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DOMANDO A LA BESTIA

DOMANDO A LA BESTIA

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él juró protegerla del mundo, pero no sabe cómo protegerse de ella. Entre reglas rotas y secretos compartidos, Alexander descubrirá que su cicatriz no es lo más difícil de sanar, y que, a veces, para ser libre, hay que dejarse domar.
¿Podrá la luz de Isabella iluminar la oscuridad de la Bestia, o terminará ella consumida por sus sombras?

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capitulo 13

Narrado por: Alexander

El olor a pólvora y jazmín es una combinación que me está volviendo loco. Estoy sentado en mi despacho, con la luz del alba filtrándose por las cortinas, observando mis nudillos hinchados y manchados de una sangre que no es mía. Frente a mí, sobre el escritorio de caoba, reposa el detonador que Isabella arrebató a esos bastardos.

Debería estar interrogando a los prisioneros en el sótano. Debería estar coordinando con mis contactos en la Interpol para enterrar legalmente el incidente de la casa de botes. Pero lo único que puedo hacer es sentir el calor de su cuerpo contra el mío en esa mesa de madera podrida, el sabor de su miedo transformándose en una pasión salvaje que casi me hace perder el sentido del deber.

Isabella Colón.

No es una protegida. Es una infección. Ha penetrado en el sistema de seguridad más sofisticado del país —mi alma— y ha plantado una bandera de rebeldía en el centro de mi pecho. Anoche, por un segundo, quise que esos hombres la vieran conmigo. Quise que el mundo entero supiera que, si la tocaban, reduciría la ciudad a cenizas. Esa posesividad no es táctica; es suicida.

—Señor Thorne, los hombres de Varga han sido procesados —la voz de Miller suena a través de la puerta—. No hablarán. Saben que el agujero en el bosque es más profundo que cualquier celda de la policía.

—Bien —respondo, sin levantar la vista—. Miller, entra.

Mi jefe de seguridad entra con paso vacilante. Sé lo que piensa. Vio cómo la saqué de la casa de botes. Vio cómo mis manos no podían dejar de tocarla, cómo mis ojos buscaban los suyos con una desesperación impropia de la Bestia.

—Doble la guardia en su puerta —ordeno, mi voz recuperando esa frialdad de acero que es mi único refugio—. A partir de este momento, Isabella no tiene acceso a la red de la casa. Corten las señales de los monitores en su ala. No quiero que vuelva a jugar a ser heroína.

—Señor... ella salvó su vida —se atreve a decir Miller.

—¡Ella casi pierde la suya! —rujo, golpeando el escritorio con el puño—. Y si ella muere, Marcus murió por nada. Si ella muere, yo no tengo razón para seguir manteniendo este imperio de sombras. Retírate.

Cuando Miller sale, me desplomo en mi silla. El dolor de mi costado me recuerda que sigo siendo de carne y hueso, pero el ardor en mis ingles me recuerda que sigo siendo un animal. Me levanto y camino hacia el ala este. Necesito verla. Necesito establecer la distancia de nuevo, o terminaré por consumirme.

Abro la puerta de su habitación sin llamar. La luz de la mañana la envuelve. Está de pie frente al espejo, vistiéndose. Lleva solo una combinación de seda negra que apenas cubre sus muslos. Al verme entrar, no se cubre. No se asusta. Se gira con una lentitud que es un insulto a mi autoridad y una caricia a mis instintos.

—¿Has venido a ponerme más cadenas, Alexander? —pregunta, su voz suave y cargada de una sensualidad que me golpea como un latigazo.

Cierro la puerta tras de mí y pongo el seguro. El clic metálico resuena en la habitación como el disparo de salida de una carrera que sé que voy a perder. Me acerco a ella, ignorando el sentido común. La habitación huele a ella, a ese jabón de vainilla y a la calidez de su piel.

—Lo que hiciste anoche fue una imprudencia imperdonable —digo, deteniéndome a centímetros de su espalda. Puedo ver la marca de mis dedos en su hombro, un recuerdo de la fuerza con la que la sujeté en la casa de botes.

—Lo que hice anoche fue salvarte —se gira, quedando frente a frente. Sus ojos azules están encendidos, desafiantes—. Y lo que tú hiciste fue demostrarme que me deseas más de lo que temes a tus enemigos.

—Te deseo —confieso, mi voz bajando a un susurro ronco—. Te deseo tanto que me duele respirar en la misma habitación que tú. Te deseo tanto que anoche estuve a punto de tomarte frente a mis hombres, sin importarme nada más que sentirte mía.

Doy un paso más, invadiendo su espacio personal. Mis manos suben a su cuello, rodeándolo con una delicadeza que me sorprende. Siento su pulso acelerado bajo mis pulgares. Ella inclina la cabeza hacia atrás, ofreciéndome su garganta, una rendición que es, en realidad, el acto de poder más absoluto que he presenciado.

—Entonces, ¿por qué te detienes? —susurra ella, sus labios rozando mi barbilla—. ¿Por qué sigues fingiendo que estas reglas significan algo cuando tus manos tiemblan cada vez que me tocas?

—Porque si te tomo, Isabella, no habrá vuelta atrás —mi mano baja por su espalda, siguiendo la curva de su columna hasta que mis dedos se hunden en la seda de su ropa interior—. No seré un caballero. No seré el hombre que tu padre quería para ti. Seré la Bestia que te consumirá hasta que no quede nada de la luz que traes contigo.

—Consume —dice ella, y sus manos desabrochan los botones de mi camisa con una urgencia que me quema—. Ya no quiero luz si no estás tú en ella.

La levanto en vilo, y ella enreda sus piernas alrededor de mi cintura. Sus muslos están calientes y suaves contra mis pantalones. La llevo hacia la cama y la dejo caer sobre las sábanas blancas, cubriéndola con mi cuerpo de inmediato. El contraste de mi peso contra su fragilidad es una droga poderosa.

La beso con una ferocidad que busca borrar el recuerdo de la muerte que nos rodea. Mi lengua recorre su boca, reclamando cada rincón, mientras mis manos exploran su cuerpo con una posesividad salvaje. Bajo los tirantes de su combinación de seda, dejando sus pechos al descubierto. Son perfectos, con los pezones endurecidos por el frío y la expectación.

Me inclino y tomo uno de ellos en mi boca, succionando con una fuerza que le arranca un gemido ronco. Isabella arquea la espalda, sus manos enredándose en mi cabello, tirando de mí hacia ella. Siento sus uñas arañando mi espalda, marcándome, reclamándome como su propiedad.

—Alexander... por favor... —jadea ella.

Me detengo un segundo para mirarla. Su cabello castaño está desparramado sobre la almohada, sus mejillas están encendidas y sus ojos azules están nublados por el placer puro. Es lo más hermoso y peligroso que he visto en mi vida. En este momento, el mundo exterior, Varga, el puerto y las deudas de sangre no existen. Solo existe este incendio.

Me deshago de mis pantalones con torpeza, mi erección saltando libre, tensa y palpitante. Ella abre las piernas para recibirme, su humedad brillando bajo la luz del sol. Me posiciono entre sus muslos y me hundo en ella de un solo golpe, profundo y definitivo.

Ambos soltamos un grito ahogado. El ajuste es perfecto, una unión de dos almas rotas que han encontrado su centro en medio del caos. Empiezo a moverme con un ritmo lento y deliberado, cada embestida arrancándole un suspiro que me vuelve loco. Sus manos me sujetan por las caderas, guiándome, incitándome a ir más rápido, más fuerte.

—Mía —gruño contra su cuello, mordisqueando la piel sensible—. Eres mía, Isabella.

—Tuya —responde ella, su voz rompiéndose—. Siempre he sido tuya, Bestia.

La intensidad del momento sube hasta volverse insoportable. Siento el clímax acercándose como una ola gigante. Isabella se tensa bajo mi cuerpo, sus uñas hundiéndose en mis hombros mientras llega a su propio orgasmo con un grito prolongado. Segundos después, yo la sigo, vaciándome en ella con una fuerza que me deja sin aliento, sintiendo cómo mi corazón late al unísono con el suyo.

Nos quedamos así durante mucho tiempo, envueltos en el sudor y el aroma del sexo, mientras la mansión Thorne recupera su silencio sepulcral. Pero ya no es el mismo silencio. El aire ha cambiado.

Me separo de ella con lentitud, sintiendo una pesadez en el pecho que no tiene nada que ver con la fatiga. La miro y veo que está sonriendo, una sonrisa de triunfo absoluto. Ella ha ganado. Ha roto el último muro. Ha entrado en el santuario de la Bestia y lo ha reclamado para ella.

Me levanto y me visto en silencio. La frialdad empieza a regresar, pero es una frialdad diferente; es la frialdad de quien sabe que acaba de firmar su sentencia de muerte.

—Esto cambia todo, Isabella —digo, mientras me anudo la corbata sin mirar al espejo—. A partir de ahora, mi guerra es tu guerra. Y mis enemigos no tendrán piedad contigo porque saben cuánto te deseo.

—Que vengan —responde ella, sentándose en la cama, cubriéndose con la sábana, pero manteniendo esa mirada de acero—. Ya no tengo miedo, Alexander. Porque sé que, mientras esté contigo, incluso el infierno es un lugar seguro.

Salgo de la habitación sin mirar atrás. Miller me espera en el pasillo, con la mirada fija en el suelo. Sabe lo que ha pasado. Todos lo saben. El ambiente en la mansión es eléctrico.

Camino hacia mi despacho y tomo el teléfono. Es hora de terminar con esto. Es hora de que Varga entienda que no solo está atacando a un rival de negocios; está atacando a la mujer que me devolvió la vida. Y por eso, voy a quemar su mundo hasta los cimientos.

El precio del deseo ha sido alto, pero mientras siento el rastro de su piel en mis manos, sé que pagaría cualquier cantidad por volver a sentirme así.

La Bestia ya no está sola. Y eso la hace mil veces más peligrosa.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Te da miedo enamorarte y no lograr protegerla de ti mismo 🤣, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay bestia, tu serás el domado por Isabella, estas muy seguro de que ganarás 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tanto miedo le tienes a Isabella que no quieres ni que te mire, eres un blanducho no mas 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tu derribaras las barreras de ese corazón de hielo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Comenzó muy buena, pero triste para Isabella, ciando se entere 👏👏👏
Edith Hernandez
muy bonita la novela
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Susy
Excelente historia me encantó♥️♥️♥️
Susy
Que capítulo 😈
Susy
Triste 😔
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