calculadora existencia, no tenía la menor idea de cómo definir el desastre que llevaba dentro.

Liv asintió suavemente, tragándose el dolor y poniéndose de pie con una calma forzada que denotaba una fuerza interna que Axel no esperaba.

—Entiendo perfectamente, junior. No te preocupes.

Pero no entendía absolutamente nada del juego perverso que la rodeaba, y la decepción en su rostro era un poema trágico. Tomó su bolso y caminó hacia la entrada.

—Creo que… es una excelente hora para irme a mi departamento. Tengo lecturas pendientes para mañana.

—Liv, espera… no tienes que irte de esa manera. Está oscuro y hace frío afuera, puedo pedirte un chofer.

—No —cortó ella, deteniéndose junto a la puerta principal sin mirarlo—. Puedo tomar el metro perfectamente sola. Estoy acostumbrada al mundo real, ¿recuerdas?

Silencio absoluto. Axel no se movió del ventanal para detenerla. No tuvo el valor de romper sus propias cadenas de oro. Y esa inacción, ese silencio cobarde, fue mil veces peor que cualquier palabra hiriente que pudiera haber pronunciado.

Cuando el sonido seco de la puerta principal al cerrarse reverberó en las paredes, el lujoso departamento de la Place Vendôme volvió a sumirse en su vacío habitual. Pero esta vez, el vacío se sentía mucho más profundo, más oscuro y más helado que antes de que ella cruzara el umbral.

Axel se dejó caer pesadamente en el sofá de piel, cubriéndose el rostro con ambas manos. Miró el techo alto, sintiendo una opresión insoportable en el pecho.

—Maldición… —susurró para la nada.

Porque lo que había sentido a milímetros de los labios de Liv no formaba parte de ninguna estrategia de seducción de los salones de Berlín. No era control, no era arrogancia de junior. Era algo real, un fuego genuino que no sabía cómo apagar y que amenazaba con consumirlo por completo.

Mientras tanto, un par de pisos más abajo, Liv caminaba a paso rápido por las calles empedradas de París, abrazándose a sí misma para protegerse del viento invernal que le azotaba el rostro. Tenía los ojos empañados por las lágrimas que se había negado a derramar frente a él, y el corazón le latía con una velocidad alarmante dentro del abrigo.

—Fue real… —susurró para sí misma, mirando el vaho de su aliento perderse en la noche—. Sé que lo que vi en sus ojos fue real. No me lo inventé.

Y por esa misma certeza, porque sabía que detrás de la máscara del junior había un ser humano real, el rechazo dolía con una intensidad que le calaba hasta los huesos.

A lo lejos, estacionado en la esquina de la calle adyacente bajo la luz mortecina de un farol, un elegante auto deportivo de color negro mantenía el motor encendido. Desde el interior del vehículo, Freja observaba la silueta parpadeante de Liv perderse en la boca de la estación del metro.

La heredera no sonreía con la calidez habitual de las fotos de sociedad. Su rostro era una escultura de hielo y ambición. Apagó la pantalla de su teléfono, donde el mensaje de Axel de "Todo sigue bajo control" seguía brillando como una broma pesada.

—Ahora sí… —murmuró Freja para sí misma, tamborileando las uñas pintadas de rojo sobre el volante de piel—. Esto se va a poner verdaderamente interesante, Axel. Veamos cuánto dura tu control cuando la verdad salga a la luz.

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Lorena Malpica
Muy bonita, me gustó, muchas felicidades, gracias
Lorena Malpica
Liv, sin querer, todo ese cambio, es ocasionado por ti, tu le enseñaste el camino correcto con tu forma de ser 🥳💓
Lorena Malpica
Lástima que ahora el está arrepentido. Ojalá y puedan perdonarse
Lorena Malpica
Porqué cortaste la grabación, es que hay algo que no quieres que Liv se entere. Rata inmunda, así te a ir
Lorena Malpica
Te vas a sentir mejor Axel
Lorena Malpica
Qué poca dignidad de la tipa ojalá y así le vaya
Lorena Malpica
Pasumecha que personas tan deprimente, andarse inventando juegos para darle sentido a sus vidas mediocres, sin importar a quien dañan. Qué les quiten los privilegios y se pongan a trabajar
María Angelica Stessens
Me gustó mucho , Liv y Axel sanaron mutuamente 👏👏👏 !!!
María Angelica Stessens
👏👏👏 para Liv !!!
María Angelica Stessens
Freja , eres insoportable !!!
María Angelica Stessens
Bien por Axel 👏👏👏
María Angelica Stessens
Muy mal que Freja haya hablado con Liv sin consultar primero con él , se metió donde no la llamaron ...
Rolando Morales
/Drool//Drool//Drool//Drool/
Mindy Rey
Enamorada de todas las novelas
Dalila Otero
ya la leí/Facepalm/ y la volveré a leer cuando la alargues autora
me gustó mucho
Megara García
me encanta
Megara García
que hermosa es la redención 👏
Yolanda Luna
si me gustó
NovelToon
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