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El Hombre Equivocado

El Hombre Equivocado

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Completas
Popularitas:14.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Qué hacer cuando se supone que el día más feliz de tu vida se convierte en un infierno?

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Vulnerabilidad.

El sol del sur no tenía piedad. Era una masa de fuego que pesaba sobre los hombros de Dominic mientras removía la tierra seca, una tierra que parecía reconocerlo y reclamarle su ausencia. Cada golpe de la azada era un latido de dolor; cada gota de sudor, un recordatorio de que estaba vivo a pesar de sus deseos.

Dominic se detuvo en medio del sembradío. El silencio del campo era tan vasto que se volvía ensordecedor. Miró hacia la casa, esperando ver la silueta de Mabel saliendo con un cántaro, o escuchar la risa que nunca llegó de sus hijos. Pero solo encontró el vacío. Se desplomó sobre sus rodillas, hundiendo las manos en el polvo abrasador.

No podía hacerlo. No podía simplemente terminar con todo; su fe, aunque maltrecha, le decía que el suicidio le cerraría la única puerta que le importaba: la que lo llevaría de vuelta a ellos. Estaba condenado a la inmortalidad de los días lentos. Tenía que esperar a que el tiempo, o el cansancio de su propio corazón, hiciera el trabajo por él.

—Llévenme pronto —susurró a la tierra, pero la tierra solo le devolvió calor.

Cuando el sol finalmente se hundió en el horizonte, tiñendo el cielo de un rojo sangre que le recordaba a la tragedia del pozo, Dominic emprendió el regreso. Sus pasos eran pesados, arrastrando las botas por el sendero. Lo último que quería era entrar en esa casa que olía a recuerdos muertos y, ahora, a la presencia intrusa de Samira.

Se preparó mentalmente para los gritos, los reproches por el calor, el desprecio por la falta de lujos. Pero al cruzar el umbral, el silencio lo recibió de nuevo.

Dominic entró en la cocina y se detuvo. Samira estaba sentada a la mesa de madera, con la cabeza apoyada en sus brazos. No lucía como la heredera altiva de Orlando, sino como una mujer rota por el agotamiento. Había intentado buscar comida; vio una lata de conservas mal abierta y unos trozos de pan duro sobre el mostrador, señales de un intento fallido por alimentarse. El hambre y el mareo del viaje finalmente la habían vencido.

Dominic no dijo una palabra. No la despertó ni le pidió explicaciones. Pasó junto a ella como si fuera un fantasma más de la propiedad. Con movimientos mecánicos y precisos, encendió la vieja estufa de leña. El crepitar del fuego fue el único sonido que llenó la estancia.

Cortó un poco de cecina, peló unas patatas y puso a hervir una olla. El aroma del guiso rústico, cargado de especias sencillas y el ahumado de la madera, comenzó a llenar la cocina, desplazando el olor a encierro.

Cuando la cena estuvo lista, Dominic sirvió dos platos.

—Come —dijo él, con una voz ronca que apenas usaba.

Samira levantó la vista. Tenía los ojos empañados y el rostro pálido. No respondió, no hubo sarcasmo ni veneno. Se limitó a mirar el plato humeante. Dominic no esperó un agradecimiento; se sentó en el extremo opuesto, comió su parte con la mirada fija en un punto invisible de la pared y, al terminar, lavó su plato y caminó hacia su recámara.

—Mañana hay que empezar temprano —soltó antes de cerrar la puerta, dejándola sola con la penumbra de una lámpara de aceite.

Samira se quedó inmóvil un momento. El hambre era un nudo doloroso en su estómago. Dudó, mirando el guiso con desconfianza, pero el aroma era una invitación que su cuerpo no pudo rechazar. Tomó la cuchara y probó el primer bocado.

Se detuvo en seco. El sabor era intenso, real, lleno de una calidez que nunca había encontrado en los restaurantes de cinco estrellas de su vida anterior. No había pretensiones en esa comida, solo la honestidad de la tierra. Samira comenzó a comer con una urgencia que rayaba en la desesperación, dándose cuenta de que, en medio de su ruina y de aquel exilio forzado, el hombre al que había intentado destruir era el único que, por segunda vez, la mantenía con vida.

Esa noche, el guiso de Dominic Williams fue lo mejor que Samira Johnson había probado en años, no por sus ingredientes, sino porque sabía, por primera vez, a algo parecido a la verdad.

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Cliente anónimo
Muy bueno que aprenda humildad ! Está con los humos muy altos ! Pobre hombre la loca que le tocó ! Ojalá no quede con ella ! Merece una mejor mujer !!
Andre
Gracias, hermosa historia
Cliente anónimo
La verdad es que Dominic se parece al perro del hortelano ni come ni deja comer a su amo necesita ayuda profesional no está actuando cuerdamente
victoria ramos
muy linda tu historia gracias
Angel: Muchas gracias. Esperamos visite las novelas que tenemos completas y sean de su agrado. Una de las más populares que tenemos es Tropezando con el amor.
nuestras novelas vienen entrelazadas por lo que en cada novela los nombres son importantes para conocer las historias de los personajes secundarios.☺️
total 1 replies
Mindy Rey
uno nunca termina de conocer a nadie
Yolanda Luna
He leído casi todas las novelas y me han gustado mucho
ojalá suban nuevas
Dalila Otero
Dominic es el hombre que todas quisiéramos
Eneida Acosta
para cuando los otros capítulos gracias
Mindy Rey: tienes que leer las otras novelas están conectadas me estoy desmayando sigo sin creerlo👏🤭
total 2 replies
Andre
Hay contradicción. Primero habla del silencio en el despacho donde no se defendió de los golpes y luego de ella creyendo que no le hicieron nada
Yaya García: lo mejor de esta autora es que sus novelas están conectadas, y así se entera uno de la vida de los personajes secundarios.
por ejemplo la novela tropezando con el amor está vinculada con dinastía brekman, heredero enamorado y la nueva que es sediento de venganza🥰
total 1 replies
Susana Damiano
/Drool//Drool//Rose//Rose/
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