Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 17: El peso de la verdad
El silencio que siguió a la desaparición del portal dorado es más denso que el aire viciado del espacio. Las partículas de polvo, suspendidas en la luz mortecina del lugar, parecen flotar en un tiempo detenido. Zoe permanece erguida, con los hombros tensos, lista para el fuego cruzado de preguntas que, sabe, podrían fracturar su relación profesional con Alarik. Sus manos aún hormiguean con los restos de su energía mágica, pero su mente esta puesta en el capitán.
Lo ve allí, de pie, con la mandíbula apretada y la mirada perdida en el punto exacto donde la realidad se había desgarrado segundos antes. Zoe exhaló, esperando la inquisición, el miedo, o el rechazo.
Sin embargo, Alarik sacudió la cabeza, como quien intenta despertar de un sueño febril, y se pasó una mano por el cabello, recuperando la compostura gélida que casi le resultó inquietante. Se giró hacia ella, pero no hubo preguntas. Al menos, no todavía.
__Tenemos una escena que procesar, sargento__. Dijo él, su voz, aunque ligeramente ronca, carece de rastro de pánico.
__Hay guardaespaldas, mercenarios inconscientes y un cartel entero cayendo. Si no aseguramos la escena y entregamos a estos hombres, todo lo que usted... lo que ha ocurrido aquí, se perderá en la burocracia__.
Zoe parpadeó, atónita. El alivio le inundó el pecho, tan cálido y repentino que estuvo a punto de marearla. Él no la esta interrogando; esta trabajando. Esta protegiéndola bajo el manto de la rutina policial.
__Sí, capitán__. Respondió ella, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto.
__Tiene razón__.
La eficiencia del equipo fue casi mecánica. Los tenientes López, Suárez y Contreras entraron en el lugar minutos después, alertados por la señal de auxilio previa. La escena es caótica, pero los hombres que antes habrían sido una amenaza mortal ahora yacen como muñecos de trapo, inofensivos.
Alarik coordinó el arresto, la toma de pruebas y el traslado de Nain y Walter con precisión. Observó cómo se llevaban a los detenidos bajo custodia estricta, asegurándose de que la versión oficial fuera la que él ha dictado: un enfrentamiento armado entre facciones criminales donde la suerte, y quizás un poco de "apoyo externo" poco claro, ha estado de su lado.
Cuando la última patrulla se alejó con los detenidos hacia el centro de detención, el lugar quedó en un silencio sepulcral. Alarik se acercó a Zoe. No hubo un acercamiento innecesario, ni invasión de espacio personal, pero la tensión entre ambos es una corriente que hace vibrar el aire.
__No voy a preguntar, Sargento__. Dijo Alarik, mirando hacia la oscuridad del puerto—. Por lo menos, no ahora. Me debe una explicación, y la quiero. Pero también le debo mi vida, y respeto su rango. Usted tiene sus secretos, y el mundo es, claramente, mucho más peligroso y extraño de lo que dicta mi manual de agente. Solo le pido una cosa: no me oculte nada que ponga en riesgo nuestro trabajo, o a usted misma__. Zoe sintió un nudo en la garganta. La lealtad de este hombre no es una moneda de cambio; es un ancla.
__No habrá más secretos sobre lo que nos concierne, Capitan. Se lo prometo__.
La casa de Zoe no es un hogar; es una base de operaciones con una cama.
Al entrar, la frialdad del ambiente golpeó a Alarik de inmediato. Como investigador de conducta, sus ojos escanearon la sala casi por instinto, absorbiendo cada detalle con la velocidad de un obturador de cámara. No hay fotografías en las paredes. No hay cuadros que denoten un gusto personal, ni plantas que requirieran cuidado, ni libros desordenados. Los muebles son modernos, funcionales y desalmados.
Se acercó a la cocina. Sobre la encimera, una licuadora y una freidora de aire permanecen inmaculadas, con el brillo propio de un aparato que nunca ha sido tocado por el uso cotidiano. Alarik notó el polvo fino sobre la base de la cafetera, señal de que, a pesar de la fachada, Zoe pasa poco tiempo allí.
Zoe, que lo observa desde el umbral con una taza de café humeante, suspiró al ver su mirada analítica posarse sobre los electrodomésticos sin usar.
__No se moleste en buscar pistas sobre quién soy en este lugar, capitán__. Dijo ella, caminando hacia él para entregarle la otra taza.
__Esta casa es una fachada. Un lugar donde decir que vivo, un sitio para dormir cuando el deber lo permite. No es un hogar. Nunca lo ha sentido como tal__.
Alarik aceptó el café, sintiendo el calor del recipiente en sus manos frías. Es un café negro, amargo y extremadamente fuerte.
__No es un interrogatorio, Zoe__. Aseguró él, suavizando su tono mientras se apoya contra la encimera.
__Solo estoy intentando entender el contexto__.
__Espero que el café le ayude a digerirlo__. Advirtió ella, tomando un sorbo del suyo. Sus manos tiemblan levemente, una señal que él notó al instante, aunque ella intentó ocultarlo.
__Lo primero que debe saber, o confirmar, es que el mundo en el que usted vive es solo una capa superficial. No estamos solos, ni siquiera entre los humanos. Existen los magos__.
Alarik guardó silencio, permitiendo que las palabras aterrizaran. Ella continuó, evitando el contacto visual, mirando hacia la ventana donde la ciudad duerme , ignorante de la magia que acaba de salvar su existencia.
__Mi hermano y su pareja... ellos son la realeza del linaje mágico. Los que ayudan a mantiener el equilibrio. Yo... yo soy una princesa en ese mundo. Un título que dejé de sentir propio hace años__. Zoe hizo una pausa. Su voz se quebró, no por tristeza, sino por una fatiga existencial.
__Fue debido a un trauma. Algo que, supongo, su instinto de investigador ya le ha hecho sospechar. Es una herida que no cierra__.
Alarik dejó la taza sobre la mesa. El sonido del cristal contra la madera sonó como un disparo en el apartamento silencioso. Se acercó a ella, pero se detuvo a una distancia prudente, respetando la barrera invisible que ambos han construido.
__Si esto le hace daño, Zoe...__. Comenzó él, con una voz que, por primera vez, perdió su tono autoritario para teñirse de una vulnerabilidad genuina.
__Si esto la lastima, no tiene por qué hacerlo. No necesita obligarse a contarme nada que no quiera soltar__.
Zoe lo miró entonces. Sus ojos, habitualmente tan fríos y calculadores, estan llenos de una mezcla de sorpresa y gratitud. La razón por la que confia en él, la razón por la que lo ha traído a este lugar estéril, no es por deber, sino porque, por primera vez en años, siente que alguien esta dispuesto a verla, no como la víctima, un monstruo, un arma, ni como una princesa de un mundo oculto, sino como a una mujer que carga con demasiadas cosas.
__Necesito decirlo__. Respondió ella, su voz apenas un susurro que se perdió en la penumbra del salón.
__Necesito que alguien sepa quién soy realmente, aunque sea solo un poco. Incluso mi familia... con ellos es distinto. Con ellos siempre tengo que ser fuerte. Pero usted... usted ha visto mis grietas, capitán. Y no ha huido__. Alarik se mantuvo firme, una presencia sólida en el centro de aquel hogar vacío.
__No voy a huir__. Dijo él.
__Dígame lo que tenga que decir. Soy todo oídos__..
El silencio volvió a instalarse, pero esta vez no es tenso, sino expectante. Zoe respiró hondo, llenando sus pulmones con el aroma del café y el aire estático del apartamento, preparándose para desenterrar los fantasmas que, hasta esta noche, solo han existido en la oscuridad de su memoria. La historia, su historia, esta a punto de romper el último muro que la separa de la única persona en la que ha decidido confiar.
se vuelven justicieros en un mundo decadente.
que buena esta está historia y lo que falta