Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
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CAPÍTULO 11 RUMBO A TEXAS
Las primeras luces del alba se filtraron entre los pinos mientras el grupo abandonaba la cabaña, dejando atrás el refugio para adentrarse en la carretera. El viaje hacia Texas fue largo, marcado por un silencio tenso que solo rompía el ronroneo del motor. Ralph, aunque seguía dolorido, mantenía una postura rígida, negándose a mostrar debilidad; su mente ya estaba en el ring, visualizando cada movimiento.
Al llegar a la ciudad, el calor seco del desierto les dio la bienvenida. Estacionaron en el centro, un lugar bullicioso que servía como el escondite perfecto: nadie sospecharía de cuatro turistas en medio del gentío.
- Necesitamos ropa nueva —dijo Joan, mirando la chaqueta beisbolera que aún llevaba Vicky y la camisa ensangrentada de Ralph —. Si vamos a entrar en ese antro, debemos pasar desapercibidos, o al menos, parecer que pertenecemos a ese mundo.
Las chicas se dirigieron a una zona de tiendas. Para Annie y Vicky, entrar en los probadores fue un alivio psicológico; era una forma de quitarse de encima el rastro de la huida y el olor a polvo y miedo. Annie buscaba algo práctico pero que no llamara la atención, mientras Vicky elegía prendas que le devolvieran algo de la confianza que Bruno le había arrebatado.
En los probadores, Annie se miraba al espejo con los diferentes conjuntos que había elegido y se imaginaba a Ralph mirarla enamorado. Para luego besarla, lo que le recordó el beso de agradecimiento y se sonrojó, volvió a la realidad al recordar que iba a participar en peleas aun sabiendo que no estaba preparado ni curado del todo.
Mientras tanto, Joan y Ralph se sentaron en una pequeña terraza bajo un toldo desgastado. El calor era sofocante, y el té helado que compartían era lo único que mantenía a raya la fatiga.
- Esa herida va a abrirse en el primer asalto, Ralph —dijo Joan en voz baja, observando a su amigo por encima de la taza—. Debes llevar cuidado o podrías sufrir un desgarro muscular que te impida estar al 100% en los próximos días.
- Lo sé, Joan —respondió Ralph, mirando hacia la calle con los ojos entrecerrados por el sol—. Aun así, asumiré el riesgo porque es la única forma de coquetear con los jefes y poder pasar a la trastienda, allí está el portal dimensional, el nido de los Wytches y Voltors traidores.
- Estamos a un paso de conocer la verdad de nuestra identidad y saber de Sally, tenemos que ser cuidadosos al movernos.
- Lo único que me preocupa son las chicas, ese lugar apesta a ninjas y Wytches. Espero que sepas estar a la altura. – el rostro de Ralph mostraba la preocupación de sus palabras.
Joan asintió lentamente. Sabía que Ralph tenía razón. En el mundo de los Dracon, la moneda de cambio no era el dinero, sino la sangre y el respeto. Cuando se les unieron las chicas, ellas también se sentaron para tomar un refresco. Después dieron un paseo turístico, por la ciudad que duró aproximadamente una hora y media completamente convertido en turistas y compartiendo momentos amistosos. Volvieron hacia el centro de la ciudad.
Una vez en el punto cero buscaron un restaurante donde comer tranquilos, pero sin perder de vista las sombras que es donde se movían con gran habilidad los Ninja Dracon.
- Pronto se introdujeron en un restaurante, se sentaron en una mesa céntrica para evitar sobresaltos innecesarios. El ambiente del lugar era agradable y animosos, las chicas fueron a los baños. A su regreso se encontraron a dos chicas que se les acercaron. Una rubia de pelo rizado y otra con el pelo de melena corta castaña.
- Hola, ¿de dónde sois? ...- preguntó la rubia, ambos chicos la miraron sin casi prestarles atención.
- Estamos de paso. - contestó Ralph cruzando su mirada con la de Joan.
- ¿Os importa si nos sentamos? - dijo la castaña.
- ¿Ya habéis pedido, Joan? - le preguntó Annie sentándose, marcando territorio antes de que lo hicieran las otras dos, que se las quedaron mirando con recelo y envidia.
- Todavía no- contestó Ralph con una sincera sonrisa. E ignorando a las otras dos que resentidas les despreciaron.
- Es una lástima que perdáis el tiempo con dos crías que aún se limpian los mocos en las faldas de sus papis- dijo con guasa la chica del cabello rubio rizado.
- La pérdida de tiempo está en querer ser adultos cuando aún falta para quitarse los pañales y el chupetín. - fue la defensa de Joan a sus queridas amigas. Ambas se quedaron maliciosas. Y la chica del cabello corto melena saltó.
- Va a ser cierto que la miel no está hecha para la boca de los asnos. - su réplica ofensiva fue rápidamente respondida por Ralph.
- Tal vez esos asnos tengan un gusto más exquisito que tomar miel común donde todo el mundo pone la boca.
- Sois unos groseros, en mi vida he tratado con semejantes incultos como vosotros - dijo dando la vuelta la rubia.
Tras el agrio intercambio de palabras, donde Joan y Ralph defendieron a sus amigas con una caballerosidad mordaz que dejó a las intrusas en evidencia, el silencio volvió a la mesa. Pero no era un silencio tranquilo. Vicky notó que las dos mujeres se habían sentado a pocas mesas, vigilándolas con ojos cargados de una envidia oscura.
- Por cierto, chicos —dijo Annie, cambiando de tema con una seriedad que cortó el aire—El otro día Frank dijo algo que me chocó. Os llamó "Dracons desertores"... ¿Qué quiso decir con eso?
El aire pareció escaparse de la mesa. Joan y Ralph intercambiaron una mirada perpleja. La perspicacia de Annie era un arma de doble filo.
- Cómo me recuerdas a nuestra Sally... tan observadora como audaz —dijo Ralph, intentando suavizar el golpe con un halago.
- Me gustaría aclararlo, Annie —intervino Joan con voz grave—, pero es un tema que solo nos corresponde a Ralph, a Sally y a mí. Por lealtad, no podemos soltarlo como si fuera prensa rosa.
- Olvídalo —respondió Annie, y el brillo de dolor en sus ojos fue evidente para todos—. No debí preguntar.
Ver a Annie herida desarmó a Joan. Suspiró, sintiendo el fuego en su cuerpo que parecía arder también en el espíritu de la chica.
- Eres Sullivan pura, una mini Sally —admitió Joan con orgullo—. Voy a ser sincero, para que te hagas una idea, Annie... los Dracon son una secta, un linaje oscuro que va en contra de todo lo que nosotros defendemos.
- ¿Y qué tiene que ver Sally con todo esto? —preguntó Vicky, viendo que Annie ya ni siquiera levantaba la mirada del plato, luchando contra un nudo en la garganta.
- Lo mejor será que lo olvidéis por el momento —zanjó Joan, cerrando la puerta a más preguntas.