SINOPSIS
Vi al hombre que había sido el protagonista de mis sueños más húmedos durante un año, desde que lo conocí en el avión ese día y nunca más lo volví a ver… hasta ahora. El peor día de mi vida. Llegar tarde a casa del trabajo esa noche me hizo sentir peor que ver a mi exnovio teniendo sexo. Mucho peor. Y también sería peligroso si él no estuviera allí para salvarme. Mi héroe no tiene armadura. Pero no es un héroe, es un villano. Es duro, salvaje y fuerte. La forma en que me mira me emociona. Estaba equivocada por todas las razones correctas, un mal hombre, pero con un buen corazón. Y me caí, demasiado fuerte.
Las cosas empiezan a ir mal y faltan las piezas. ¿Por qué estaba allí ese día, quién era realmente? Me siento confundida. Mi mente y mi corazón están en una batalla de vida o muerte. ¿Me voy con la cabeza gacha? ¿O me quedo y amo con todo mi corazón?
NovelToon tiene autorización de Any Estrada para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 13: «Ocultar una verdad no es lo mismo que mentir, ¿verdad?»
CAPÍTULO 13
IRENE
Bien, no iba a negar lo incómoda que me sentía ante la mirada de mi hermano mientras recorría mi pequeño apartamento. Me sentía vulnerable ante su mirada crítica, pero intentaba mantener la calma y no mostrar debilidad. Apolo dejó mis cosas encima de la encimera mientras inspeccionaba todo. Meneo la cabeza y voy por un vaso de agua a la cocina. Apolo se detiene frente a una de las ventanas y examina el cierre de seguridad.
—Esto no está bien asegurado —dice, señalando la ventana.
—No creas que no lo he notado —respondí con un suspiro.
Apolo sacudió la cabeza con una expresión de preocupación en su rostro.
—Debes ser más cuidadosa, Irene. Estamos viviendo en un mundo peligroso. No puedes permitir que cualquier persona entre a tu hogar.
Asentí.
Sabía que lo que decía mi hermano era cierto. Había oído historias terribles sobre robos y asaltos, pero no necesariamente esos eventos habían ocurrido en el lugar donde vivía. Sin mencionar lo ocurrido hace tres noches atrás. Aún así, me sentía un poco intranquila ante la idea de tener un sistema de seguridad instalado. Era como admitir que vivía en un lugar peligroso y que necesitaba protección constante. Cosa que no era.
—Lo sé. Lo haré. No te preocupes —le dije, tratando de tranquilizarlo.
Apolo me miró, sus ojos llenos de una preocupación genuina.
—No puedo evitar preocuparme por ti, Irene. Mamá y tú son lo único que tengo en este mundo.
Sentí un nudo en la garganta al oír esas palabras. ¿Y cómo no hacerlo? Sabía que mi hermano estaba siendo sincero. Supongo que esto es lo que causa ir a la guerra, crea el temor constante de perder a un ser querido.
—Lo sé, Apolo. También me preocupas tú. ¿Cómo estás, realmente?
Apolo suspiró y se dejó caer en el sofá.
—¿Te gusta aquí? Quiero decir, ¿Realmente te gusta este apartamento? ¿Ser veterinaria? —no respondió a mi pregunta, evadiéndola descaradamente con otra pregunta.
—Realmente estoy bien en el apartamento hasta los momentos. El trabajo en la clínica va bien. Amo lo que hago... supongo que al final del día ambos salvamos vidas a nuestras maneras. —Sin mencionar que a veces él tiene que quitar para salvar, pero.... ¿Acaso no hago yo lo mismo cuando debo poner a dormir para siempre a algún animalito? Ajá, qué hipócrita. Sonrío para mis adentros, acercándome a él y dejándome caer a su lado en el sofá.
Apolo pareció satisfecho con mis respuestas y, después de un breve silencio, decide cambiar de tema.
—¿Recuerdas cuando éramos niños y solíamos jugar en el parque de atrás de casa?
—Sí, claro que lo recuerdo. —Contesto con una sonrisa en el rostro.
—¿Te acuerdas del árbol grande que había cerca del lago? —pregunta Apolo con nostalgia, recordando aquella casa de nuestra infancia donde crecimos.
—Sí, el árbol de cerezos. —Confirmo.
Apolo cierra los ojos y parece transportarse en el tiempo, rememorando aquellos momentos felices de la infancia. Era un tiempo en que todo parecía posible y el mundo era un lugar lleno de aventuras y misterios por descubrir.
—Ojalá pudiéramos volver a aquellos días. —Suspira Apolo.
—¿Quieres hablar de algo específico? —le pregunto con cariño.
Apolo niega con la cabeza.
—No hay nada que puedas hacer, hermanita. Son cuestiones del trabajo. —Me dice resignado.
Suavemente pongo la mano sobre la suya y le sonrío con ternura.
—Puedes contar conmigo siempre, Apolo. No estás solo en esto. Sé que al crecer nos distanciamos un poco, pero no quiere decir que dejamos de ser hermanos.
Apolo aprieta mi mano, agradeciéndome con una mirada. Sabía que podía confiar en mí, como siempre lo había hecho de pequeño.
—Por cierto, ¿conoces a la chica que los llevó a la clínica? —No sé por qué me había preocupado por que interrogara a mi madre cuando obviamente era a mí a la que atacaría. «Ocultar una verdad no es lo mismo que mentir, ¿verdad?».
—Se quedó atrapada en el ascensor con nosotras —esquivo la primera dándole una verdad a medias—. Fuimos muy afortunadas de que estuviera ahí. —No le doy tiempo a hablar.
—Seguro —murmura de mala gana—. Solo me preocupo por los míos.
—Lo sé. Y nosotros por ti.
—Gracias.
—No hay problema, Apolo. Soy tu hermana y estoy aquí para ti.
Apolo me sonríe.
—Gracias, enana —sí, ése es el término cariñoso de Apolo para decirme que me quiere. Ruedo los ojos—. Tengo que irme. Cuídate mucho. Cualquier cosa llámame, o a mamá. Saldré mañana temprano, tengo que ir a la base.
—¿Misión?
—Sí.
—¿Adónde? —Apolo me mira con pesar y menea la cabeza.
—Sabes que no puedo...
—Vale, entiendo. Vete ya que es tarde —pone su mano en la cima de mi cabeza y alborota mi cabello como cuando éramos pequeños—. ¡Oye! —me quejo, pero Apolo ya está caminando hacia las escaleras y su risa flota por el pasillo.
Lo miro irse con una cálida sensación en el corazón. A pesar de todas las dificultades que habíamos pasado, sé que en el fondo de toda esa coraza, Apolo me quiere incondicionalmente. Miro alrededor de mi pequeño apartamento con una sensación de paz. Sí, definitivamente era hora de instalar un sistema de seguridad.
Una vez que Apolo se va, y de asegurarme de que todo esté bien cerrado, me dirijo al baño y tomo una larga ducha, permitiendo que el agua caliente alivie la tensión acumulada de los últimos días. Luego de salir de la ducha, me tomo mi tiempo para secarme y ponerme ropa cómoda. Trato de distraer mi mente con la novela romántica que Richard me regaló, pero no puedo concentrarme. Y la novela es muy buena, puedo decir que en parte me siento como Sienna, estoy despertando una obsesión por Darko que nunca había sentido, pero si yo soy Sienna, entonces Darko es Carbin. El chico malo de la historia.
Mi mente viaja al recuerdo de su cuerpo y su intensa mirada azul, que hace latir mi corazón más rápido cada vez que lo veo.
fotitos por favor