⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️
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Recuerdo borroso
El despertar tras la marca no fue pacífico. No hubo un silencio romántico ni promesas susurradas al oído bajo la luz del sol. El mundo de Kenny no permitía esos lujos. Casd despertó con una sensación eléctrica recorriéndole la columna; podía sentir el humor de Kenny incluso antes de abrir los ojos. El lazo recién formado vibraba con una frecuencia alta, cargada de la adrenalina residual del Alfa y una posesividad que se sentía como una cadena de diamantes apretada alrededor del alma de Cass.
Se tocó el cuello. La piel estaba tensa, caliente y palpitaba con cada latido de su corazón. Ya no era solo una herida; era un símbolo.
—Levántate, dulce Omega. El tiempo de esconderse se terminó —la voz de Kenny llegó desde el umbral.
Estaba completamente vestido: pantalones oscuros, botas pesadas y una camiseta nueva que no lograba ocultar la tensión de sus músculos. Estaba revisando un cargador de metal con movimientos mecánicos, pero su mirada no se apartaba de su pareja. El aroma a roble en la habitación era ahora tan dominante que Cass sintió que sus propios sentidos se rendían ante él sin resistencia.
—¿A dónde vamos? —preguntó el joven, incorporándose. Notó que su propia voz sonaba diferente, más profunda, más segura. La marca le había dado una fuerza que no sabía que poseía.
—Vamos a terminar lo que Danilo empezó —respondió Kenny, acercándose a la cama. Tomó a Cass de la nuca, sus dedos rozando deliberadamente la marca fresca, provocando que un gemido de placer y dolor escapara de los labios del Omega—. Ese estúpido cree que porque te marqué, ahora eres un blanco fácil. Lo que no sabe es que ahora eres parte de mi ejército.
Kenny sacó una pequeña cadena de oro con un dije de rubí rojo que parecía una gota de sangre y se la puso a Cass alrededor del cuello, ocultando parcialmente la marca pero resaltando su importancia.
—"Limones en la cadena", como dicen en las calles —susurró Kenny con una sonrisa de lado—. Oro y sangre, Cassy. Eso es lo que somos ahora.
Bajaron a la planta principal del estudio. El ambiente era frenético. Había hombres armados por todas partes, radios emitiendo estática y un mapa digital proyectado en la pared que mostraba los movimientos de las patrullas de Danilo. Entre todo ese caos, una figura pequeña y nerviosa destacaba: era Santi.
Santi estaba sentado en una silla, custodiado por dos de los hombres de Kenny. Cuando vio a Cass bajar las escaleras, su rostro pasó de la preocupación al puro horror.
—¡Cassy! Gracias a Dios estás... —Santi se detuvo en seco cuando su amigo se acercó lo suficiente.
El aroma a miel y café del Omega ya no era el mismo. Estaba tan impregnado de roble y romero que el aire alrededor de él parecía vibrar. Santi, como Beta, no podía sentir el lazo, pero podía ver la marca roja y orgullosa en el cuello de su amigo, justo debajo del rubí.
—¿Qué te ha hecho? —preguntó Santi en un susurro cargado de angustia—. Cassy, te ha marcado. Te ha unido a esta locura para siempre.
Cass miró a su amigo, y por un momento sintió una punzada de nostalgia por su vida tranquila en el café. Pero luego sintió la mano de Kenny apoyarse con firmeza en su cadera, reclamándolo frente a todos, y esa punzada desapareció, reemplazada por una descarga de adrenalina.
—Él no me hizo nada que yo no quisiera, Santi —respondió el Omega con una frialdad que sorprendió incluso a Kenny—. Esta es mi vida ahora. Danilo nos buscó en nuestra casa, puso en peligro tu vida. Kenny solo hizo lo necesario para que nadie más se atreva a mirarme.
—¡Te has vuelto loco! —gritó Santi, poniéndose de pie—. ¡Este hombre es un criminal! ¡Esa marca es una sentencia de muerte!
Kenny dio un paso adelante, su sombra cubriendo por completo al Beta. El aroma a roble se volvió tan pesado que Santi tuvo que sentarse de nuevo, jadeando.
—Cuida tus palabras, Beta —gruñó Kenny—. Si Cass te trajo aquí es porque te considera su familia, pero para mí solo eres un testigo molesto. No vuelvas a llamar "locura" a lo que nos une.
Cass puso una mano en el pecho de Kenny para frenarlo. El contacto calmó instantáneamente la agresividad del Alfa, una prueba del poder que el Omega ahora tenía sobre él.
—Santi tiene razón en algo, Kenny —dijo Cass, mirando a su Alfa—. Esto es diabólico. Es un desastre. Todo el mundo nos va a perseguir.
Kenny tomó la mano del Omega y la besó, mirando fijamente a Santi.
—Exacto —respondió Kenny—. Y me encanta. Me encanta que el mundo arda mientras tú estés a mi lado.
En ese momento, una de las radios gritó: "¡Señor! Danilo está en el muelle sur. Ha bloqueado nuestras salidas de mercancía. Dice que quiere hablar con el 'dueño del Omega'".
Kenny soltó una carcajada que heló la sangre de todos en la habitación. No era una risa de miedo, sino de pura diversión psicótica. Tomó su chaqueta y se la puso a Cass sobre los hombros, envolviéndolo en su olor una vez más.
—Parece que tenemos una cita, dulce Omega —dijo Kenny, sus ojos brillando con la promesa de una masacre—. Vamos a enseñarle a Danilo lo que pasa cuando intentas tocar el café de otra persona.
Salieron del estudio bajo la luz de un atardecer naranja y violeta que parecía sacado de un video musical. El rugido de los motores de la caravana de camionetas negras llenó el aire. Cass subió al asiento del copiloto, sintiendo el peso de la marca en su cuello y el rubí frío contra su pecho.
Miró por el espejo retrovisor al estudio que se alejaba y a Santi, que se quedaba atrás bajo protección. Sabía que su vida de antes era un recuerdo borroso. Ahora, el camino estaba lleno de luces de neón, asfalto caliente y el aroma a jengibre y ciprés de Danilo esperando en el muelle para una última batalla.
—¿Estás listo para el choque? —preguntó Kenny, acelerando el motor hasta que el vehículo vibró.
Cass se reclinó en el asiento, una sonrisa peligrosa apareciendo en su rostro mientras inhalaba el aroma a roble que lo llenaba todo.
—Acelera —respondió el Omega —. Esto, me encanta.
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho