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Renacer

Renacer

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Maltrato Emocional / Autosuperación
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Miranda Saavedra. Un nombre que en los círculos financieros es sinónimo de respeto, fortuna y un orgullo inquebrantable. Como presidenta de uno de los conglomerados más influyentes del país, su presencia intimida a los tiburones de la industria y su mirada es capaz de desmantelar cualquier defensa antes de que se pronuncie la primera palabra en una junta.
Pero esa armadura de seda y acero fue forjada en el fuego.
Hubo un tiempo en que Miranda era otra mujer: una esposa dedicada que creía en la paciencia y en el refugio de un hogar, soñando con una familia que nunca llegó. Esa vida "perfecta" se desintegró en un solo instante, convirtiéndose en un infierno de sombras cuando el mundo que conocía la traicionó, siendo secuestrada para ser vendida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El espejismo de la victoria

​Mientras Miranda y Lissandro se encontraban en su mansión, rodeados de pantallas tácticas y orquestando un nuevo plan para desmantelar hasta el último rastro del apellido Lara, la realidad en otro punto de la ciudad era radicalmente distinta. En una suite de lujo de un hotel discreto en el Soho, el aire estaba cargado de un triunfalismo tóxico.

​Andrés Lara se encontraba recostado sobre las sábanas de seda, con una copa de cristal tallado en una mano y una expresión de arrogancia absoluta en el rostro. Para él, haber vulnerado la seguridad de los Saavedra no solo era un avance estratégico; era una inyección de ego que necesitaba desesperadamente tras la huMillación de la gala.

​—Nadie de esa maldita mansión se dio cuenta de que uno de los nuestros estaba espiando su fortaleza impenetrable —alardeó Andrés, dejando escapar una carcajada cargada de veneno—. Saavedra cree que su dinero puede comprar la invisibilidad, pero se olvida de que yo conozco a la mujer que duerme a su lado mejor que nadie. Sé dónde buscar sus grietas.

​Alana, que lo observaba con ojos brillantes de ambición y deseo, dejó escapar una sonrisa de suficiencia. Ella disfrutaba del caos tanto como él, especialmente si eso significaba ver a Elena —o Miranda, como se hacía llamar ahora— reducida a cenizas una vez más.

​—Eres un genio, y por eso me siento orgullosa de ser tu aliada y, de paso, tu amante —respondió Alana con voz ronca. Se deslizó sobre él con movimientos felinos, volviendo a subir encima de Andrés para dejarse llevar por la lujuria que siempre despertaba en ellos el olor al peligro.

​Para ellos, el sexo y el poder eran la misma moneda. Mientras se entregaban a un placer frenético, estaban convencidos de que el mensaje en la televisión había sido el golpe de gracia. Creían que Miranda estaría ahora mismo temblando, empacando maletas o suplicando clemencia. No podían estar más equivocados.

​Andrés, en medio del éxtasis, no podía dejar de pensar en la imagen de Miranda en la gala. Había algo en su transformación que, aunque lo enfurecía, también le despertaba una obsesión retorcida. Quería destruirla, sí, pero primero quería verla arrodillada, admitiendo que nunca debió intentar desafiarlo.

​—Esa estúpida cree que puede jugar a ser la reina de Nueva York —susurró Andrés contra el cuello de Alana—, pero se le olvida que yo soy quien escribe el final de sus historias.

​Sin embargo, mientras ellos se perdían en su celebración anticipada, el teléfono de Andrés, olvidado en la mesa de noche, comenzó a iluminarse frenéticamente. No era una llamada de agradecimiento, ni un reporte de éxito. Eran las alertas de sus cuentas bancarias personales siendo intervenidas una a una.

​En la mansión, Miranda acababa de dar la orden de ejecutar el "Protocolo de Tierra Quemada". Mientras Andrés y Alana celebraban su supuesta astucia en aquella habitación de hotel, el suelo financiero bajo sus pies se estaba convirtiendo en arena movediza. El "triunfo" que tanto disfrutaban no era más que el último deseo de un condenado a muerte antes de la ejecución.

La luz grisácea del amanecer neoyorquino se filtraba por las cortinas de seda de la suite, iluminando el rastro de excesos de la noche anterior. Andrés despertó con la satisfacción del que cree haber recuperado el trono, pero esa sensación duró exactamente lo que tardó en estirar la mano hacia su teléfono móvil.

Alana aún dormía a su lado, envuelta en las sábanas, ajena a la tormenta. Andrés desbloqueó la pantalla y frunció el ceño al ver más de cincuenta notificaciones de su aplicación bancaria.

—¿Qué demonios...? —susurró, con la garganta seca.

Entró en su cuenta principal, la que albergaba los fondos operativos para sus gastos personales de lujo. Saldo: $0.00.

El corazón le dio un vuelco. Probó con la cuenta de ahorros, la de Alana, incluso la cuenta corporativa de contingencia. El resultado era el mismo: una pantalla en blanco con un mensaje administrativo que le heló la sangre: «Cuenta bloqueada por orden judicial bajo investigación de fraude».

—¡Alana! ¡Despierta! —rugió Andrés, sacudiéndola por el hombro.

—¿Qué pasa? Es temprano... —balbuceó ella, abriendo los ojos con dificultad.

—¡Nos han bloqueado todo! ¡Esa maldita mujer nos ha dejado en la calle!

Andrés saltó de la cama y comenzó a vestirse frenéticamente. El pánico, ese animal frío que había intentado ignorar, ahora le mordía las entrañas. Se dirigió al teléfono de la suite para pedir que le prepararan el auto, pero antes de marcar, la puerta de la habitación sonó con tres golpes secos y autoritarios.

Era el gerente del hotel, acompañado por dos guardias de seguridad.

—Señor Lara, lamentamos las molestias —dijo el gerente con una cortesía que sonaba a insulto—, pero el sistema ha rechazado el pago de la suite. Sus tarjetas de crédito han sido revocadas. Necesitamos que liquide la factura de diez mil dólares de inmediato o nos veremos obligados a escoltarlos fuera y retener sus pertenencias.

Andrés sintió que la cara le ardía de humillación. Él, el gran Andrés Lara, siendo tratado como un estafador de poca monta frente a su amante. Intentó mantener la compostura, aunque sus manos temblaban.

—Debe haber un error con el servidor del banco. Lo solucionaré en una hora —espetó con arrogancia fingida.

—Tiene diez minutos, señor Lara —sentenció el gerente antes de cerrar la puerta.

Alana, que ahora estaba de pie cubierta apenas con una bata, miraba a Andrés con una mezcla de horror y desprecio. El amor y la "lealtad" de Alana siempre habían sido proporcionales al saldo bancario de Andrés.

—¿Y ahora qué, genio? —siseó ella—. Dijiste que la tenías controlada.

Andrés no respondió. Se dirigió a su maletín y sacó una pequeña computadora portátil que nunca conectaba a redes públicas. Sus dedos volaron sobre el teclado, entrando a una cuenta clandestina a través de una serie de servidores encriptados en las Islas Caimán.

Esa era su última salida: las cuentas sucias. Fondos provenientes de sus negocios con los traficantes de personas a los que le había vendido a Elena años atrás y a muchas otras; dinero manchado de sangre que había mantenido oculto incluso de sus propios contadores.

—Todavía tengo el fondo de reserva de la "Sociedad Fantasma" —murmuró Andrés, con una sonrisa desencajada que lo hacía parecer un demente—. Ese dinero es irrastreable. Nadie, ni siquiera Saavedra, puede llegar a él. Son tres millones de dólares en criptoactivos.

Andrés ingresó la compleja clave de acceso. Sus ojos brillaban con la esperanza del náufrago que ve una balsa. Pero, al cargar la billetera digital, la pantalla no mostró los fondos. En su lugar, apareció un gráfico de un ave fénix alzando el vuelo y un mensaje corto que le detuvo el corazón:

«Gracias por el depósito. Atentamente, Miranda.»

Andrés soltó un alarido de rabia pura y lanzó la computadora contra la pared, haciéndola añicos. No solo lo había dejado sin dinero legal; Miranda conocía sus cuentas secretas. Lo había dejado sin pasado, sin presente y, lo más aterrador, sin un lugar donde esconderse.

—¡Me lo ha quitado todo! —gritó Andrés, cayendo de rodillas sobre la alfombra—. ¡Hasta el dinero de ellos!

Alana retrocedió, dándose cuenta de que ahora Andrés no era un aliado poderoso, sino un hombre con una sentencia de muerte marcada en la frente por los tipos más peligrosos del submundo, a quienes ahora les debía dinero que no tenía.

Andrés levantó la vista, y por primera vez, no había arrogancia, solo un miedo animal. Miranda no quería verlo en la cárcel. Miranda quería que los mismos monstruos a los que él se la entregó, fueran quienes vinieran por él.

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Mine Romero
Excelente novela 👏👏👏muchas gracias por actualizar
Mercedes Tibisay Marin
hay que descubras rapido a ese que le quiere hacer daño
Mercedes Tibisay Marin
sera que hay un traidor en su casa
Mercedes Tibisay Marin
Miranda acaba con cada uno de ellos
Mercedes Tibisay Marin
desgraciados
Mercedes Tibisay Marin
hay Dios que terrible suceso
Gabriela Alejandra Badia
buenísima!!
Mine Romero
Excelente novela me encanta 👏👏muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Mine Romero
ufff esta súper interesante por favor nos puedes regalar más capítulos 🙂
Mine Romero
Excelente novela me encanta muchas gracias por actualizar 👏👏👏☺️☺️☺️
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Ya se dañó demasiado la imagen de Lisandro, hizo cosas aberrantes para acercarse a Miranda, todo con la excusa de su dolor y la idea de la venganza. Qué mujer podría perdonar algo así ? 🧐🤨🤨🤔🤔🇨🇴🇨🇴
Maria Vázquez torres
la verdad autora ésto es un enredo la voy a dejar de leer hasta q este terminada
Mine Romero
Esta súper emocionante, muchas gracias por actualizar 👏👏☺️
valeska garay campos
solo por venganza hizo todo?🤔
valeska garay campos
será que es verdad todo lo que dijo 🤔
Miriam Colín
Espero que terminen con todos los desgraciados, que después de todo el caos puedan empezar de nuevo con su amor renovado y siendo felices con su hija.
Eliana Galann
aahh que alivio era mucho ir sola a enfrentar al arrogante ex marido
Mine Romero
Excelente novela, por favor nos puedes regalar más capítulos muchas gracias 😘
valeska garay campos
tarde o temprano lo va. a perdonar 🤔😭
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Pero al parecer a Lissandro le falló su corazón, porque se enamoró de Miranda. Él mismo lo dijo, "espero que algún día me ames, como yo te amo a ti". 🤔🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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