Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos
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Capítulo 17: Entre Celos y Promesas
Darly abrió los ojos de golpe al recordar algo importante.
—Santiago... ¿te cuidaste?
La expresión de él cambió por un instante mientras intentaba recordar los acontecimientos de las últimas horas.
Después negó suavemente con la cabeza.
—La verdad... no.
Darly lo miró sorprendida.
—¿Cómo que no?
Santiago soltó una pequeña sonrisa nerviosa y tomó una de sus manos.
—Se me olvidó por completo, princesa.
—¿Y lo dices con esa tranquilidad?
—Porque confío en ti.
—No se trata de confianza, Santiago. Se trata de responsabilidad.
Él suspiró y acarició suavemente sus dedos.
—Lo sé. Tienes razón.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Darly sabía perfectamente que no existía riesgo de embarazo, pero aun así le preocupaba la falta de cuidado.
—Solo debemos ser más responsables —dijo finalmente.
—Lo seremos.
Santiago acercó su frente a la de ella.
—Te lo prometo.
Aquellas palabras lograron tranquilizarla.
Habían pasado horas inolvidables juntos, compartiendo momentos que ninguno de los dos quería terminar.
Momentos llenos de cariño.
De confianza.
De una conexión que parecía crecer cada minuto.
Terminaron de comer mientras conversaban sobre cosas sencillas.
Sin embargo, cada mirada, cada sonrisa y cada roce seguían provocando aquella electricidad imposible de ignorar.
Cuando Darly comenzó a recoger los platos, Santiago la abrazó por detrás.
Ella sonrió inmediatamente.
—¿Qué haces?
—Aprovechando los últimos minutos antes de irme.
—Todavía faltan varias horas.
—Y aun así siento que el tiempo corre demasiado rápido.
Darly apoyó la cabeza sobre el hombro de él.
Por primera vez en mucho tiempo se sentía protegida.
Especial.
Importante para alguien.
—Eres muy romántico cuando quieres.
—Solo contigo.
Ella sonrió.
Y aunque intentó ocultarlo, aquellas palabras hicieron que su corazón se acelerara.
Más tarde decidieron prepararse con calma para el concierto.
Mientras Santiago organizaba algunas cosas para la presentación, Darly se quedó observándolo desde la cama.
Le parecía increíble que aquel hombre, admirado por miles de personas, pudiera mostrarse tan diferente cuando estaban solos.
Tan humano.
Tan vulnerable.
Tan cercano.
En algunos momentos parecía un artista inalcanzable.
En otros simplemente era Santiago.
Un hombre enamorado.
Y eso era precisamente lo peligroso.
Porque ella también estaba comenzando a sentir algo demasiado fuerte.
Algo que no estaba planeado.
Algo que jamás creyó vivir.
El resto de la mañana transcurrió entre risas, conversaciones y miradas cómplices.
Cada vez que alguno mencionaba que el viaje estaba llegando a su fin, una sombra de tristeza aparecía inevitablemente.
Ninguno quería pensar en el día siguiente.
Ninguno quería enfrentarse a la realidad.
Porque sabían que tarde o temprano tendrían que regresar a sus vidas.
Y eso dolía más de lo que estaban dispuestos a admitir.
Cuando el reloj marcó las diez y media, ambos comprendieron que era momento de prepararse.
Darly fue la primera en vestirse.
Escogió un conjunto elegante que resaltaba su belleza natural.
El sombrero blanco completaba perfectamente el look.
Cuando salió de la habitación, Santiago quedó completamente inmóvil.

La observó de arriba abajo sin decir una sola palabra.
Darly arqueó una ceja.
—¿Qué pasa?
—Estoy intentando respirar.
Ella soltó una carcajada.
—No exageres.
—No exagero.
Santiago se acercó lentamente.
—Dios mío, estás preciosa.
Ella bajó la mirada, sonrojándose.
—Gracias.
—Voy a tener que llevarte al lado mío toda la noche.
—¿Y eso por qué?
—Porque no quiero que nadie te mire.
—Santiago...
—Lo digo en serio.
Darly negó divertida.
—Eres imposible.
—Y tú eres demasiado hermosa para dejarte sola.
Él rodeó su cintura y la acercó a su cuerpo.
Por un instante olvidaron por completo el concierto.
El hotel.
Los problemas.
El mundo entero.
Solo existían ellos dos.
—Además —continuó Darly—, no puedo estar contigo arriba de la tarima.
—Ya lo sé.
—Los medios no tardarían ni cinco minutos en inventar una historia.
—Que inventen lo que quieran.
—Hablas así porque no eres el que aparece en los titulares.
Santiago soltó una pequeña risa.
—Tal vez.
Darly aprovechó para cambiar el tema.
—Aunque si hablamos de atención, deberías preocuparte tú.
—¿Yo?
—Claro.
—¿Por qué?
—Porque las mujeres se derriten por ti.
—Eso no es cierto.
—¿Ah, no?
Ella cruzó los brazos.
—¿Y el incidente de anoche?
Santiago sonrió inmediatamente.
—¿Cuál?
—No te hagas.
—Necesito detalles.
—El famoso panty que terminó sobre el escenario.
Él comenzó a reír.
—Eso no cuenta.
—Claro que cuenta.
—No me interesa ningún otro.
—¿Seguro?
—Completamente.
Santiago se acercó hasta quedar a pocos centímetros de sus labios.
—El único que me interesa es el que tú llevas puesto.
Darly soltó una carcajada.
—Eres terrible.
—Pero sincero.
—Eso sí.
Ambos rieron.
Sin embargo, unos segundos después, Darly decidió provocarlo.
—Aunque quién sabe.
—¿Quién sabe qué?
—Tal vez esta noche conozca a algún hombre guapo.
La sonrisa desapareció lentamente del rostro de Santiago.
—¿Cómo dices?
Ella intentó contener la risa.
—Ya sabes.
—No.
—Un hombre soltero.
Santiago la observó fijamente.
Demasiado fijamente.
Y por primera vez Darly comprendió que aquello realmente le molestaba.
—No me gusta esa idea.
—Estoy bromeando.
—Aun así no me gusta.
La intensidad de su mirada hizo que el corazón de Darly se acelerara.
No por miedo.
Sino porque era imposible no notar los celos.
Y, aunque no quería admitirlo, le gustaban.
Porque demostraban cuánto le importaba.
—¿Estás celoso?
—Mucho.
—¿En serio?
—Más de lo que debería.
Darly sonrió.
—Me encanta verte así.
Santiago negó con la cabeza.
—No deberías.
—¿Por qué?
—Porque cuando se trata de ti pierdo la razón.
Ella quedó completamente en silencio.
Aquellas palabras habían salido directamente de su corazón.
Sin filtros.
Sin máscaras.
Sin excusas.
Santiago tomó su rostro entre las manos.
—Solo prométeme algo.
—¿Qué cosa?
—Que esta noche te quedarás cerca de mí.
Ella sostuvo su mirada.
Y por primera vez comprendió cuánto le costaría despedirse.
Porque ya no era un simple viaje.
Ya no era una aventura pasajera.
Ya no eran dos desconocidos compartiendo unos días.
Se habían convertido en algo más.
Mucho más.
—No te preocupes —susurró ella—. Este fin de semana soy solo tuya y tú eres solo mío.
La sonrisa de Santiago desapareció lentamente.
Aquellas palabras tenían fecha de vencimiento.
Y ambos lo sabían.
"Este fin de semana".
Nada más.
El silencio se instaló entre ellos.
Un silencio lleno de tristeza.
Porque el mañana estaba demasiado cerca.
Santiago la abrazó con fuerza.
Como si quisiera detener el tiempo.
Como si intentara memorizar cada segundo.
Cada sonrisa.
Cada mirada.
Cada latido.
Darly cerró los ojos mientras apoyaba la cabeza sobre su pecho.
Escuchó los latidos acelerados de su corazón.
Y entendió que a él también le dolía.
Tanto como a ella.
Quizás más.
Porque ambos estaban comenzando a enamorarse.
Y ninguno sabía qué hacer con ese sentimiento.
Afuera, el autobús que los llevaría al concierto estaba cada vez más cerca.
Pero dentro de aquella habitación el tiempo parecía haberse detenido.
Y aunque ninguno se atrevió a decirlo en voz alta, los dos pensaban exactamente lo mismo:
Ojalá aquel momento no terminara nunca.
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