Dario es el hombre mafioso más temido de la ciudad.
Aria es una chica ordinaria viviendo su vida al día.
Son dos polos opuestos.
Para el mundo, él es un monstruo sin piedad, el heredero de un imperio construido sobre el miedo. Para ella, él es solo el extraño de mirada intensa que apareció de la nada para alterar su tranquilidad.
Mientras ella lucha por llegar a fin de mes y cumplir sus sueños, él lucha una guerra interna entre su deber con la mafia y la obsesión que siente por la única persona que lo ve como un hombre y no como un criminal.
Un amor nacido en el lugar equivocado, donde el precio de la felicidad se paga con amor y no con sangre.
NovelToon tiene autorización de Cutehell para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11
"Solo soy cantante en restaurantes, nada de estudios" dijo aria con sinceridad.
La admisión de Aria, tan sencilla y desprovista de pretensiones, golpeó a Dario con una fuerza inesperada. Había imaginado una artista en ascenso, una aspirante con sueños grandiosos que él podría financiar o destruir a su antojo. En su lugar encontró a una mujer que cantaba en bares para pagar las cuentas, sin ambiciones de fama ni ilusiones rotas.
"Restaurantes", repitió él lentamente, probando la palabra como si fuera un sabor unfamiliar. "Entonces no estás buscando una carrera, solo un sueldo".
Dejó la taza de café en la mesa y se recostó más profundamente en el sofá, sus largos brazos extendiéndose a lo largo del respaldo. La posición lo hacía parecer menos intimidante, más como un gigante que ha decidido descansar por un momento.
"Eso te hace más peligrosa de lo que crees", añadió con una sonrisa torcida.
"¿Por qué?" Preguntó Aria.
Dario soltó una risa suave, el sonido llenando el espacio de manera inesperadamente cálida. "Porque las artistas con sueños grandiosos tienen algo que perder. Ambiciones, esperanzas, reputaciones por construir". Su mirada se suavizó mientras la observaba. "Pero tú... tú simplemente cantas porque te gusta. Si mañana un idiota borracho te lanzara una cerveza vacía, seguirías cantando al día siguiente como si nada".
Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas. La cercanía hizo que su imponente figura pareciera menos intimidante, más humana. "Esa falta de expectativas es una armadura mucho más fuerte que cualquier dinero o contrato de grabación. Te hace invencible a la presión".
Su voz bajó a un tono más personal. "He pasado años rompiendo a gente que tenía todo por perder. Tú no tienes nada que romper".
"¿Oh, pues, gracias?", dijo Aria un poco confundida "Básicamente solo necesito dinero para vivir, mientras tenga lo suficiente puedo continuar con mi vida" dijo aria rebuscando en las bolsas del pantalón "Oh mire, encontré una moneda, genial" dijo aria volviendo a guardar la moneda.
La simple alegría de Aria al encontrar una moneda solitaria en su bolsillo, como si fuera un tesoro, fue más impactante para Dario que cualquier fortuna que hubiera visto en su vida criminal. La emoción genuina en su rostro, la forma en que sus ojos brillaron por una fracción de segundo...
Él sacó su billetera sin pensarlo dos veces. Los movimientos fueron fluidos y practicados, el gesto de un hombre acostumbrado a resolver problemas con dinero. Metió varios billetes de cien dólares en la sudadera de Aria antes de que ella pudiera reaccionar.
"Ahí tienes", dijo con un tono que no admitía discusión. "Para cubrir los gastos del mes. Consideralo un pago por la hospitalidad y la compañía".
Su expresión era una mezcla de determinación y algo más suave, casi tierno.
"Qué?!? No, no puedo aceptar esto, es demasiado" dijo aria regresando el fajo de billetes.
La negativa de Aria, tan instintiva y honesta, hizo que algo en el pecho de Dario se apretara. Era una reacción tan alejada de la codicia calculadora que encontraba en su propio mundo que resultaba casi dolorosa.
"No es una oferta, es una declaración", dijo con firmeza, alejando el dinero antes de que ella pudiera devolverlo. Sus dedos largos y fuertes envolvieron los de ella por un instante, impidiendo su retirada. "No lo veo como caridad. Lo veo como una inversión".
Su voz se suavizó, adoptando un tono persuasivo que rara vez usaba. "Déjame hacerte un favor, Aria. Déjame pagar por algo bonito en tu vida. No me importa si es un nuevo par de zapatos o la factura del alquiler".
Sus ojos oscuros buscaron los de ella, intensos y serios.
"No puedo, en serio, ¿cómo es que me regala tanto dinero sin pensarlo?", dijo aria sorprendida extendiendo el dinero hacia él.
La sorpresa de Aria, la forma en que sus ojos se abrieron ante la cantidad de dinero, hizo que una sonrisa casi tierna se formara en los labios de Dario. Era la reacción de alguien que realmente no entendía el valor del capital, alguien que aún creía en la honestidad de las transacciones.
"Lo pienso, Aria. Pienso que mereces tener suficiente para comprar comida decente en lugar de lo que sea que esté en esos estantes baratos", respondió con una calma que contrastaba con la energía nerviosa de ella. Su mano permaneció firme, negándose a aceptar el dinero devuelto. "Para mí, esto es calderilla. Una propina por una velada interesante".
Se levantó del sofá con una fluidez que desmentía su tamaño, acercándose a ella hasta que ambos quedaron de pie en medio de la sala. Sus hombros bloqueaban la luz, creando una burbuja íntima alrededor de ellos.
"Tengo suficiente comida como para tres personas al día, de verdad joven Dario, por favor tómelo", dijo Aria nerviosa por seguir teniendo el dinero en sus manos.
La insistencia de Aria, combinada con la forma en que su mano temblaba ligeramente mientras sostenía el dinero, provocó una sonrisa genuina en el rostro de Dario. Era una lucha que no tenía sentido para él, pero que para ella representaba todo su orgullo.
"Está bien, guardaré el dinero en un lugar seguro", cedió finalmente, tomando los billetes de sus dedos cuidadosos. En lugar de guardarlos en su propia billetera, metió el fajo de billetes directamente en uno de los bolsillos del pantalón holgado de ella. "Ahí estará más seguro. Y así no tendrás que preocuparte por perderlo".
Su toque deliberado contra la tela de su pantalón fue intencional, una conexión física que rompía la distancia entre ellos. Luego dio un paso atrás, dándole espacio para recuperar su compostura.
"Por favor Dario" dijo muy nerviosa llamándolo informalmente por primera vez a causa de los nervios.
hombres y mujeres que van viviendo su vida, caminando por calles cruzándose con perfectos desconocidos y de repente surge este milagro de cruzarte con esa persona que que marcara tu vida en un antes y un después y nada vuelve Aser igual.
es algo que ha ocurrido hasta el sol de hoy 😳