Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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Una persona sin maldad Brillará..
Manada Rubí
–¿Cómo puede ser que tus hermanos hayan desaparecido?–
La voz gruesa y el golpe en su mejilla alimentaban más el enojo de Pedro, quien recordaba la plática con Mario ese mismo día.
–¿Eres feliz con tu decisión? Rice no era solo una egoísta como decías…–
–Mario… Hoy no tengo ánimos de hablar.–
Mario soltó una risa:
–Todo se te fue de las manos… Y no quieres admitirlo, hermano. ¿Por qué no dices que la necesitas? ¿Por qué no la buscas?–
Pedro golpeó la mesa furioso:
–Me equivoqué, sí… Pero ahora ya es tarde, ella no me perdonará. Nunca pensé que su trabajo y todo esto era tan pesado… Ella jamás lo dijo.–
–¡¡ELLA SIEMPRE LO DIJO!!– gritó Mario, su pecho subiendo y bajando de ira. –¡Haz memoria! Y cuando padre empezó a presionar con un hombre, ¿qué hiciste? ¿QUÉ HICISTE, PEDRO?– –¡LA DEJASTE CUANDO MÁS TE NECESITABA!!–
–¿Qué quieres, Mario? Suficiente tengo con nuestro padre y el idiota de Guillermo, que anda metido conspirando contra mí en cada paso.–
–No quiero nada de ti… Pero sí te dejaré algo claro: nosotros nos iremos como ella, y es mejor que no hagas nada.–
Pedro se dejó caer derrotado; ya no tenía nada ni nadie. Su pareja estaba lejos, siempre trabajaba. Soltó un gruñido más que cansado, con lágrimas en los ojos, agitado como si le faltara el aire –la presión, la ansiedad y el estrés salían ahí, en esa oficina fría.
–Hoy no iremos… Si realmente quieres cambiar, cuenta con nosotros. Ella te hablará.–
–¿Cómo estás tan seguro? Debe odiarme.–
–Eres un idiota… Ella nos ama, hasta al idiota de Guillermo. Sabes muy bien que es como mamá.–
–¿A qué hora se van?–
–A las ocho… Espera su llamada.– Dejó un celular desechable. –Y sigue sus instrucciones sin chistar. Si Guillermo queda como sucesor, será más fácil sacarlo –es un idiota y padre nunca lo quiso… No tendrá a nadie.–
Pedro estaba de espaldas, limpiándose las lágrimas, solo asintió guardando el celular detrás del escritorio.
–Le diré que te llame a la madrugada… Padre nunca está despierto esa hora. Te doy mi palabra, hermano.–
Mario le dio la mano; Pedro la estrechó, no quería que lo viera en ese estado.
–Era sabido que se irían… Como ella lo hizo. No me eches la culpa ¡¡QUE TÚ OCASIONASTE, RAÚL!!– gritó furioso, usando su mando para hacer que el otro diera un paso atrás.
–¿Cómo te atreves…?– Quiso pegarlo, pero Pedro le agarró de la garganta.
–Vuelve a tocarme, maldito, y te juro que te parto en dos. Y sabes muy bien que lo haré.–
Lo tiró al piso de golpe. Ya era de noche; Raúl tosió, tomó su saco y se fue con terror y enojo.
Pedro sentía la ausencia de su pareja en cada pensamiento –era lo único que podía pedir, la extrañaba muchísimo. Hoy no se iría sin ella.
Tomó su campera, pero el celular sonó –quedó casi en pánico y fue directo a tomarlo.
📲 Ho…la…
📲 Hermano… Hoy a las tres llegaremos. Ven por el pasaje del Brujo, no traigas nada… Y corre todo lo que puedas hasta fuera de los 700 kilómetros.
📲 Sí… Pero Valentina…
📲 ¿Crees que no sé eso? Ella está con nosotros. Apúrate, sal de esa casa.
Pedro no dudó, cortó la llamada y partió el celular a pedazos. Miró la hora: 2:55 pm. Se dirigió al lugar en forma lobuna –nada lo detendría ahora. Su lobo corría como si no hubiera un mañana; su corazón latía a mil, recordando lo mal hermano que fue. Sus lágrimas y un sollozo se mezclaron con los aullidos de su lobo en el camino, mientras corría por ese pasaje. Cuando las vio… Su hermana mayor junto a su gran amor esperaban en esa ruta.
**Horas antes**
–Es hora de volver, hermosa. Tus hermanos quieren saber qué harás.–
Asher y Rice se vistieron y se fueron directo a la casa.
–Bien… Lo haré, pero tenemos que movernos rápido.–
–Eso déjamelo a mí.– dijo Carter detrás. Rice miró a Asher, quien levantó los hombros, pero fue él quien lo llamó.
–Primero hay que localizar a Valentina… Y yo sé cómo.– dice Celeste.
–Bien, en marcha. Llámala, tenemos que irnos cuanto antes –primero por ella.–
–Yo… Le dije que le llamarías a las tres. Le dejé un teléfono.–
Rice lo miró:
–¿Y si me negaba? No pensaste eso.–
–Hermana… Sabemos que no harías eso.– agrega Esteban.
–Valentina está en llamada…–
Rice le contó su plan; Valentina estaba en la academia y se fue lejos para escuchar, solo asintió soltando una sonrisa al ver que se acercaba Guillermo, quien no se dio cuenta de nada.
Rice tomó la camioneta de nuevo; todos estaban preocupados, pero esta vez llevaron dos hombres más por si algo pasaba.
El viaje fue más rápido –todo tenía que ser perfecto. Viajaron toda la noche. Cuando llegaron, eran las 2:40… Valentina estaba entre los árboles.
–Valentina… Soy Rice.–
Valentina salió rápido y la envolvió en un abrazo, más que asustada.
–Tranquila… Sube, ellos son amigos. Estaremos bien.– decía Rice.
Al verla entrar, agudizó su oído hasta su casa, escuchó a su padre irse y fue cuando marcó a Pedro. Sus nervios la consumían al escuchar su voz temblorosa.
📲 *Ho…la…*
📲 *Hermano… Ven por el pasaje del Brujo, no traigas nada… Y corre todo lo que puedas hasta fuera de los 700 kilómetros.*
📲 *Sí… Pero Valentina…*
📲 *¿Crees que no sé eso? Ella está con nosotros. Apúrate, sal de esa casa.*
Rice temblaba, más que nerviosa, dando vueltas esperando que llegara. Valentina la tomó de la mano:
–Él está cerca…– susurró mirando al gran lobo con ojos amarillos corriendo hacia ella.
–Sube…–
Rice corrió hacia la camioneta y abrió la puerta; Pedro entró de golpe, ella cerró y dieron marcha atrás, más rápido que nunca. Carter aceleró el paso. Nadie habló hasta que llegaron fuera del territorio.
–No siento a nadie…– dijo Rice agudizando su oído.
–Tampoco huelo a nadie.– dijo Carter.
Valentina lloraba abrazando a Pedro, quien estaba envuelto en una manta, agarrándola más fuerte entre llantos.
Rice solo los miró en el asiento; Pedro la miró de reojo. *“Gracias”* dijo suavemente. Rice asintió con una sonrisa ladina.
....
Las horas fueron eternas de nuevo, pero el teléfono sonó en la mesa –esta vez fue Mario quien lo tomó.
📲 *Estamos a mitad de camino… Los tenemos.*
Mario sonrió; los demás sonrieron soltando un alivio. Los chicos se abrazaron con las gemelas, Nicol abrazó a Tomás y después a Asher, quien estaba más que ansioso pero sonrió soltando un suspiro.
*“Estoy cerca, cariño”* escuchó en su mente –su voz lo calmó totalmente.
...
El sol apenas aparecía en la orilla del mar cuando la camioneta entró en el garaje.
–Rice…– balbuceó Pedro.
–Entra, deben tener hambre.–
Valentina tomó la mano de Pedro; los demás ya estaban más que felices abrazándola. Pedro no podía mirarlos, pero Valentina le dio un pequeño empujón.
–Yo… No sé cómo agradecer… Hermana.–
Pedro caminó hacia ella, quien tenía lista su taza de café, aguantando las ganas de llorar. Se arrodilló ante ella.
–Lamento todo… Tienes derecho de odiarme. Realmente lo siento, yo la cagué. Nunca me puse a pensar todo lo que hiciste por nosotros y tampoco la presión que tenías…–
Pedro lloraba con las manos en los ojos. Rice apretaba los dientes, aún no lo miraba. Suspiró y cuando lo hizo de reojo, no sintió maldad. Por una vez entendió lo que su madre decía: *“Cuando alguien sin maldad está frente a ti, lo verás… Su cuerpo brillará y solo tú lo verás.”*
Rice lo notó –su cuerpo brillaba con una luz blanca mientras sus lágrimas caían. Un hombre de músculos enormes arrodillado como un niño de cinco años, el mismo que recordaba de cuando eran pequeños.
–Deja de llorar… Te dolerá esa cabezota.–
Rice se arrodilló con él, envolviéndolo en brazos mientras refregaba su espalda gigante. Pedro lloraba más fuerte pero la abrazó con más fuerza.
Los demás estaban en silencio; Valentina ya lloraba junto a Silvy y Celeste, Nicol no quedó atrás. Carter sonrió y salió del lugar sin antes mirar a Rice, quien le movió la mano en señal de agradecimiento. Asher sonrió ladino mirando la escena, sintiendo cómo el vínculo con Rice se fortalecía aún más con cada instante.
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