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EL ALFA QUE ME ODIABA

EL ALFA QUE ME ODIABA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mitos y leyendas / Hombre lobo / Omegaverse
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dyanne Valdez

"Los omegas tienen prohibido acercarse a mí. Esa es mi única regla." Damián es el Alfa más temido de la ciudad. Frío, cruel, y con un odio profundo hacia los omegas. Nadie sabe por qué, pero todos saben que acercarse a él es buscarse la muerte. Yo soy Lola. Una omega invisible, de esas que pasan desapercibidas. Mi olor es neutro, y así me gusta: invisible, viva. Hasta que una noche, un celo inesperado me toma por sorpresa justo cuando él cruza mi camino. Su olor me envuelve. El mío lo enloquece. Y sin quererlo, sin desearlo, contra toda lógica... Quedamos vinculados. Ahora el Alfa que me odia está atado a mí para siempre. Hará todo lo posible por romper este vínculo, pero cada intento lo acerca más a mí. Y cuando otro Alfa intente lastimarme... Su lobo desata el infierno para protegerme. Dicen que el odio y el amor son la misma cara de una moneda. Pero, ¿qué pasa cuando su mente me rechaza, pero su lobo me reclama? ¿Podrá Damián aceptar que soy su compañera? ¿O el vínculo nos destruirá a los dos?

NovelToon tiene autorización de Dyanne Valdez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: La Calma Tensa

(POV Lola)

Los días siguientes fueron extraños.

Después de lo de la sirvienta, la mansión se volvió más silenciosa. El servicio se redujo al mínimo: solo dos personas de máxima confianza, elegidas personalmente por Marcus. El resto, despedido o reubicado. Los pasillos, antes llenos de movimiento, ahora parecían un desierto.

Yo seguía durmiendo en la habitación de Damián.

Él, en el sofá.

Todas las noches.

—¿No te cansas? —le pregunté una madrugada, después de una semana de aquella rutina.

—¿De qué?

—De dormir en ese sofá. Tienes una cama enorme.

—Está ocupada.

—Podríamos compartirla. Es lo suficientemente grande.

El silencio que siguió fue tan denso que podía cortarse.

—No —dijo al fin.

—¿Por qué?

—Porque no.

—Esa no es una respuesta.

Se incorporó en el sofá. A través de la penumbra, vi la silueta de su cuerpo, los hombros anchos, la mandíbula tensa.

—¿De verdad quieres saberlo? —preguntó, y su voz sonó diferente. Más grave. Más... humana.

—Sí.

—Porque si duermo a tu lado, no voy a querer dormir. Y si no duermo, pierdo el control. Y si pierdo el control...

Se detuvo.

—¿Qué? —susurré.

—Nada. Duérmete.

Se tumbó de espaldas a mí y no volvió a hablar.

Pero yo me quedé despierta, con sus palabras dando vueltas en mi cabeza.

No voy a querer dormir.

¿Qué significaba eso?

(POV Lola - Días)

Durante el día, la tensión era diferente.

Damián seguía con sus asuntos. Marcus iba y venía con papeles. León aparecía de vez en cuando, siempre con una sonrisa y un comentario divertido, pero notaba que él y Elara se las arreglaban para coincidir en los mismos sitios a las mismas horas.

Casualidades. Demasiadas casualidades.

Pero yo no decía nada. Si ellos encontraban un poco de luz en medio de tanta oscuridad, bien por ellos.

Lo que me preocupaba era otra cosa.

Damián me miraba.

No descaradamente. No como un acoso. Pero cuando yo no miraba, cuando estaba distraída, sentía sus ojos sobre mí. A través del vínculo, aunque lo bloqueara, notaba su atención. Su vigilancia. Su... algo.

Una tarde, lo descubrí.

Estaba en la biblioteca, hojeando un libro sin prestarle atención, cuando levanté la vista. Él estaba en la puerta. Apoyado contra el marco. Mirándome.

No apartó la mirada.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada.

—Llevas cinco minutos ahí parado.

—Lo sé.

—¿Por qué?

Se separó de la puerta y se acercó. Lentamente. Como un depredador que no quiere asustar a su presa.

Se detuvo a un metro de mí. Lo bastante cerca para que su olor me envolviera. Lo bastante lejos para no tocarme.

—Desde que llegaste —dijo en voz baja—, no he dejado de mirarte.

El silencio vibró entre nosotros.

—Damián...

—No digas nada. Solo... deja que te mire. Un minuto.

Y lo hizo.

Me miró. Largo. Intenso. Como si yo fuera un paisaje que quería memorizar.

Y yo me dejé.

Porque en el fondo, no me molestaba.

(POV Lola - Noche)

Esa noche, cuando me tumbé en su cama, algo era diferente.

No el olor. No las sábanas. No la distancia hasta el sofá.

Algo en el aire. Algo en el vínculo.

Damián no lo había bloqueado del todo. Por primera vez en días, sentía algo de él. Un rumor leve, como un río subterráneo.

—Damián —susurré.

—¿Mmm?

—¿Por qué me miras tanto?

Silencio.

—¿De verdad necesitas preguntarlo? —respondió al fin.

—Sí.

—Porque no puedo evitarlo.

—¿Y eso es malo?

Otro silencio. Más largo.

—No lo sé todavía.

Me quedé pensando en sus palabras.

No lo sé todavía.

Significaba que estaba considerándolo. Que no era un no rotundo. Que quizá, solo quizá, había esperanza.

—Damián.

—¿Qué?

—¿Puedo pedirte algo?

—Lo que sea.

—No bloquees el vínculo. Al menos por ahora. Quiero sentirte.

El silencio fue tan largo que pensé que no iba a responder.

—Vale —dijo al fin.

Y lo sentí. Una calidez que se extendió desde mi pecho, como si alguien hubiera encendido una luz. Damián no bloqueaba nada. Por primera vez, podía sentir todo lo que sentía.

Y era abrumador.

Tanto que no pude evitar sonreír en la oscuridad.

—Duérmete —dijo él.

—Tú también.

—Lo intentaré.

Pero ninguno de los dos durmió.

Y por primera vez, la distancia entre la cama y el sofá no nos molestó.

(POV Lola - Mañana siguiente)

Desperté con el sol en la cara y una sensación extraña en el pecho.

Algo había cambiado. Algo en el vínculo. Damián no lo bloqueaba. Por primera vez desde que llegué a la mansión, podía sentirlo completo.

Y lo que sentía era... paz.

Me incorporé y busqué el sofá con la mirada.

Vacío.

Pero esta vez no me preocupé. Sabía dónde estaba. Lo sentía en algún lugar de la mansión, tranquilo, sereno.

Una semana después, una sirvienta nueva (de las de confianza) entró con el desayuno.

—El Alfa dice que baje al comedor hoy —anunció.

—¿Al comedor?

—Sí, señorita. Dice que ya es hora de que deje de esconderse.

Sonreí.

Por primera vez en mucho tiempo, sonreí de verdad.

Bajé al comedor. Damián estaba allí, con Marcus y León. Elara ya estaba sentada, con una taza de café humeante.

—Buenos días —dije.

Todas las miradas se volvieron hacia mí.

Pero solo una me importaba.

La de Damián.

—Buenos días —respondió.

Y en sus ojos, por primera vez, no vi hielo.

Vi algo que no me atrevía a nombrar.

Y supe, con una certeza absoluta, que nada volvería a ser igual.

1
Carola Videla 😈🇦🇷
si eso es el problema, lo que siente y no quiere sentir. Pobres omegas tanto odio por ellos , que injusto
tomatito
podra mandar él, pero en la cama manda ella y el obedece 🤣🥰
tomatito
me enamore de la historia y apenas es el caitulo dos😶
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