NovelToon NovelToon
TODO POR TI

TODO POR TI

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:447
Nilai: 5
nombre de autor: evely azul

Masha Dusnet era una joven trabajadora de una familia de gran estatus, donde siempre recibió un buen trato y respeto. Todo transcurría en calma hasta que una enfermedad grave afectó profundamente a su madre; se necesitaba una suma enorme de dinero para salvarla, pero nadie quiso ayudarla. Fue entonces cuando descubrió la verdadera cara de quienes una vez admiró y en quienes confiaba plenamente: sus propios jefes le dieron la espalda, abandonándola precisamente en el momento más difícil de su vida. Sentía que se quedaba completamente sola, sin apoyo ni consuelo, cuando más lo necesitaba. Desesperada y sin ninguna otra salida, se vio obligada a tomar una decisión arriesgada por el bien de su madre: tuvo que dejar atrás sus raíces, su hogar y todo lo que conocía, para adentrarse en un mundo hostil que la trataría como una esclava, quien quedara luchando por sobrevivir

NovelToon tiene autorización de evely azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16 Un nuevo carater

Al saber que su esposa estaba por lanzarse desde el balcón, la reacción de Ronald no fue de angustia ni de miedo por ella, sino de una molestia fría y un egoísmo descarado. Se lanzó de nuevo hacia la puerta y la golpeó con fuerza —una, dos, tres veces—, gritando con una voz que helaba la sangre:

—¡¡Inez, escúchame bien!! ¡Si te tiras, te aseguro que te vas a arrepentir mientras te quede un segundo de vida! ¡Y encima me vas a arruinar la vida a mí para siempre!

Se detuvo un instante, murmurando para sí mismo con un odio silencioso, sin importarle si ella lo oía: "Y yo terminaré en la cárcel por tu culpa...". No sentía miedo de perderla, ni dolor por su posible muerte; lo que le aterrorizaba era que la gente pensara que él tenía algo que ver, que lo culparan de haberla llevado a eso.

Lenny lo miró con tristeza y volvió a intervenir, suavizando el tono pero con la urgencia de quien sabe que cada segundo cuenta, manteniendo esa dulzura que reservaba solo para ella:

—Mire, señor, escúcheme, tengo una idea... Usted vaya afuera, al jardín, acérquese al balcón desde abajo e intente hablar con ella, distraerla, hacer que mire hacia usted para que se olvide del borde. Mientras tanto, yo intentaré entrar por aquí. Iré despacio, con mucha calma, sin hacerle ruido ni asustarla, y trataré de convencerla de que baje.

Omar, que no había dejado de temblar, dio un paso al frente. A pesar del miedo, deseaba demostrar su lealtad:

—¡Yo lo ayudo, señor! ¡Si me permite, iré con el doctor e intentaremos forzar la cerradura, lo que sea necesario!

Ronald, que había llegado al límite absoluto de su paciencia y cariño, respondió con una indiferencia total, vacía:

—Está bien. Hagan lo que les dé la gana, ya me da igual. —Hizo una pausa, marcando cada palabra como una piedra—. Pero que quede claro: yo no voy a convencerla de nada, ni pedirle que no se haga daño. Ya no es asunto mío.

Señaló hacia abajo, donde estaba la mujer herida:

—Yo me voy a ver a Doris, a la que Inez casi mata lanzándola por las escaleras en su ataque de locura. Eso es lo único que me importa. Y llamaré a la policía para dejar claro que yo no tuve nada que ver.

Dio media vuelta sin mirar atrás, sin dirigir ni una mirada a la puerta donde su esposa estaba al borde de la muerte. Caminó alejándose, dejándola como un objeto viejo y inservible, sin importarle haber compartido la mitad de su vida con ella.

—Si logran bajarla —añadió de espaldas, con desprecio—, avisen a su clínica. Será imposible acercarse sin pelear. Solo les queda la fuerza... y yo ya no tengo paciencia para aguantarla más.

Lenny y Omar se quedaron asombrados ante su falta de alma y compasión. El doctor sentía rabia hacia él, comprendiendo que Ronald odiaba a su esposa con toda su alma.

Mientras tanto, Noha dormía en su habitación. Dos latas de cerveza vacías estaban a su lado: una en el suelo, la otra había caído de su mano en el momento en que se quedó dormido.

Ronald llegó caminando rápido, y su pie aplastó la lata del suelo con un sonido seco que le resultó incómodo. Murmuró para sí mismo:

—Ay, este chico... no deja el alcohol aunque solo tenga dieciocho años.

Se acercó a la cama y lo sacudió con firmeza:

—¡Despierta, Noha! Necesito que te comuniques con tu padre y le digas que venga aquí ahora mismo. —Su voz estaba cargada de la alteración por el problema de Inez, y su tono era ya dominante y exigente.

Noha se despertó con esfuerzo, todavía con la vista borrosa y costándole sentarse. Miró a su tío con ironía y mal humor:

—¿Yo qué? ¿Me crees tu mensajero, tío? Usa tu propio teléfono. Conmigo está furioso porque me reprobé una materia.

—No me hables así —respondió Ronald sin paciencia alguna, antes de dar media vuelta para irse—. Soy tu tío y te mando que le avises. A ti sí te atendrá, por más enojado que esté.

—Espera... ¿para qué tengo que decirle que venga? —dijo Noha bostezando, recordando con claridad—. Tú le dijiste que era violento, no creas que mi padre te va a perdonar tan fácil.

En ese instante, Ronald se giró de golpe y le agarró del brazo con fuerza, apretando hasta hacerle sentir dolor. Su mirada era fría y amenazante, un rostro que Noha nunca había visto en él:

—Tu vas a hacer lo que te digo, Noha. Porque no sabes lo que ha pasado mientras estabas aquí bebiendo y durmiendo: Inez lanzó a Doris de las escaleras... y ahora está intentando tirarse del balcón, seguro para escapar de la cárcel.

—No me toques —dijo Noha, alterado, pero Ronald le apretó aún más—. Mi paciencia se acabó, y soy capaz de golparte si no haces lo que te digo.

La frialdad con la que hablaba era tan impactante que Noha sintió un escalofrío de miedo en ese momento. Pero a pesar de ello, no se dejó amedrentar del todo.

—Está bien, lo haré —dijo en tono de defensa, mirándolo a los ojos—. Solo déjame el brazo. Si no, te aseguro que te haré pasar un mal rato. No soy tu víctima, ¿ok?

Ronald soltó su brazo y se rio con ironía, su risa fría y despiadada:

—Yo soy quien siempre te da dinero que tu padre no te daría. Si me dices eso, te quedarás sin un centavo. Me oíste?

—Así que ahora me amenazas con el dinero... —murmuró Noha cuando se quedó solo, después de ver a Ronald irse. Miró hacia la puerta con una expresión seria e impotente—. Ya veo que se terminó el tío dulce que conocía.

Sabía perfectamente que se estaría arriesgando si se revelaba, que en ese terreno perdería. Pero aún así, se levantó con firmeza, se acercó a la mesita de noche y tomó su teléfono, dispuesto a llamar a su padre aunque no le gustara ni un poco lo que estaba haciendo. En su corazón, ya sabía que lo que Ronald había hecho —ese gesto amenazante, esa frialdad descarada— era algo que nunca le perdonaría.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play