Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 22 Juntos
Victoria y Duncan permanecieron junto al lago un rato más, abrazados, sin decir nada. Sus miradas hablaban por ellos.
—Creo que deberiamos entrar, hace mucho frío y puedes resfriarte. —Dijo Duncan rompiendo el silencio.
—Tienes razón... —Victoria fué a responder pero no tuvo tiempo.
Duncan la levantó en sus brazos y se dirigió al castillo.
—¡Suéltame! Alguien podría vernos. —chilló Victoria.
—Nadie nos verá, ya todos duermen. Además, no me importa. —Él siguió su camino como si nada.
Victoria se puso nerviosa cuando él, en lugar de llevarla a su habitación, subió hasta el último piso, donde se encontraban sus aposentos.
—¿A dónde me llevas? —Preguntó fingiendo inocencia.
—Creo que ya lo sabes, quiero invitarte a tomar algo. —sonrió.
Cuando entraron, Duncan la puso en el suelo.
Era la primera vez que Victoria estaba en ese lugar; había una enorme chimenea, alfombras cubriendo casi toda la superficie y una enorme cama con dosel.
Todo era rústico pero hermoso a la vez, algo que Victoria nunca pensó llegar a ver.
Duncan sirvió dos vasos de whisky y le extendió uno a Victoria, ella lo tomó agradecida.
—Quiero que sepas algo. —dió un trago a su bebida y continuó. —yo no me comprometí con Lady Cameron por amor, solo lo hice para beneficio de mi clan. —explicó Duncan.
—No quisiera hablar de ella, arruina el momento. —Victoria hizo una mueca con el rostro.
—Lo siento, es que no quiero que tengas la percepción equivocada.
—Los motivos no importan, te casarás con ella y deberás cumplir tu papel de esposo. —Eso molestó a Victoria. —También incluye no engañarla.
—¿Por qué te importa tanto?
—Porque yo lo viví, estuve a punto de casarme y me traicionaron de la peor manera. —el recuerdo aún le sabía amargo. —Ni siquiera a esa víbora medieval de Maisie le desearía algo así.
—¿Víbora medieval? —rió por eso. —Perdón, no sabía que habías pasado por algo así y mi intención nunca ha sido ofenderte.
—Ya lo he dicho una vez, y lo diré de nuevo, no seré tu amante. Por mucho que me gustes. —Victoria no podía creer que dijo esto último en voz alta. —Sería más fácil si nos odiaramos de nuevo.
Duncan le tomó el rostro y la miró fijamente a los ojos. —No voy a hacerlo.
—¿De qué hablas? —Victoria no entendía.
—Romperé el trato, no quiero casarme con Maisie.
Los ojos de Victoria casi se salen de sus órbitas. No era su intención que rompieran el compromiso, aunque para ser completamente sinceras, ella no sabía exactamente qué quería.
—Duncan...
—Quiero que estés a mi lado, no como un secreto. —Susurró pegando sus labios a los de ella. —Algo de tí me impide alejarme.
—¿Qué estás haciendo conmigo, Duncan McIver?
El la pegó a su cuerpo y tomó su boca con avidez, el fuego apoderandose de ellos.
Se deseaban, se necesitaban, estaban dispuestos a entregarse el uno al otro.
La ropa comenzó a estorbar y pronto fue esparcida por cualquier lado, eso no importaba.
Victoria llevaba su juego de lencería, algo que Duncan jamás había visto.
—¿Qué se supone que es esto? Es indecente. —sonrió satisfecho porque se le veía espectacular. Ella era toda una visión.
—Es ropa interior, pero no me hagas explicártelo ahora. —Su rostro sonrojado.
—Perfecto, lo harás después... —Susurró él para luego tomarla en sus brazos y llevarla a la cama.
Victoria se despertó en la madrugada, estaba con Duncan a su lado, enredados en las sábanas. Él dormía profundamente, así que Victoria lo admiró por un rato bajo la luz tenue del fuego.
El cabello rojizo como el fuego y su barba incipiente le daban a Duncan un atractivo exótico; tenía músculos marcados por el trabajo duro y aunque los tenía cerrados, sus ojos eran los más hermosos que Victoria había visto jamás.
Ella debía marcharse, aunque no quisiera hacerlo, pero no podía provocar un escándalo, y eso era lo que sucedería si alguien descubriera en ese momento que había pasado la noche con el Lord; para empeorar las cosas, mientras su aún prometida estaba de visita.
Recogió su ropa y salió sigilosamente, a esa hora todos aún dormían, por lo tanto era poco probable que alguien la viera.
Llegó a su habitación y cerró la puerta para luego echarse a dormir un poco más.
—Victoria... —La llamaba Fridda suavemente para despertarla.
—Mmm déjame dormir un poco más. —Su voz ronca y adormilada.
—Hay mucho que hacer hoy, ¿recuerdas? Debemos tener todo listo para la celebración de esta noche.
Victoria abrió lo ojos con dificultad. —Te alcanzaré en un momento.
Con los brazos en jarra y conteniendo una sonrisa, Fridda le dijo: —Sí que estuvo buena la noche para tí eh.
—No sé de que hablas. —Respondió Victoria pero no podía ocultar su felicidad.
—Ok, voy a fingir que no sé que llegaste de madrugada y a medio vestir. ¿Me pregunto por qué? ¿Tendrá Duncan algo que ver con eso?
—¡Fué genial! Te juro que nunca me había sentido así. —Victoria pataleó en la cama de felicidad.
—¡wooah! Y te creo, tu rostro habla por tí ... Quisiera saber más pero, ya vamos tarde, así que date prisa.
—Bieeeeen, ya voy. —Rió Victoria.
Estuvieron todo el día alistando los preparativos para la celebración, por la tarde se dedicaron a arreglarse.
La tan anhelada velada les daría más de una sorpresa.