Me llamo Dayana Gamez. Y en este libro plasmo los recuerdos de mi vida, cada palabra, cada estrofa, cada párrafo y cada capítulo son las líneas que se fueron escribiendo en mi cuerpo y luego en mis recuerdos.
Sin embargo todos ellos se fueron convirtiendo en raíces convirtiendo mi vida en un gran árbol fuerte.
En un momento sentí que mi vida no valía la pena, pero llegó esa luz que me hizo ver el propósito de mi vida.
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C-10
Capítulo 10
Parada al frente de esa casa de dos pisos, estuve a punto de arrepentirme y volver a casa, pero miré mis manos las cuales tenían sangre seca y por mi brazo corrió una fina línea de sangre recordándome lo que pasó, me toque la parte afectada de mi cabeza y dolía mucho al igual que mis brazos cuando los intentaba levantar.
Hay supe que no debía arrepentirme de la decisión que había tomado, me acerque a la puerta y toque el timbre en ese instante mis manos empezaron a temblar.
Segundos después, un chico de algunos diecisiete años me abrió.
Me pregunto: que buscaba y le dije que buscaba a la profesora Francis, le di mi nombre.
El dijo: que esperará un momento volvió a cerrar y quede ahí parada, mi profesora vivía en una zona central de la ciudad a ocho calles de la escuela, el barrio era de personas de un buen nivel económico.
Mire a todos los lados y todas las casas eran de dos plantas y algunas de tres, sus fachadas eran hermosas.
Un minuto después mi profesora salió, preocupada.
Cuando me vio, abrió la puerta rápidamente preguntando que me sucedía.
Me permitió entrar y cuando estuve dentro quite la toalla permitiendo que se pudiera ver mi cabello y brazos bañados en sangre.
Cuando me vio, sus ojos se abrieron de tal manera que tubo que sostenerse del mueble que se encontraba al lado de ella, estuvo a poco de desmayarse.
Su hijo, la tomó del brazo.
Ella respiró profundo, tomó aire y se acercó a mi con cuidado y tomó mi rostro con delicadeza.
Me pregunto con sus ojos empañados en lágrimas: que me había sucedido.
Le conté lo que pasó en casa y el motivo del por que mi padre me pegó, abrí mi mano, y saque el dinero que él me había dado para el lapicero.
Conté todo, sin derramar una lágrima, creo que mi corazón lo volvieron a amarrar y volvía a sacar a esa chica fría en la que me estaba convirtiendo.
La profesora me sentó en un mueble y salió de su casa.
El hijo se sentó a la distancia y me miraba con tristeza y lastima.
Yo empece a reparar la casa, la sala era muy bonita de color blanco sus muebles eran de un color gris hermoso, con una mesa de centro de vidrio.
Más adelante había un juego de comedor de madera con un cristal grueso, y un adorno de fruta en el centro del comedor.
A un lado se encontraba la cocina más hermosa que había visto en mi vida, con un mesón en mármol negro, toda la cocina brillaba, toda ella por donde la viera era un sueño.
Seguí observando y vi las escaleras que me imagino llevaban a las habitaciones.
En ese instante llegó mi maestra con una señora, muy alterada.
Cuando me vio, negó con la cabeza y pidió que fuéramos a su casa, mi maestra llamó a la escuela, a informar que no iría y que tenía un inconveniente con una estudiante de la escuela.
Media hora después llego un auto, de la ente encargada de los derechos de los niños.
Ya nos encontrábamos en la casa de la amiga de mi profesora que estaba a tres casa de la de mi maestra.
Los funcionarios me colocaron en una silla y empezaron a tomarme fotos en diferentes ángulos de mis heridas y golpes.
Yo solo veía el flash que nublaba mi vista, parecía una escena del crimen como las películas de televisión.
Luego que tomaron las evidencias me trajeron ropa nueva y me pidieron que me fuera a bañar.
Así mismo hice y una de las funcionarias tomó mi ropa sucias y se la llevo.
Después de quitar toda la sangre de mi cuerpo me sentí un poco más aliviada; cuándo salí del baño nos fuimos para la institución encargada de mi casa desde ese momento.
Cuando llegamos, un grupo de apoyo, nos esperaba, donde había una psicóloga, un doctor, y varios funcionarios más.
Me llevaron a una oficina donde tuve que volver a contar lo sucedido, y no solo eso, me pidieron que les contará mi relación con mi papá y los que vivían conmigo.
Les conté lo ocurrido: claro que lo que pasó con el hombre sin nombre no lo conté; eso decidí reservarlo solo para mi, nadie más debía saber de la esperiencia repulsiva por la que pasé, no quería inspirar lastima en las personas que lo supieran.
Me preguntaron si mi padre o alguna otra persona de los que vivían conmigo me habían tocado; dije que no, y no mentí, mi padre no sería jamás un violador, y las personas que me rodeaban me querían.
Lo del hombre sin nombre ya había pasado hace mucho, y no veía por qué debía sacarlo a la luz.
Me preguntaron sobre mi madre, donde vivía, la última vez que la vi.
Les dije que en las vacaciones y que vivía en el pueblo de donde eramos.
En ese entonces no había muchos celulares apenas iban saliendo do los primeros, y no era cualquiera el que podía tener uno.
En el pueblo había un local de comunicación, allá llamaban las personas y en el lugar había una persona encargada de avisar de la llamada.
Llamaron a mi mamá y le comunicaron que debía presentarse en la oficina de derechos infantiles en la capital, que era en donde yo vivía.
Mi madre confirmó su salida para él lugar y cuatro horas después, ella llegó.
Yo la vi a la distancia, no espere un abrazo, ya que nunca me había dado uno, pero al menos esperaba ver en ella un poco de preocupación por lo que me pudiera suceder.
Los entes se sentaron con nosotras y le explicaron lo sucedido, le dijeron que debía llevarme con ella, mientras ellos enviaban una tarjeta de presentación para mi papá, para que se acercará a dar su testimonio.
Ellos le manifestaron que si en la semana él no se presentaba, ella debía venir a colocar una denuncia encontrá de él, de esa manera ellos si lo apresarian.
Ella preguntó, si era necesario llevarme, si yo no podía solucionar las cosas con mi padre, la funcionaría se enojo en el instante que ella hizo esa pregunta.
Y en voz firme casi gritando le pregunt: si ella no había entendido lo que ellos le dijeron y le mostraron en las evidencias.
Mi mamá guardo silencio, no dijo nada más.
Ellos le dieron indicaciones que debía llevarme al medico para que me hicieran más estudios.
Ella asintió, nos subimos en un taxi y de ahí fuimos directo a la terminal de transporte.
Le pregunté si iríamos a la clínica, y me respondió: "que no entendía el por qué yo estaba haciendo esto" no entendí que me quiso decir, pero pronto lo sabría, y me iba dar de cuenta que me faltaba mucho por sufrir.