En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."
En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".
Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.
En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.
¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?
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Capítulo 13
Nueve meses después de aquel pacto de sangre en el búnker, la mansión Volkov se había transformado en una fortaleza de cristal donde el aire no solo pesaba por el aroma a tormenta de Alessandra, sino por la expectativa de un nacimiento que cambiaría el orden mundial.
Fabiana se encontraba en la suite principal, observando el atardecer a través de los ventanales blindados. Su cuerpo, antes delgado y ágil, ahora albergaba la carga más preciada de la Viuda de Hierro. A pesar de los meses de lujo, su mirada seguía siendo la de aquella chica del Cinturón: fría, calculadora, pero con una nueva grieta de vulnerabilidad que solo Alessandra lograba explotar.
—¿Sientes eso? —susurró Fabiana, cuando una contracción aguda la obligó a aferrarse al marco de la ventana.
Alessandra apareció en un parpadeo. En este último año, la Alpha pura había dejado de ser una estatua de hielo para convertirse en una fuerza protectora obsesiva. Se acercó a Fabiana, rodeando su vientre con sus manos enguantadas, inhalando el aroma de su Omega, que ahora mezclaba la vainilla con la leche y el hierro.
—Es el momento —dijo Alessandra, su voz vibrando con una mezcla de terror y orgullo que nunca antes había sentido—. El equipo médico está listo. No te dejaré sola ni un segundo.
El parto no fue un evento médico; fue una batalla. Fabiana se negaba a ser sedada por completo; quería sentir el dolor, quería estar consciente de que estaba entregando lo último que le quedaba de su antigua libertad a cambio del trono definitivo.
—¡Maldita sea, Alessandra! —gritó Fabiana, su rostro sudado, sus uñas clavándose en la mano de la Alpha mientras el dolor la partía en dos—. ¡Si muero hoy, asegúrate de que mi cuenta bancaria pase a mi familia! ¡No dejes que el Consejo toque un solo centavo!
—No vas a morir —gruñó Alessandra, acercando su rostro al de Fabiana. Sus frentes se tocaron, y la Alpha liberó sus feromonas más calmantes, intentando mitigar el sufrimiento de su esposa—. Eres una Volkov por derecho de conquista. Ninguna muerte se atrevería a llevarte sin mi permiso.
En medio de gritos, sangre y un despliegue de tecnología médica de vanguardia, el silencio de la mansión fue roto por un llanto agudo y potente. Una niña. De piel pálida como Alessandra y ojos que prometían ser tan afilados como los de Fabiana.
Cuando la enfermera puso a la bebé en los brazos de Fabiana, la Omega se quedó muda. La ambición que la había movido toda su vida —el deseo de ser rica para no morir— de repente encontró un nuevo propósito. Ya no era solo por ella.
—Se llamará Daniela—dijo Alessandra, depositando un beso húmedo en la frente sudada de Fabiana—. La heredera de la tormenta.
Mientras dentro de la mansión se celebraba la vida, a pocos kilómetros de allí, en un almacén abandonado que alguna vez perteneció a la red de suministros de los Volkov, una pantalla parpadeaba.
Ivanov, con el rostro parcialmente quemado por la explosión del búnker un año atrás, observaba las fotos satelitales de la mansión. A su lado, Dante limpiaba un cuchillo táctico.
—La niña ha nacido —dijo Ivanov, su voz era un susurro sibilino—. Alessandra cree que ha ganado. Cree que porque Lucía la rechazó como madre y se quedó con la Thorne, su linaje termina en esa cuna.
—¿Cuál es el plan? —preguntó Dante—. La seguridad es impenetrable.
—La seguridad exterior lo es —sonrió Ivanov, sacando un sobre amarillo—. Pero Fabiana sigue siendo una chica del Cinturón. Y las chicas del Cinturón siempre tienen un precio. Solo necesito recordarle que Alessandra nunca la amó por ella misma, sino por el envase que representaba.
Dos semanas después del parto, la mansión había vuelto a una calma tensa. Fabiana, recuperada con una rapidez asombrosa gracias a los tratamientos genéticos de Alessandra, se preparaba para la primera cena oficial tras el nacimiento.
Llevaba un vestido de seda roja, cortado tan bajo que dejaba ver la marca de Alessandra en su cuello, ahora más oscura y profunda. Alessandra entró en el vestidor, y el aire se cargó de inmediato. La atracción entre ellas no había disminuido con la maternidad; al contrario, se había vuelto más salvaje.
Alessandra caminó hacia ella, atrapándola entre el tocador y su cuerpo. Sus manos bajaron por la cintura de Fabiana, apretando con esa dominancia que a la Omega tanto le gustaba.
—Te ves peligrosamente hermosa—susurró Alessandra, mordiendo el lóbulo de la oreja de Fabiana—. Casi olvido que hace poco eras una madre convaleciente.
—Nunca olvido quién soy, Ale —respondió Fabiana, girándose en sus brazos y rodeando el cuello de la Alpha—. Soy la mujer que te dio lo que nadie más pudo. Ahora, quiero mi recompensa.
Alessandra la levantó sin esfuerzo, sentándola sobre el tocador, tirando los frascos de perfume al suelo. El encuentro fue una explosión de deseo contenido durante meses. Besos húmedos que sabían a posesión, las manos de Alessandra recorriendo la piel de Fabiana con una devoción que rozaba la locura.
Hubo mordidas en las nalgas que hicieron que Fabiana arqueara la espalda, gimiendo el nombre de la mujer que odiaba y amaba al mismo tiempo. En ese momento, mientras Alessandra la reclamaba con una pasión salvaje, Fabiana se sintió, por primera vez, completamente poderosa. Ya no era la "donante", era la reina.
Sin embargo, al terminar, mientras Alessandra se vestía, una notificación llegó al teléfono privado que Fabiana escondía en su joyero. Era un mensaje de un número desconocido:
"¿Realmente crees que eres la reina? Revisa la caja fuerte oculta en el despacho de Alessandra. Busca el archivo 'Sustituta 01'. Tu hija no es un milagro, Fabiana. Es el plan B de una mujer que sigue esperando que Elena regrese."
En el otro extremo de la ciudad, en el lujoso ático de Victoria Thorne, la paz era más real pero no menos compleja. Lucía estaba sentada en el regazo de Victoria, estudiando unos documentos legales.
—¿Vas a ir a ver a la bebé? —preguntó Victoria, acariciando el cabello de Lucía.
—Es mi hermana, Victoria. Pero entrar en esa mansión me recuerda que mi sangre es un experimento —dijo Lucía, suspirando—. Alessandra intentó comprar mi perdón con ese fideicomiso, pero no puedo olvidar que Roberto casi muere por su culpa.
—Alessandra es un monstruo, sí —susurró Victoria, girando la silla para mirar a Lucía a los ojos—. Pero es un monstruo que te respeta y también es mi amiga crecimos juntas.Y yo... yo no permitiré que nadie te use de nuevo. Ni ella, ni el Consejo.
Victoria se inclinó y la besó con una ternura que solo reservaba para Lucía. Pero en el fondo de su mente, la Alpha Thorne sabía que Ivanov estaba moviéndose. Había escuchado rumores en los juzgados. Alguien estaba comprando voluntades para atacar el punto más débil de Alessandra: el ego de Fabiana.
Esa noche, el búnker emocional de Fabiana estalló. Aprovechando que Alessandra estaba en una llamada con el Ministerio, Fabiana entró al despacho. Sus dedos temblaban mientras desbloqueaba la caja fuerte con los códigos que había memorizado observando a su esposa.
Allí estaba. El archivo "Sustituta 01".
Dentro, no solo había fotos de Elena, sino un contrato de investigación genética fechado meses antes de que Fabiana se infiltrara en la gala. Alessandra sabía quién era ella. Alessandra la había atraído a la gala. Todo el "encuentro casual" fue orquestado por la Viuda de Hierro para obtener la genética de los Lagos sin tener que lidiar con Elena.
—¿Buscabas algo, mi vida? —la voz de Alessandra, fría como el acero, resonó desde la puerta.
Fabiana se giró, con los papeles en la mano y lágrimas de rabia pura en los ojos.
—¡Me cazaste! —gritó Fabiana—. ¡Todo esto... los alagos, la gala, la marca... fue un maldito procedimiento de laboratorio! ¡Nunca me viste a mí! ¡Solo viste un útero compatible para reemplazar lo que Elena no te dio!
Alessandra entró en la habitación, cerrando la puerta con seguro. Su aroma a tormenta se volvió asfixiante.
—Al principio, sí —admitió Alessandra sin pestañear, acercándose a Fabiana con paso lento—. Fuiste un objetivo. Pero lo que no estaba en el plan fue que resultaras ser tan letal como yo.
—¡No me toques! —Fabiana le lanzó los papeles a la cara—. ¡Soy pobre de nuevo antes de seguir siendo tu títere! ¡Me llevo a Daniela y te dejaré seca en el juicio de divorcio!
Alessandra la atrapó por la cintura, estampándola contra la pared del despacho. Sus ojos brillaban con una furia posesiva.
—No vas a ir a ningún lado. ¿Crees que el amor existe en nuestro mundo, Fabiana? El amor es para los mediocres. Lo que nosotras tenemos es algo más fuerte: es propiedad. Eres mi esposa, eres la madre de mi heredera y, si intentas cruzar esa puerta, te destruiré como destruí al Consejo.
—Pruébalo —desafió Fabiana, escupiéndole en el rostro.
Alessandra, en lugar de golpearla, la besó con una violencia que sabía a desesperación. En medio de la pelea, la pasión volvió a estallar entre los restos de los documentos que revelaban su traición. Se amaron sobre el escritorio de mármol, entre gritos y arañazos, en una danza de odio y necesidad que demostraba que, incluso con la verdad al desnudo, no podían soltarse.
Pero mientras Fabiana se entregaba al tacto de Alessandra, su mente trabajaba a mil por hora. Si Alessandra la había cazado, ella se convertiría en el cazador.
Esa noche, mientras Alessandra dormía, Fabiana respondió el mensaje de Ivanov:
"Dime lo que quieres. Si Alessandra me usó como un envase, yo la usaré como una escalera hacia el fin de su imperio."
La guerra de poder más oscura estaba por comenzar. ¿Es Fabiana realmente capaz de traicionar a la madre de su hija, o es este su juego más ambicioso para quedarse con todo?
Continuará....🔥
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