Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 12
Camila observaba la escena desde el pasillo del segundo piso.
Desde allí podía ver perfectamente hacia el gran comedor y la cocina abierta donde estaban Valeria, Dante y Mateo.
Sus uñas se clavaban en la baranda mientras veía a Dante hablar con Valeria… y a Alejandro mirarlos desde la mesa.
Una sonrisa amarga apareció en su rostro.
Entonces una voz suave se escuchó detrás de ella.
—¿Qué se siente?
Camila se giró bruscamente.
Isabella estaba apoyada contra la pared, observándola con una sonrisa divertida.
—¿Qué cosa? —respondió Camila con frialdad.
Isabella caminó unos pasos hacia ella.
—Que en esta casa…
miró hacia la cocina donde Dante seguía hablando con Valeria,
—dos hombres peleen por una mujer.
Camila apretó los dientes.
Isabella terminó con calma:
—Y esa mujer no eres tú.
Camila la fulminó con la mirada.
Isabella se quitó sus carísimas gafas de sol y las sostuvo en la mano con elegancia.
—Es que eres tan odiosa…
suspiró con dramatismo.
—Quizás si tuvieras una mejor actitud algún día alguien te quiera.
Luego se dio media vuelta.
—Pero no apostaría por eso.
Isabella se marchó tranquilamente por el pasillo.
Camila la miró irse con odio.
—Maldita perra… —susurró.
Mientras tanto, en la gran cocina de la mansión.
Mateo tiraba suavemente de la mano de Valeria.
—¡Vamos mami! ¡Vamos!
Dante estaba apoyado contra la isla de mármol con una sonrisa traviesa.
—Vamos, Valeria.
Ella lo miró con paciencia.
—No.
Dante suspiró exageradamente.
—No seas gruñona.
Luego inclinó la cabeza hacia ella y le guiñó un ojo.
—Te vas a volver como Camila.
Mateo abrió mucho los ojos.
—¿Como la buja?
Dante soltó una carcajada.
Valeria intentó contener la risa… pero no pudo.
Suspiró finalmente.
—Está bien.
Mateo levantó los brazos feliz.
—¡Siii!
Valeria miró a Dante.
—Pero solo un rato.
Dante sonrió victorioso.
—Eso ya es un triunfo.
Mateo empezó a correr alrededor de la enorme cocina riendo mientras Dante lo perseguía fingiendo ser un monstruo.
—¡Te voy a atrapar!
—¡Noooo! —gritaba Mateo entre risas.
Valeria los observaba apoyada en la encimera, sonriendo.
Desde la mesa del comedor cercano…
Alejandro los miraba.
Su expresión era seria.
Demasiado seria.
Dante atrapó a Mateo y lo levantó en brazos mientras el niño reía sin parar.
—¡Te tengo!
Valeria rió también.
Y esa escena…
le molestó más de lo que Alejandro quería admitir.
—¿Le preocupa algo, joven Alejandro?
Alejandro volteó.
El secretario de su padre estaba detrás de él.
Alejandro volvió a mirar hacia la cocina.
Dante estaba diciendo algo que hizo reír a Valeria otra vez.
Su mandíbula se tensó.
—No.
Respondió seco.
—Para nada.
Se levantó de la mesa.
Y se fue.
Pero el secretario lo observó marcharse con una pequeña sonrisa.
Porque era muy evidente algo que Alejandro todavía no quería admitir.
Estaba celoso.
Muy celoso.
La cocina de la mansión volvió a quedar en silencio cuando Alejandro se marchó.
Valeria lo notó.
Su mirada siguió la dirección por donde él había salido.
Algo en su expresión había sido extraño.
Molesto.
Mateo seguía riendo mientras Dante lo hacía girar en brazos.
—¡Otra vez! —gritó el niño.
—No, campeón —dijo Dante riendo—. Si sigo así tu mamá va a pensar que soy un secuestrador de niños.
Mateo lo miró muy serio.
—No eres malo.
Dante levantó una ceja.
—No lo digas tan fuerte, puedo arruinar mi reputación.
Valeria cruzó los brazos.
—¿Qué reputación?
Dante la miró con una sonrisa lenta.
—La de hombre peligroso.
—No parece muy convincente.
Dante se llevó una mano al pecho.
—Valeria, me estás hiriendo otra vez.
Mateo miró a su madre.
—Mamá… no seas mala con tío Dante.
Valeria suspiró.
—No es tu tío.
Dante sonrió divertido.
—El niño tiene buen criterio. Deberías confiar en él.
En ese momento Isabella entró en la cocina.
Se quedó observando la escena.
Mateo en brazos de Dante.
Valeria apoyada en la encimera.
Y la sonrisa descarada de su hermano.
—Oh… esto es interesante.
Dante giró la cabeza.
—Hermana.
—Hermano.
Isabella se acercó lentamente.
—Debo admitir que nunca te había visto esforzarte tanto por impresionar a una mujer.
Dante levantó una ceja.
—¿Esfuerzo?
—Sí.
Se inclinó hacia Valeria y habló en voz baja:
—Normalmente ellas se lanzan solas.
Valeria respondió con tranquilidad.
—Yo no.
Dante sonrió.
—Eso lo hace más interesante.
Isabella soltó una pequeña risa.
—Te advierto algo.
Dante la miró.
—¿Qué?
—Valeria no es tu tipo de mujer.
Dante ladeó la cabeza.
—¿Ah no?
—No.
Isabella cruzó los brazos.
—Las mujeres que te gustan se enamoran de ti rápido.
Luego señaló a Valeria.
—Ella no.
Dante miró a Valeria unos segundos.
Después sonrió.
—Eso lo hace mejor.
Isabella negó con la cabeza.
—Esto va a terminar mal.
Mateo tiró de la camisa de Dante.
—Tío.
—¿Sí, campeón?
—Tengo hambre.
Isabella rió.
—Eso sí es un problema serio.
Valeria caminó hacia la heladera.
—Voy a prepararle algo.
Dante apoyó a Mateo en la encimera.
—Yo ayudo.
—No hace falta.
—Insisto.
Valeria suspiró.
—Como quieras.
Mientras ella preparaba algo para Mateo, Dante la observaba.
Con curiosidad.
Con interés.
Y con algo más.
Valeria finalmente se giró.
—¿Qué?
—Nada.
—Me está mirando.
—Sí.
—¿Por qué?
Dante sonrió.
—Estoy pensando.
—Eso es peligroso.
Dante rió.
—Tal vez.
Isabella murmuró:
—Oh no…
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
Isabella miró a Dante.
—Lo conozco.
Dante sonrió lentamente.
—Demasiado bien.
Isabella suspiró.
—Acabas de convertirte en su nuevo capricho.
Valeria no parecía impresionada.
—No soy un objeto.
Dante apoyó un codo en la encimera.
—No.
—Pero eres un desafío.
Valeria lo miró con calma.
—Pierdes tu tiempo.
Dante sonrió.
—Eso lo veremos.
Desde el pasillo…
Alejandro había regresado sin que nadie lo notara.
Y había escuchado suficiente.
Su mirada se oscureció.
Porque Dante no solo estaba jugando.
Estaba provocándolo.
Y lo peor…
era que estaba funcionando.